diciembre 5, 2020

Un banco en el centro de la economía

Los primeros bancos se crearon en Bolivia en la sexta década del siglo XIX, como parte del proceso de acumulación originaria de capital. Más tarde se expandieron siempre asociados a los intereses de los grandes propietarios de minas y tierras; de ahí que la mayor parte se concentraran regionalmente en el trípode Sucre-Potosí y La Paz. Con la emisión de papel moneda, desplazaron a las monedas de plata potosina, que circulaban en Bolivia y cuyo dominio se extendía en buena parte del noreste argentino y el sur peruano. Durante el proceso denominado “banca libre”, el Estado boliviano carecía de competencia para regular la actividad bancaria, salvo el de fijar topes para la emisión de papel moneda e imperaba la ley del mercado. Los primeros intentos de regular el mercado de dinero, se produjeron en enero de 1911 al fundarse el Banco de la Nación Boliviana, entidad mixta con capitales privados y gubernamentales. Hubo que vencer la resistencia de los propietarios y empresarios que veían en este pequeño intento de dotar de una pequeña autoridad monetaria el Estado, el preludio de un pernicioso “socialismo”. Por Ley del 1 de enero de 1914, se le otorgó el monopolio de emisión por 25 años. Entonces comenzó, como un acto de soberanía, recién a existir un billete nacional, pues antes, incluso en sus símbolos de identificación, este proclamaba su origen privado. En 1928 se constituyó, bajo la influencia de la Misión Kemmerer, el Banco Central de Bolivia (BCB). Al principio mantuvo la influencia privada, hasta su “estatización” decreta por Germán Busch en agosto de 1939. Quizá solo a parir de entonces se pudo hablar de una banca central capaz conducir la política monetaria nacional.

Hace poco asistí a la rendición de cuentas de los directivos del BCB; una acertada combinación de lenguaje técnico y manejo de imágenes, permitieron al público asistente, incluso a los no entendidos en materia económica, verificar el aporte del Banco. Se apreciaron y ponderaron los logros alcanzados en la regulación del mercado monetario y el ejercicio de una política soberana sin la consabida injerencia de los organismos internacionales. La “desdolarización” de la economía se realizó gradualmente y sin producir los traumas como los que una vez ocasionó en 1982 un ministro de economía en los inicios de la gestión de la UDP. Otros acápites importantes fueron el buen manejo de las reservas internacionales y el aporte a sectores estratégicos mediante créditos; en suma pudo verse un BCB en el centro del crecimiento de la economía nacional.

*          El autor es economista y es magíster en Estudios del Desarrollo

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