octubre 24, 2021

Las lógicas socio-políticas detrás de los conflictos

El actual Gobierno del MAS no se debilita o se desgasta con la conflictividad, sino —al contrario— se aproxima, apropia, procesa, aprende —aprehende del conflicto y las situaciones de conflictividad, posibilitando al oficialismo de Gobierno reinventarse políticamente. En otras palabras, convierte el binomio conflicto— conflictividad de un factor (aparentemente) negativo y de desgaste al ejercicio del poder en una oportunidad de aproximarse a ciertos influjos o sensibilidades sociales, que le orientan en el horizonte político.

Según el Informe Mensual de Seguimiento y Análisis de la Conflictividad en Bolivia, elaborado por la Fundación UNIR, durante los meses de junio y julio de 2012, se registraron un total de 109 y 118 conflictos sociales respectivamente, rompiendo la tendencia de contracción de la conflictividad evidenciada en abril de 2012 (con 75 conflictos reportados). Siguiendo el informe del mes de junio, este sostiene que entre la segunda y tercera semana del mes se realizaron los principales hechos conflictivos como el amotinamiento de la policía y las movilizaciones por la actividad minera en Colquiri y la demanda de reversión de la concesión minera South American Silver (SAS) de parte de los comunarios de la localidad de Mallku Khota. A su vez, en el informe del mes de julio destaca nuevamente el conflicto de Mallku Khota y el corolario o finalización de la IX Marcha de los Pueblos Indígenas de Tierras Bajas por el TIPNIS (conflicto CIDOB – Gobierno central).

Los informes destacan una tendencia a la alza en la conflictividad respecto a años anteriores, haciendo una comparación de la cantidad de conflictos ocurridos en junio y julio de 2012 con años anteriores (desde 2006), llegando a la conclusión: “que se mantiene la tendencia a un número alto de conflictos, doblando y en algunos casos cuadruplicando las cifras de los años pasados, con excepción de 2011”. 1 Sin embargo, como ya se dijo en la introducción al presente ensayo, más que realizar un recuento numérico, la sistematización de “cuantos” conflictos se han producido o registrar el incremento cuantitativo en los episodios de conflictos, nos interesa comprender las lógicas socio políticas detrás de los acontecimientos. Entender cuál o cuáles son las lógicas subyacentes al binomio conflicto – conflictividad en las diversas etapas históricas caracterizadas, para identificar los aprendizajes que emanan de allí.

En un esfuerzo por comprender el motivo o causa de dicha tendencia al alza en las situaciones de conflictividad durante el año 2012, tomamos el caso del conflicto entre los Policías y el Gobierno central y reintroducimos una variable que habíamos mencionado con anterioridad que consideramos fundamental y que nos ayudará a dimensionar el binomio conflicto – conflictividad para el último semestre del año 2012: la escenografía mediático – virtual. Consideramos que dicha variable provoca una inflexión en las escenografías de la conflictividad al pasar al primer plano el escenario mediático – virtual, por lo que esta escenografía se convierte no en la aséptica plataforma de la “defensa de la libertad de expresión y prensa”, sino en el recargado campo de lucha en el que se dirime la politicidad. En otras palabras, identificamos que hasta junio y julio de 2012, la conflicitividad se había dirimido preponderantemente en la escenografía de la calle y los espacios para políticos; sin embargo a partir de este momento constatamos que la conflictividad se traspasa en primer plano a un campo de lucha mediático virtual para buscar provocar influencia en la opinión pública a través de una suerte de guerra de posiciones en los imaginarios sociales.

Si bien el conflicto entre los policías y el Gobierno central giró en torno a cuatro demandas centrales —nivelación salarial de los efectivos policiales con las Fuerzas Armadas, renta de jubilación al 100% del salario activo, abrogación de la Ley No. 101 del Régimen Disciplinario de la Policía y la creación de la Defensoría de la Policía 2— constatamos que en el tratamiento mediático del tema rápidamente hubo una espiral ascendente de demandas que actuó en un lógica de escalada del conflicto – independientemente de las mesas de diálogo y negociación instalada entre los Policías y el Gobierno central – que parecían buscar no necesariamente el cumplimiento de las demandas y la solución del conflicto, ni siquiera el desgaste o debilitamiento del Gobierno sino aparentemente la provocación de la renuncia del Presidente Morales. ¿Cómo se llegó (en el marco de la conflictividad) de cuatro demandas centrales concretas, tangibles y específicas al pedido de renuncia e inclusive la posibilidad de interrupción del Gobierno constitucional de Evo Morales?

¿Cuáles son las causas que subyacen a esta espiral ascendente de demandas y la escalada del conflicto hasta lindar en lo que el Gobierno de Evo Morales denunció como afanes golpistas (neo golpismo según Juan Gabriel Tokatlian. 2012) en el contexto de los “golpes con forma constitucional” (Juan Carlos Monedero. 2012) y en referencia a la “tecnología de derrocamiento” (Franklin Ramírez. 2000) vista en Paraguay con la deposición del Presidente Lugo en el mismo mes? 3

Como ya hemos explicado con anterioridad, ante la progresiva desinserción y ausencia significativa de la(s) oposición(es) en el campo político nacional, ante el vacío de una propuesta contra hegemónica como eje de agregación político y ante el repliegue de la forma organización “partido” y sus mutaciones (agrupaciones ciudadanas) a los sub sistemas territorializados, las empresas privadas de redes multimedias de comunicación se convierten en los voceros y representantes de los intereses de las heterogéneas fuerzas de oposición, que se unen en torno a la consigna de “tumbar al MAS”.

