julio 24, 2021

La joven democracia boliviana de 30 años

“El hambre no espera” fue la consigna que convocó a una de las más grandes concentraciones de personas en la histórica Plaza San Francisco de La Paz en octubre de 1982. Esa fue la consigna para la acción política inmediata que a su vez potenciaba el impulso vital que demostraba el pueblo por la derrota de las dictaduras militar-civiles y por la recuperación de la democracia y los derechos humanos.

Las fuerzas democráticas contra las dictaduras y contra el imperio

Las fuerzas Armadas (FF. AA.) entrenadas psicológica y políticamente para la “guerra contrainsurgente” en las escuelas del Comando Sur del imperio del norte, cumplían a cabalidad la Doctrina de Seguridad Nacional que en el cono sur de Latinoamérica se ejecutaba a través del Plan Cóndor.

Estas FF. AA. preparadas, equipadas y dirigidas por el imperio, estaban orientadas a terminar con la insurgencia de los bastiones revolucionarios y democráticos de los pueblos. Y nuestros pueblos, pese a ello, no cesaron en sus luchas por la recuperación de las democracias y contra el imperio. Fue una lucha antiimperialista y por la democracia.

La conversión de las dictaduras en democracias controladas

Al imperio le costaron muy caras las dictaduras en América Latina: “cuestan mucho dinero sostenerlas y nos dejan con mala reputación respecto a los derechos humanos”, así fue como el imperio justificaba sus instructivos para que las dictaduras se camuflaran como demócratas. Banzer en Bolivia, puso a su Ministro del Interior como candidato demócrata en las primeras elecciones para que el dictador fuera reemplazado democráticamente. Pinochet se refugió en el Comando de las FF. AA. de Chile desde donde se impuso como Senador vitalicio. Stroessner fue derrocado por su yerno, otro militar de relevo de la misma tendencia que daba la ilusión a su pueblo de flexibilizar el terror en Paraguay. Y así todos los militares de América Latina y del Caribe, siguiendo la consigna imperial, y cuando ya no podían contener la lucha de los pueblos por la democracia, simularon cambios democráticos pero sin alterar el propósito de no dejar resquicio alguno para una verdadera democracia. La democracia inauguraba para el imperio una nueva fase de su geoestrategia denominada Guerra de Baja Intensidad (GBI). A esto llamamos democracia controlada por el imperio y por las burguesías locales o nacionales.

La transición de las dictaduras a la democracia no fue fácil

Cuando los gobiernos transitorios de Walter Guevara y Lidia Gueiler no pudieron resistir las presiones y agresiones de militares y civiles que impusieron las dictaduras en Bolivia, surge otro general golpista Luís García Mesa quien fuera la cabeza de otra dictadura muy bien denominada la “Dictadura de la Cocaína”. Esta fue nefasta, brutal, pero no se daba cuenta de que el pueblo no estaba dispuesto a ceder luego de haber gozado de breves intervalos democráticos y de libertades por mucho tiempo conculcadas por los dictadores. La democracia crecía y las dictaduras caían una tras otra derrotadas por los pueblos que luchaban denodadamente por la democracia.

Y cuando Siles Suazo se convertía en el símbolo de la recuperación democrática, fue vilmente secuestrado por las fuerzas fascistas que, ante la falta de sanciones para ellos, nuevamente levantaban cabeza exigiendo la renuncia del presidente demócrata. Siles Suazo prefirió renunciar a un año de su mandato constitucional y llamar a elecciones generales “para salvar la democracia”.

Es que la democracia por la que luchaba el pueblo, no tenía condiciones; empero, la democracia que prohijaba el imperio con sus ex dictadores, tenía el condicionamiento de que debía abrirse hasta la medida en que “se garanticen los altos intereses de la nación” (la nación era la potencia del norte). El imperio solo quería cambiar la forma de Gobierno, flexibilizar a las dictaduras para que no le eroguen muchos recursos y reduzcan, en cierta forma, las violaciones masivas de los derechos humanos.

