noviembre 29, 2020

Tarija: el fin de la transición

Hay dos hechos que marcan el fin de la transición política en Tarija durante el 2.012: la elección de la directiva de la Asamblea Legislativa Departamental realizada a principios de año tras un tortuoso proceso, y el anuncio de “no renuncia” del gobernador suspendido Mario Cossio, que se dio a través de distintos medios durante la última semana de noviembre.

La elección de la nueva directiva de la Asamblea, a pesar de los errores tácticos y procedimentales con los que se realizó (decisiones contradictorias por parte de los operadores oficialistas, negociaciones previas deficientes, etc.) y las consecuencias políticas y mediáticas emergentes (tomas de la asamblea, peleas públicas ante los medios, etc.), tuvo la virtud, para el MAS, de trasladar la crisis de gobernabilidad que vivía el conjunto del departamento, al interior de la misma Asamblea. Desde el último semestre del 2.011 hasta los primeros meses del 2.012, la dinámica de la directiva, controlada completamente por los opositores, fue la misma: tensionar y paralizar continuamente la vida política tarijeña al convocar a votaciones casi quincenales para decidir la suspensión del gobernador Lino Condori; de esa manera generaba un ambiente de incertidumbre y mantenía la expectativa pública sobre la posibilidad de un nuevo cambio de timón en la conducción del departamento.

La elección de la nueva directiva en abril, si bien no brindó al MAS un control absoluto de la misma (el presidente y el secretario, cargos clave, siguen siendo de la oposición), le dio mayoría numérica (la vicepresidencia y dos secretarias), con lo cual controla su quórum y puede por tanto suspender o viabilizarlas sesiones a su antojo. Las consecuencias prácticas de ese cambio han sido que la Asamblea ha bajado su perfil y que el gobernador Lino Condori y su equipo han ganado una libertad de acción harto mayor a la que tuvieron en su primer año de gestión.

Por su parte, el anuncio de “no renuncia” de Mario Cossio, cuyo plazo límite vencía según disposiciones vigentes este 29 de noviembre, aleja definitivamente la posibilidad de que se realicen nuevas elecciones para gobernador hasta el 2.015. Se trata de una decisión que el propio Cossio había anticipado en ocasiones anteriores; sin embargo, a pesar de ello, varios de los miembros de la oposición local (con la sola excepción de los miembros de su propia agrupación “Camino al Cambio”) hicieron una fuerte campaña de “presión” en los últimos meses. Dirigentes como Willman Cardozo del PAN chaqueño o Jhonny Torres del MNR, insistieron reiteradamente en que una nueva elección (que en la práctica solo podía darse con la renuncia) era la única vía para alejar al MAS de la gobernación.

La decisión de Cossio le da la posibilidad al partido oficialista de consolidar su gestión, pero sobre todo deja a la oposición fragmentada y sin un norte claro. El MNR (que hasta ahora actuó como una unidad con “Camino al Cambio”) ha anunciado la ruptura de la alianza y Cossio en las distintas intervenciones en que anuncio su decisión, no dejo de atacar al PAN (varios de cuyos miembros como Cardozo están en actitud opositora) y a la bancada indígena que en los dos últimos años ha sido una pieza clave del bloque opositor en la Asamblea.

Pero más allá de lo inmediato, la “no renuncia”, condena a “Camino al Cambio” a seguir jugando a la política del “todo o nada”, es decir, a condicionar todas sus acciones al retorno del gobernador depuesto en una actitud maximalista que al parecer se prolongará por mucho tiempo. ¿Cuál será el efecto a largo plazo de la decisión de Cossio ante el grupo social que lo respalda?, esa es una pregunta clave para la evolución de la política tarijeña, más aún cuando según diversos sondeos realizados por medios locales, este segmento deseaba fervorosamente que la renuncia del gobernador le abriera las posibilidades de volver a disputar la administración del aparato público local. Para adelante le queda a la oposición el reto de articularse orgánicamente (lo que parece difícil dado los antecedentes reseñados) pero sobre todo el generar un proyecto que vaya más allá de defender a rajatabla lo hecho por la anterior gestión y atacar la nueva. Está claro que una cosa es hacer política con un horizonte de meses y otra con uno mayor; la pregunta clave en este caso es si la oposición podrá asimilar el nuevo contexto y reajustar su discurso.

La decisión de Cossio vuelve a poner la iniciativa política en manos de Lino Condori y su equipo. En este caso si se puede decir con propiedad que el futuro del MAS tarijeño esta en sus manos. Los dos años restantes antes de los comicios les dan la posibilidad de movilizar su electorado (sobre todo sectores rurales), afirmarse ante otros que les son próximos (habitantes de ciudades intermedias y el Chaco a través de la alianza con sectores del PAN) y erosionar el principal bastión de sus rivales (la ciudad Tarijaespecialmente). Para ello, sin embargo, el gobernador masista debe superar dos de sus males crónicos: las falencias técnicas en su gestión y la mentalidad a corto plazo. Por otra parte también debe lograr superar los innumerables conflictos internos que desgastan su accionar (los que también a veces dan la sensación de tomar la forma de enfrentamientos con sectores del poder nacional, como ocurre en el caso de las amenazas de intervención a SETAR por parte de la Autoridad de Electricidad).

La adecuación de los Estatutos Autonómicos en la Asamblea Departamental (donde el MAS juega un rol preponderante) trae consigo la posibilidad de la resolución de algunos de los aspectos clave de la política tarijeña, especialmente el establecimiento de los mecanismos concretos de funcionamiento del andamiaje autonómico (la relación con la autonomía chaqueña, el rol de los “Ejecutivos Seccionales”, etc.). Pero sin duda, el principal reto de la gestión consistirá en transmitir a los ciudadanos la sensación de que los fondos públicos están siendo invertidos según un plan determinado, y que en definitiva beneficiaran al ciudadano de a pie. Este año, plagado de demandas sectoriales (gremiales, desocupados, transportistas, campesinos, etc.) ha dejado la sensación de que el presupuesto departamental está siendo “cuarteado”, distribuido de acuerdo a las circunstancias, entre sectores con capacidad de movilización. Para que exista una percepción de eficiencia y buena gestión, es imprescindible que el espectáculo de una gobernación bloqueada (literalmente) por sectores sociales todos los días, disminuya y que los funcionarios enmarquen sus esfuerzos en una lógica de mayor alcance.

El fin de la transición entre la gobernación de Cossio y la encabezada por Condori, debería abrir las puertas a un periodo de reajuste en lo político y de estabilidad en el aparato público. Parafraseando a Sergio Almaraz, en esta época de “cosas chicas”, la consolidación de las reformas generadas en el proceso constituyente depende en gran medida de la capacidad administrativa de la gestión.

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