octubre 15, 2021

¿Hasta cuando Chaparina?

El Tipnis, Chaparina y el conservacionismo ambiental se han convertido en armas políticas de una oposición carente, desde hace mucho tiempo, de generar una propuesta política alternativa seria que pueda atraer la atención del pueblo boliviano, oposición incapaz, además, de generar un verdadero liderazgo.

El reciente “aniversario” de lo acaecido en Chaparina hace un año, sirvió como escenario, fundamentalmente mediático, para que los voceros de la derecha y los resentidos “ex aliados” del gobierno, salieran nuevamente a acusar al gobierno de una inventada brutal represión, pretendiendo involucrar como responsables de aquel hecho al Presidente y al Vicepresidente del Estado, principalmente.

A partir de lo que paso en Chaparina, con una acción estrictamente policial, se ha tejido toda una trama que pretende mostrar a la administración de Evo Morales como violadora de los derechos humanos, masacradora y enemiga de los indígenas, con la única finalidad de socavar la fortaleza de un gobierno que se ha caracterizado durante los casi siete años de gestión precisamente de todo lo contrario.

En Chaparina no hubo muertos, aunque muchos lo hubiesen deseado (no hay que olvidar que el periódico Página Siete le puso la firma a un muerto), tampoco desparecidos o secuestrados, como varios medios de comunicación y dirigentes opositores se apuraron en anunciarlo. Hubo una intervención policial, torpe, grosera y nada profesional.

La oposición tiene bien clara la forma en que debe usar lo sucedido en Chaparina, acudiendo a la mentira, a la tergiversación, al manejo mediático y a un burdo análisis jurídico de las responsabilidades. El gobierno no.

El gobierno admitió el hecho como un error, el propio Presidente pidió disculpas de manera reiterada, tres veces por si fuera poco y con eso debiera bastar, que sea la justicia la que se encargue de establecer las responsabilidades; pero ya es suficiente el costo político que ha tenido que pagar.

El que la oposición haya posicionado a Chaparina como una masacre, como una violenta represión, en la cual se violaron los derechos humanos como nunca en el país, sorprendentemente ha dejado sin respuesta a un gobierno que no tiene porque avergonzarse, ni de su relación con los indígenas, ni del respeto a los derechos humanos, ni de la defensa de la Madre Tierra.

Como nunca antes, en este proceso de transformación que vive Bolivia, son los indígenas protagonistas privilegiados; como nunca antes, existe un pleno respeto a loa derechos humanos; y, como nunca antes, el respeto a la Madre Tierra es una cuestión de Estado.

Chaparina no debió suceder, aun cuando legítimamente el Estado puede y debe utilizar la fuerza para garantizar su propia seguridad y la de sus ciudadanos, pero sucedió porque, como lo dijo el Presidente Morales, se rompió la cadena de mando y porque curiosamente se puede encontrar un sospechoso, para decir lo menos, comportamiento de varios miembros de distinta jerarquía de la institución policial, comportamiento que además no solo se encuentra en los sucedido en Chaparina, sino también en algunos otros eventos en los que la institución del verde olivo tuvo participación.

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