Por lo tanto, desde fines del 2010 se ensamblan progresivamente nuevas escenografías y soportes de politicidad a través de los medios, el internet y las redes sociales en donde (entre otros ya mencionados) se dirime la disputa por el capital simbólico de la política y la determinación del régimen de verdad. 4 Se complejiza y profundiza la guerra de baja intensidad por el control de los sentidos comunes e imaginarios sociales de la política y el poder en Bolivia. Encontramos que a partir del motín policial, la escenografía mediática – virtual no será un telón de fondo que acompaña los procesos políticos ni tampoco una plataforma neutral en la que se exponen diversos criterios o expresiones públicas (en la lógica de la defensa de la libertad de palabra y expresión), sino que se convierte nítidamente en un campo de batalla o de lucha de primer plano, desde donde se dirime la politicidad y el poder en el siglo XXI.

En el artículo citado abajo del periodista argentino y ex director de la edición boliviana de Le Monde Diplomatique, Pablo Stefanoni, toma las palabras del hasta hace poco Alto Representante del Mercosur, Samuel Pinheiro Guimaraes, quien afirmaba que “el neo golpismo reconoce que los gobiernos fueron elegidos democráticamente, pero argumenta que ellos no gobiernan democráticamente. Crea imágenes de esos gobiernos como dictaduras y genera un clima que justifique un Golpe de Estado, inclusive por medios no militares”. A riesgo de ser redundante, pero en aras de afirmar y aclarar la idea que trabajamos, lo planteado por Pinheiro Guimaraes es posible a través de la escenografía mediática virtual convertida en campo de batalla o lucha desde donde se dirime la politicidad y el poder.

*          Este es una parte de un trabajo más amplio que sobre la conflictividad y su relación con la construcción del poder la politóloga cruceña ha elaborando y del que también La Época ha publicado en la medida que se fue desarrollando.

**         Politóloga cruceña

1          Informe Mensual de Seguimiento y Análisis de la Conflictividad en Bolivia. Elaborado por la Unidad de Análisis de Conflictos de la Fundación UNIR Bolivia (junio y julio 2012) http://www.unirbolivia.org/nueva3/images/stories/analisisdeconflictos/Info_Conflic_JULIO_2012_def.pdf

2          Informe Mensual de Seguimiento y Análisis de la Conflictividad en Bolivia. Elaborado por la Unidad de Análisis de Conflictos de la Fundación UNIR Bolivia (junio 2012) http://www.unirbolivia.org/nueva3/images/stories/analisisdeconflictos/Info_Conflic_JUNIO_2012_def.pdf

3          En el artículo Golpes reales o ¿golpes imaginados? (En Le Monde Diplomatique. Edición 158 de agosto de 2012) Pablo Stefanoni hace referencia a concepto de “neo golpismo” acuñada por el profesor de la Universidad Di Tella, Juan Gabriel Tokatlian y sostiene que “aunque parece claro que los ‘viejos golpes’ han perdido vigencia, eso no ha anulado la existencia de golpes o el ‘neogolpismo’, que siguió gozando de buena salud en la pos guerra fría”. Por otro lado, menciona una cita al catedrático de la Universidad Complutense y ex asesor de Hugo Chávez, Juan Carlos Monedero, quien afirma que “en América Latina, al igual que la lucha armada no se ve legítima, tampoco son admitidos los golpes de Estado tradicionales. De allí el nuevo oximorón: los ‘golpes constitucionales’. En el año 2000, el politólogo Franklin Ramírez acuñó el término “tecnología de derrocamiento” para dar cuenta de la combinación de movilizaciones callejeras, maniobras conspirativas del Poder Legislativo, pérdida de apoyo al interior de las Fuerzas Armadas y eventualmente aval de la Embajada de Estados Unidos..

4          Michel Foucault afirma que la verdad no queda ajena a la cuestión del poder; la verdad se produce de acuerdo a múltiples relaciones y luchas por el poder, a disputas agonísticas constantes que conllevan efectos en los individuos, en las instituciones, y por supuesto en el amplio dominio del saber. Cada sociedad construye su régimen de verdad, su “política general de la verdad”; lo que equivale a decir que cada sociedad produce históricamente los rituales y mecanismos que permiten aceptar lo verdadero y rechazar lo falso. La verdad, por lo tanto, no se encuentra fuera del poder ni carece de efectos de poder. De este modo el planteamiento de la verdad conduce a la política. Como Foucault expresa “el problema político esencial para el intelectual no es criticar los contenidos ideológicos que estarían ligados a la ciencia, o de hacer de tal suerte que su práctica científica este acompañada de una ideología justa. Es saber si es posible constituir una nueva política de la verdad. El problema no es cambiar la conciencia de las gentes o lo que tienen en la cabeza, sino el régimen político, económico, institucional de la producción de la verdad” (Gigli, 2006). GIGLI, FLAVIO. 2006. Citado en Álvarez Uria, Fernando. Defendiendo a Foucault.

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