octubre 24, 2020

El Prosol y la crisis de la identidad sindical campesina en Tarija

Si hay una reivindicación que sintetiza las contradicciones que en este momento vive el movimiento sindical campesino en Tarija, sin duda es el PROSOL (Programa Solidario Comunal), que se viene implementando desde hace cuatro o cinco años. Se trata de una medida única, tanto en la historia departamental, como en el conjunto del país: una cantidad de dinero en efectivo, que se otorga a las comunidades campesinas, de acuerdo al número de familias que las integran, para ser usada en acciones de apoyo a la producción.

El PROSOL es uno de los resultados más importantes de la evolución de la “Federación de Comunidades Campesinas de Tarija” y resume la filosofía que adoptó la pasada década, cuando decidió cambiar su nombre de “Federación Sindical….”, al de “Federación de Comunidades…”. Se entendió entonces que la dirigencia orientaba sus acciones al fomento del sector productivo y se supo, con el transcurso del tiempo, que había decidido disputar palmo a palmo diversos espacios de poder: empezando con la administración del CRAMA (Mercado Campesino) que se convirtió en su base física y económica, siguiendo con varias subprefecturas (durante los “gobiernos de transición “ de Mesa y Rodríguez Beltze) y finalizando con la Prefectura, hoy Gobernación, ya de la mano del M.A.S.

El PROSOL fue una reivindicación largamente disputada, y la batalla final en torno a ella no se dio respecto a su aplicación (la Prefectura de Mario Cossio, decidió implementarla cuando los recursos económicos empezaron a fluir con intensidad en el departamento). La disputa se centró en quién manejaría el programa; la Federación sintiéndose amenazada en su influencia, realizo uno de los bloqueos más largos en la historia departamental y de esa manera logró que sus bases “sintieran” que la medida había sido “conquistada” y no era producto de la magnanimidad del ex – prefecto.

El PROSOL, de alguna manera, es un testigo mudo de los cambios que se han operado en la estructura socio – política departamental en los últimos años, en los que el movimiento campesino ha jugado un rol de primera importancia. De estar estructurada “piramidalmente” de arriba hacia abajo, la sociedad tarijeña se ha trastocado y ha admitido que enormes porciones se su aparato político administrativo estén manejados por los sectores rurales: hoy gran parte de las brigadas parlamentarias tanto nacionales, como departamentales están integradas por sus dirigentes y dicho predominio se extiende no solo al ejecutivo departamental, sino también a municipios como los de San Lorenzo o Padcaya.

Pero con el éxito también se acumulan las facturas; hoy la dirigencia no logra conciliar sus labores sindicales con la administración del aparato público. Dirigentes que entran cotidianamente en disputa por espacios de poder, bases que se sienten abandonadas y una Federación que no ha logrado evitar una división que parece ensancharse con el transcurso del tiempo (el principal dirigente “contestatario” es el que fuera su líder durante su etapa de consolidación, el diputado masista Luís Alfaro).

Por su parte, el “PROSOL”, a momentos parece naufragar entre problemas administrativos. En ese sentido el sector campesino no escapa a una fuerte tendencia de la sociedad tarijeña, que prioriza el rentismo sobre la producción.

La crisis de identidad del movimiento campesino forma parte de la reconfiguración de la sociedad tarijeña y queda claro que de la forma en que evolucione, dependerá el que las conquistas que ha logrado este movimientos social tengan sostenibilidad a futuro.

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