octubre 28, 2020

Loui Alvaro Oporto Almaraz (1978 – 2013)

No debiéramos ser los padres los que sepultemos a nuestros hijos sino todo lo contrario, pues ellos tienen la oportunidad y el deber de construir el desarrollo de nuestro país. Despido a nuestro querido hijo Loui Alvaro, con la seguridad que nos recibirá con su típica sonrisa y generosidad, cuando nos toque el turno de reunirnos con el en el Alaxpacha.

El fatídico viernes 11 de enero, mi hijo desapareció, en ocasión de cerrar un trato para tomar un anticrético, para lo cual llevaba consigo 4.500 dólares. Fueron días de intenso dolor, en medio de búsqueda frenética e incesante por mi agobiada familia. La Policía Nacional, al mando del Cnl. DESP Alberto Aracena Martínez, destacó a los expertos del Departamento de Análisis Criminal e Inteligencia de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, Capitán Henry Pinto Arancibia, Tenientes Juan M. Ferrufino Rojas y Ricardo Rocha Villegas y Subtenientes Nelson E. Salazar Chui y Ronald Arnez, quienes lograron ubicar los restos mortales de Loui Alvaro, victimado esa misma noche, y dos individuos imputados de tan horrendo crimen, gracias a su desempeño profesional, su eficacia y eficiencia, remarcables. El caso fue sorteado a la Dra. Claudia Pastén Alarcón, Fiscal de la División Personas de la Fiscalía del Distrito de La Paz, cuyo desempeño probo, honesto y altamente profesional, es innegable. A ellos la gratitud eterna de mi familia, pues nos devuelven la fe y confianza en las autoridades que investigan y resuelven casos especiales como este. Estoy convencido que no tienen que envidiar nada, en su formación y desempeño, a similares de otros países. Lo que falta a estos profesionales, expertos, eficientes, probos y honestos, son procedimientos más acordes a su labor y mayores recursos tecnológicos de punta, pues de su actuación depende la colección de pruebas cruciales para la imputación efectiva de criminales que no deben circular por las calles, debido a su alta peligrosidad.

El domingo 20, tuve que presenciar la autopsia de ley que mostró el cuerpo flagelado de Loui Alvaro, al que acribillaron con 22 puñaladas, con inaudita crueldad. Loui medía 1.70 y era de contextura delgada pero fuerte. Ante el múltiple y artero ataque, defendió su vida con valentía, logró detener hasta siete estocadas, pero fue inútil. Perpetrado el hecho, uno de los autores (un Caín pues se decía ser amigo de mi hijo), confesó que abrió una fosa en su mismo dormitorio y convivió con el cadáver de mi hijo durante NUEVE días. La fuerza élite de nuestra Policía Nacional, extrajo su inerte cuerpo de esa fosa.

Esa noche nos devolvieron el mancillado cuerpo de Loui, y lo velamos en capilla ardiente. Los hermanos de Loui y su tía, ornamentaron el féretro: su clásico sombrero de viaje de ala ancha con su cinta de tigresillo de tierras bajas, su quirquincho orureño, su pluma de cóndor, su bastón de mando enquistado en plata, la faca chiriguana de madera, la cadena aymara formada en p’asankalla, su ‘warmimunachi” (amuleto del amor), sus pieles de zorros andinos, compartían con la cruz cristiana tallada en la tapa del blanco ataúd. Sus hermanos eligieron la ropa de su mortaja: campera de cuero con flecos con la que viajó por varias regiones del país en sus investigaciones etnográficas, fino gorro de cuero de zorro para combatir el frío del altiplano, chaleco de tejido andino con motivos prehispánicos, camisa de tela fuerte (kaky), morral, moderno pantalón de lona (jean), dos pares de mocasines de cuero revuelto y sus tenis, chuspa con coca, pañoleta de seda, peluche de perrito estepario, diademas, collares y manillas de tejido. Ese fue su ajuar funerario en el que nada faltó, para el tránsito de su espíritu viajero a confines desconocidos en el Hananpacha, Olimpo, Cielo (según las creencias), “el mundo de arriba, los cielos color zafiro de los andes surcados por el Cóndor”.

El lunes 21, a horas 9:30, se realizó una marcha de protesta que recorrió Plaza San Francisco, Av. Mariscal Santa Cruz, El Prado, Plaza del Estudiante, Obelisco, hasta detenerse en la Fiscalía del Distrito de La Paz, donde la indignada multitud exigió JUSTICIA PARA LOUI. Desde allí nos dirigimos a la capilla ardiente, cuyos ambientes fueron colmados. Muchos se instalaron en las afueras de la casa funeraria, donde se colocaron las pancartas y letreros que se usaron durante la marcha. La gente llegaba en oleadas y se retiraban para dar paso a otros que esperaban en pasillos, además de la calle. A las 18:30 llegó una delegación del Viceministerio de Descolonización (Ministerio de Culturas), que trajo un hermoso retrato de Loui Alvaro con su clásico atuendo de campo (similar al que se le amortajó), llevaba un hermoso mensaje bilingüe, aymara-castellano, que fue dispuesto en la parte principal, flanqueado por una foto más formal que Loui Alvaro usaba para su matrícula universitaria. Cuatro Amautas, entre ellos el Amauta Adelio y la Amauta Elizabeth, empezaron el ritual andino para que Loui Alvaro se marchara en paz. Armaron los elementos de la mesa, con toda su parafernalia, que colocamos siempre por la izquierda. La mesa, preparada colectivamente, fue colocada en un pequeño fogón de leña seca de eucalipto, encendida con un poco de alcohol, que fue consumiendo a tiempo que los Amautas interpretaban su mensaje, en medio de “Jallallas” (vítores, exclamaciones de júbilo), pidiendo JUSTICIA! Subieron la mesa, cuyas resinas aromáticas despedían agradable fragancia, a la capilla ardiente. El piso fue colmado por una alfombra de arreglos florales que no cesaban de llegar.

