enero 18, 2021

Futuro de Bolivia solo en la Patria

por: Eduardo Paz Rada 

Con sus luces y sombras el proceso de transformaciones estatales en Bolivia continúa en ascenso, tomando en cuenta que el país de 2013 no es el mismo de fines del siglo XX o de los primeros años de éste y que se han abierto importantes brechas y caminos en una sociedad que estuvo marcada por fuertes desequilibrios, desigualdades, inequidades y asimetrías económicas, sociales, culturales, regionales y políticas y por la dominación y dependencia externa como región sometida por el orden mundial imperialista.

La dialéctica colonialismo interno-colonialismo externo ha estado caracterizada por el control y explotación de los recursos naturales y materias primas por las potencias capitalistas, junto a su juego de dominación ideológica, política y geopolítica; en coordinación con las oligarquías locales que construyeron distintas modalidades de explotación, exclusión y discriminación social y política basadas en las formas mas perversas de abuso de poder, que se profundizó en el periodo neoliberal de los años ochenta y noventa.

Los inicios del siglo XXI han sido muy valiosos para alterar esta situación. Han coincidido importantes procesos regionales de acercamiento, integración, búsqueda de horizontes comunes entre pueblos y países y la prueba son ALBA, UNASUR, MERCOSUR y CELAC, en los cuales la coordinación política, integración económica y comercial, la defensa militar conjunta, la creación de instancias de complementación energética, financiera y bancaria son iniciativas de la nueva voluntad de unidad y complementación; con proyectos nacionales de liberación nacional, antiimperialismo, movilización popular y potenciamiento económico endógeno, como son los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Cuba o Nicaragua, entre otros, con sus matices y diferencias.

En este contexto, Bolivia podrá desarrollar el proceso de transformaciones orientado hacia la liberación nacional y una radicalización de los cambios, desarrollando la unidad nacional, el rechazo a la fragmentación interna, la recuperación plena de los recursos naturales petroleros y mineros aún en poder de las transnacionales y su necesaria industrialización, el mayor control al poder bancario y financiero, la reversión de tierras de los latifundistas del oriente, la integración vial y caminera y el potenciamiento del Estado Nacional en la perspectiva de articularse con los otros países de la Patria Grande

Todo esto, sin duda, es un desafío directo a la dominación de Estados Unidos en la región y una invitación a que los demás países se sumen a un proyecto histórico de envergadura. En ese sentido la perspectiva bolivariana, que no es otra cosa que la unidad e integración planteada en el primer intento de construir la Patria Grande en el siglo XIX en el proceso de la independencia americana, se presenta como el horizonte mas adecuado en la actual coyuntura.

La llamada agenda del bicentenario planteada por el gobierno boliviano es una señal importante al respecto porque recupera la historia nacional, con sus avances y retrocesos, de los últimos doscientos años y deberán recuperarse los hitos más destacados, como fueron las luchas indígenas y mestizas en la guerra de la independencia, el proyecto unitario de Andrés de Santa Cruz, la reivindicación popular de Belzu, la rebelión del Zarate Willca, la Guerra del Chaco como semilla de identidad nacional, la Revolución Nacional de 1952 y las nacionalizaciones que permitieron recuperar los hidrocarburos en 1936 y 1969.

Esta perspectiva está íntimamente ligada a la recuperación de la dignidad nacional, el desarrollo de un pensamiento propio frente a la colonización pedagógica, el fortalecimiento de la cultura nacional frente a las agresiones de los grandes medios de comunicación, el rechazo a la división territorial a nombre de 36 naciones y la implementación de un modelo endógeno boliviano en concordancia con un proyecto latinoamericano y caribeño, presto a la solidaridad tercermundista.

Esta Columna de la Patria Grande en La Época tiene el objetivo de desarrollar un pensamiento crítico con una visión patriótica y latinoamericana, revisando nuestra historia, impulsando las fuerzas que lleven a la unidad regional y la destrucción de toda forma de discriminación y explotación, a la construcción de un futuro de igualdad y bienestar del pueblo y a la realización de la Nación Latinoamericana y Caribeña. Es un compromiso desde la izquierda nacional que apunta hacia la liberación nacional y social y la emancipación humana de toda forma de explotación, opresión, dominación y enajenación externa e interna.

*          Eduardo Paz Rada es sociólogo, Director de la Carrera de Sociología de la UMSA y co-Director de la Revista Patria Grande.

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