enero 20, 2021

Miedo: ese lugar común

La mayor parte del despotismo basa su dominio en las reacciones de sus víctimas. Para lo cual, por todos los medios, propagan condicionamientos de terror. Pero cuando llega el momento en que la mayoría se pone de acuerdo y cesa de actuar en la forma prevista, los imperios se derrumban… Es necesario que continuamente nos hagamos conscientes de nuestras reacciones para ver hasta qué punto son normales o producto de sutiles propagandas. Antes de vencer al enemigo, es necesario vencer primero el miedo que nos inspira… Interiormente lograremos la perfección cuando dominemos el miedo a ser destruidos por el cambio. Alejandro Jodorowsky

Miedo al hoy, a la oscuridad del trabajo o a la ausencia de él, miedo a la presencia de otro/a, miedo a lo que digas o pienses, miedo a la cotidiana inseguridad callejera, miedo a las amenazas del poder, a las batallas simbólicas y mediáticas de las palabras vacías, miedo a los agentes comunicacionales, a los cambios vacíos, miedo a sumergirnos en la realidad amplificada y al oscurantismo dicotómico del estás conmigo o contra mí.

Miedos imaginarios o reales que desde la palestra mediática configuran escenarios de riesgo que se insertan en nuestras subjetividades subvirtiendo nuestras luchas cotidianas al grado de exterminarnos las sonrisas o las esperanzas por temor a las condenas o a esas ansiedades líquidas ante escenarios de futuro inciertos por el desportillamiento de cambios en los que depositamos apuestas y convicciones, mutados en temor, incertidumbre y desconfianza,

Miedos que transitan entre sospechas conspiratorias, manipulables y manipulantes, imbricadas de amenazas, de vorágines punitivas e inquisidoras, pero que paradójicamente, o sabiamente, se estrellan ante mutismo o silencio subversivo a pesar de las tácticas del miedo que se tejen desde los procesos comunicacionales, la verborrea o la reiteración.

Miedos que se traducen en rastrear lo que se dice, se piensa o se hace para trazar mapas informativos y esquemas mentales de los distintos y diversos, activando certeramente los dispositivos de las amenazas y los mecanismos de la desconfiguración ante la ausencia de sumergirse en la realidad, en la autocrítica, en las entrañas cotidianas a pesar de sus destrozos.

Por eso se estigmatiza o se victimiza apelando a nuestra milenaria herencia judeo cristiana de condena, pecado, infierno y muerte, y que hizo del miedo, al que se suman las herencias míticas del poder inquisidor colonial y dictatorial, que no pueden contrarrestarse con los poderes mundanos y sobrenaturales de esas otras cotidianidades donde danza la simpleza, la luz, la esperanza, la magia y los misterios de la vida y la muerte de los seres humanos.

Miedos que se refuerzan en la compulsiva segmentación social y en la absolución ciudadana, que desde la amplificación del éter y la pantalla aprueban o condenan, amparados en las representaciones de la discursividad mediática, a pesar de sus contradicciones, retractaciones o contundencias; quizá porque las disputas y los cambios se han librado en las subjetividades simbólicas y discursiva más que en los hechos, en las realidades y en los universos cotidianos.

*          Periodista y feminista queer

Be the first to comment

Deja un comentario