Pero la democracia que dirigía Siles Suazo con la UDP, tenía la sombra de la hiperinflación de hasta 23.000 por ciento anual y por eso ganó Banzer las elecciones pero el “Pacto por la Democracia” lo relegó y la derecha prefirió no provocar al pueblo ratificando al reciente dictador cambiándolo por Víctor Paz Estenssoro, quien, además, había asimilado muy bien las teorías económicas y los objetivos políticos de la globalización. Era el mejor candidato para ocupar la Presidencia de Bolivia e inaugurar el neoliberalismo capitalista globalizador de dominación unipolar, ese fue el objetivo del D. S. 21060.

El fracaso neoliberal y la ampliación democrática en Bolivia y Latinoamérica

El neoliberalismo y la democracia controlada en el marco de la globalización, no era transitoria como la presentó Paz Estenssoro en Bolivia. No era solamente para frenar la hiperinflación con el libre mercado, privatización de todo lo estatal con entrega a las corporaciones transnacionales, no, el neoliberalismo era parte de la geoestrategia de dominación imperial que tenía en la GBI la concepción y el instrumento para viabilizarlo y obligarnos a todos a pensar como neoliberales. Cuando lograron los primeros frutos en Bolivia y en el mundo, Francis Fukuyama con toda su euforia denominó a ese período inaugural de los primeros éxitos “El Fin de la Historia y el último hombre”. Para este teórico nipón-americano, ya no habría más luchas ideológicas porque el capitalismo liberal, habría demostrado que la ideología liberal, la política y la economía de libre mercado, constituían la “plena realización humana”.

Con las privatizaciones de las empresas estratégicas del Estado, se develaron los verdaderos propósitos neoliberales de apropiarse de nuestros recursos naturales comprando o aprovechándose de ellos “a precio de gallina muerta”, de explotar la fuerza de trabajo, agudizando y ampliando la pobreza hasta límites intolerables. La reacción del pueblo fue de unidad y de lucha. Así fracasó el modelo neoliberal y empezó el período democrático que ya lleva 30 años en Bolivia.

Fortalezas y debilidades de la democracia boliviana

Por su carácter, por el grado de participación, por la emergencia organizada de los movimientos sociales, esta democracia es PARTICIPATIVA, es una democracia eminentemente política y muy poco económica.

Esta contradicción entre democracia política y democracia económica es constante en todos los procesos democráticos. La democracia liberal es acumulativa dice Alan Wolfe y la democracia social es distributiva socialmente; pero más claro es F. Fukuyama cuando afirma que la esencia de la economía es la concentración (coincidente con Marx sobre concentración del capital) y por eso no existe una democracia económica, “y, quien pida una democracia económica —en el liberalismo— no es liberal”.

Con la emergencia organizada de los movimientos sociales y su nivel de participación social, cultural y política, con tendencia y avances en la equidad de género, no queda ninguna duda de que la joven democracia boliviana de 30 años, ha avanzado más que en toda la historia republicana. Esta es la FORTALEZA de nuestra democracia que nos permite avizorar mayores avances democráticos si acaso el pueblo no malgasta lo alcanzado.

El gran déficit de esta democracia es su poco avance en la economía expresada mayormente en los bonos Juancito Pinto, Juana Azurduy y Renta Dignidad para los tres estamentos sociales más vulnerables: niños, niñas, mujeres y adultos mayores. Pero en los sectores estratégicos hidrocarburífero y minería) los movimientos sociales son beneficiarios, no actores; son objeto de consulta no sujetos para consultar a sus congéneres todavía excluidos. Y por eso mismo muchos están en el Gobierno más no en el PODER.

A manera de conclusión proponemos:

  1. Avanzar de la democracia participativa a la democracia social (aún no socialista porque nos falta mucho todavía).
  2. Llegar a la meta democrática que es la democracia del pueblo y por el pueblo; que la democracia no sean solamente actos políticos esporádicos (elecciones, referendos, cabildos, asambleas, etc.), que sea la democracia cotidiana de participación democrática en todos los órdenes de la vida.
  3. Que los 30 años son apenas el comienzo del camino por recorrer para que el pueblo en sus estamentos más avanzados esté en el Gobierno pero no en el poder. Lo que falta es que el pueblo sea poder mediante la democracia, que esté en el Gobierno y que pueda transformar el Estado Plurinacional para el progreso, el desarrollo humano para el vivir bien colectivo en condiciones de igualdad y solidaridad.

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