Intermitentemente, gente de buena voluntad, invitaba a orar por el alma de nuestro hijo, elevando “Padrenuestros y Avemarías gloriados”, a la par de salmos y oraciones de otras congregaciones cristianas. Una gran mayoría pijchaba la hoja sagrada (recientemente despenalizada por la ONU), fumaba cigarrillos y bebía tazas de aromático café. Ya entrada la noche llegó un numeroso grupo. Eran ex condiscípulos de bachillerato de Loui Alvaro en el Colegio Mutual La Paz, del barrio alteño del Kenko, que compartieron recuerdos y anécdotas con compañeros de carrera (Antropología) y de trabajo. Fluyeron testimonios, en medio de llanto sin consuelo, que relataban cualidades de Loui Alvaro: “Generoso y solidario”, “Alegre y optimista”, “Viajero incansable”, “Lector empedernido”, destacando su “cultura universal”, pero sobre todo su característica de saber escuchar y apoyar con lo que podía: “…me ayudaste en mis tareas de colegio”, “…me prestaste libros cuando los necesitaba”, “….me explicaste conceptos antropológicos”, exclamando dolor por su ausencia y clamando justicia para sus crueles asesinos. Loui fue generoso, sin reparar detalles en su obra filantrópica, varios libros a los que aludían procedían de mi Biblioteca particular. Quizá no los vea más, pues estos instrumentos de cambio y liberación tienen su orgullo y cuando salen de su estante, no suelen retornar. En todo caso, cuando vuelvan a leer sus páginas, recordarán siempre a ese generoso muchacho, tan útil a la sociedad, cuya existencia fue truncada a manos de otros jóvenes, que actuaron con premeditación, alevosía, saña y extrema crueldad.

El martes 22, a las 10:30, se ofreció una misa de cuerpo presente, oficiada por un conocido padre de la Iglesia Católica, con bellas melodías de fondo interpretadas por un amigo de la familia, para que Loui partiera a su viaje final con alegría, como era él, sin duda. Cuatro fornidos jóvenes retiraron el féretro, seguido del cortejo fúnebre, que bajó por la Avenida Brasil del barrio de Miraflores. Una impresionante caravana de vehículos se desplazó rumbo a su morada final, en el cementerio Jardín.

No pudimos reprimir el llanto pues el dolor embargó nuestras frágiles humanidades. Emiliana, Yatiri de la Ceja de El Alto, preparó una mesa blanca. El joven músico interpretaba nuevos temas, la gente lloraba con amargura, todos tenían un nudo en la garganta. Bajaron el pesado ataúd a la fosa y regamos sobre el tierra fresca. La multitud expresó sus pésames en interminable desfile. Loui se marchó, recomendado por cuatro amautas andinos, un cura de la iglesia católica y una Yatiri de la Ceja de El Alto, que ofrendaron por su alma, para orientarlo en su viaje final.

¿Quién era Loui Álvaro? Estudió Antropología en la UMSA, y fue lector asiduo de la Biblioteca del Museo Nacional de Etnografía y Folklore, donde siempre se le abrieron las puertas; pero también se desempeñó como archivero, razón por la que figura en la obra Guardianes de la Memoria. Diccionario de Archivistas de Bolivia (La Paz, Vicepresidencia del Estado, 2012), con la siguiente ficha biográfica, en el que falta la referencia a su actual desempeño en el Viceministerio de Descolonización (Ministerio de Culturas):

OPORTO ALMARAZ, LOUI ÁLVARO (La Paz, 1 de marzo de 1978)

Estudia en la Carrera de Antropología-Arqueología (UMSA). Participa en las Reuniones Anuales de Etnología que organiza el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF). También asiste a reuniones de Archivos. Trabajó como Auxiliar en el Proyecto de Organización del Archivo del Servicio Nacional de Áreas Protegidas, bajo la dirección de Juan Carlos Zurita (2007-2008). Se sumó a las Brigadas Internacionalistas de Apoyo a las Bibliotecas y Archivos de Bolivia, que levantó el Censo Guía de Archivos del Servicio de Impuestos Nacionales (2009). Realizó la ordenación del Archivo del Gobierno Municipal de Colquechaca (Potosí), financiado por la Cooperación Técnica Alemana GTZ (2009). Trabajó como Asistente en el Archivo Histórico Regional de Potosí que forma parte del Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia COMIBOL (2010). Pasante del Área de Investigaciones del MUSEF para levantar datos etnográficos en misiones de campo (2012).

*          Historiador y archivista. Docente titular de la Carrera de Historia de la UMSA. Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

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