octubre 20, 2020

Antropología de lo cotidiano. El ambiente social de la comunicación en la ciudad de El Alto

por: Johnny Campos Lora

Nadie desconoce que la comunicación es mucho más que medios masivos, los cuales tienen una importancia decisiva en nuestro sistema social -qué duda cabe-. Pero los medios masivos conforman sólo una parte más de nuestra acción comunicativa. La comunicación es un constructo social amplio y complejo: los gestos, palabras, afiches, música, textos y contextos, construcciones, indumentarias, modas, modos de ser y de actuar, en fin, la comunicación es la sinapsis de nuestras sociedades, sociedades a la vez tan complejas como las de El Alto.

“El alto de pie nunca de rodillas”

La primera vez que llegué a la ciudad de El alto, divisé un gran letrero que anunciaba a la urbe: “El Alto ciudad del futuro”, y este anuncio —aunque algo pretencioso- era y es— en parte cierto pues es una de las ciudades con más crecimiento poblacional en Bolivia. Por los defensivos de la autopista entrando a la avenida “6 de marzo”, leo —a vuelo de pájaro—, los grafitis que expresan la naturaleza contestataria y revolucionaria de la urbe: “El alto de pie nunca de rodillas”, “Fuera USAID”, “El Alto libre de los EE UU”, “Médicos flojos ganapanes, trabajen 8 horas”.

Bienvenidos al aeropuerto internacional John Fitzgerald Kennedy de la ciudad de El Alto

Cuando tuve la ocasión de llegar en avión al aeropuerto de El Alto, mi vecino que era un banquero retirado y de mucho mundo, me contó muy en serio que el aeropuerto se llamaba oficialmente John Fitzgerald Kennedy nombre que se dio bajo un gobierno servil queriendo agradar al país del norte. ¡Imagínense si el aeropuerto de Nueva york se llamara Evo Morales Ayma¡. Sin embargo el año 1999, ante la presión de distintos sectores, mediante la Ley 1944 durante el gobierno de Hugo Banzer Suárez el aeropuerto pasó a denominarse oficialmente Aeropuerto Internacional El Alto; su nombre de facto hasta el momento.

Pero al contrario de su aeropuerto, El Alto ostenta un monumento digno de su idiosincrasia. En la plaza de “La Liberación” que se encuentra a la entrada de la Ceja, se erige la estatua del guerrillero “Che Guevara” con mochila y fusil en mano. La efigie de unos siete metros de altura y varias toneladas de chatarra metálica, tiene además una paloma en la otra mano, a lo mejor el artista habrá pretendido interpretar el ethos de los alteños: luchar para la paz. Una de las calles céntricas se llama Luis Espinal Camps, sacerdote catalán que hizo huelga de hambre junto a mujeres mineras para que vuelva la democracia y asesinado por órdenes del dictador Luis García Mesa. Estas muestras son de alguna manera expresiones de la vocación de la ciudad como abanderada de la democracia y de las reivindicaciones sociales del país. Peleas y luchas que le costaron muertos y heridos como en la llamada “Guerra del gas”. Por eso los alteños esperan que sus calles, plazas y monumentos también tengan nombres de compatriotas y mejor de alteños que dieron su vida por Bolivia.

“Evita caminar solo por la noche”

La avenida 6 de marzo es el tramo más importante de El alto y tiene un puente y varias pasarelas, las mismas son aprovechadas por algunas empresas de telefonía para difundir anuncios de servicio social, los que advierten la peligrosidad de la urbe: “Evita caminar solo por la noche”, “Utiliza las pasarelas para cruzar la calle”….el riesgo de la carretera se advierte cuando se ven desperdigadas a lo largo del camino cruces, flores y coronas de muerto por los costados. Es también macabro y lúgubre la exhibición de muñecos colgados en los postes de luz de las esquinas con letreros que advierten a los malhechores: “Ladrón sorprendido, será colgado”.

Una gigantesca ciudad color ladrillo

La semiótica que es la ciencia de interpretar textos y contextos afirma que las estructuras comunican. Una ciudad es un sistema de signos (Barthes) ¿Qué nos dice una ciudad que tiene muchos edificios con fachadas de ladrillos?. La estética es relativa, por lo tanto debe ser entendida en contexto. Por las décadas de los 80s y 90s del siglo pasado se puso de moda la corriente arquitectónica de “el ladrillo visto”, que aún ostentan los edificios sobrevivientes de esa época: el edificio de la embajada de Brasil en la Avenida Arce, la UPSA de Santa Cruz o incluso la Universidad JAVERIANA de Colombia. ¿Es la estética alteña la que influye en la imagen color ladrillo de sus edificios?, ¿es simplemente la consecuencia de construcciones emergentes de la ciudad? o ¿porque el acabado es caro?

Pérez, a la Pérez

En la ceja desde la calle 1 a la 5 las calles están atestadas de minibuses. La bulla es estrepitosa y estridente. Bocinazos, gritos y disparates de los choferes peleando con otros a carajazos. Casi todos los minibuses en el alto tienen un voceador que también es cobrador. El ayudante grita a todo pulmón con voz impostada: Pérez, Pérez, a la Pérez, uno cincuenta… mientras el oficial de tránsito con su silbato apura a los choferes que quieren llenar sus movilidades, avance, avance dice e incluso algunas veces da golpeteos a los autos para que le obedezcan. Pasa un minibús con música chicha a todo volumen, un camión de gas avanza pesadamente anunciándose con su estrepitosa corneta. A su vez, se asoma una cebra que lleva de la mano a un niño, quién acompañado por su mamá va a la acera del frente observándole deslumbrado. También hay un joven disfrazado de burrito que le hace señas con sus orejas largas a un chofer por haber invadido las señales de protección al peatón.

El ruido más estruendoso en imágenes

La contaminación visual en las calles de la ceja de El alto es descomunal. Letreros grandes, vallas publicitarias, grafitis de todo color y tamaño. El estilo de los anuncios de los comercios en El Alto es particular: hay un anuncio frontal en la parte superior, otro anuncio a un costado de la entrada del establecimiento y otro de lata y con soporte de cuatro patas y dos caras que se pone en medio de la acera sin el mínimo asomo de consideración para los transeúntes que no pueden transitar por las aceras ocupadas por los comerciantes y más bien por la calzada esquivando movilidades que les echan bocinazos a granel.

Hay otros anuncios que dejan a esta parte de la ciudad empapelada. Son anuncios que tiene el tamaño de un afiche estándar hasta del tamaño carta u oficio los cuales cubren paredes, postes y otras superficies que anuncian trabajos, personas perdidas, cursos, talleres y otros.

“Nenes Malos”

Frente a la alcaldía quemada encuentro varios puestos de venta de dvds piratas que exhiben las últimas producciones de estreno, mientras que otro puesto de cds y dvds de música difunde un tema de “Los Nenes Malos” a todo volumen.

Por la plaza del lustrabota está apostado un pajpaku que explica que con una sola antena común y especialmente preparada con aleación de titanio, torio y magnesio puedes ver incluso canales de cable como Natgeo o Discovery.

Casi a la salida de la ceja a la autopista, entre la calle uno, hay puestitos de comida rápida en fila, las vendedoras de salteñas, tucumanas y rellenos me ruegan con su meliflua voz y artificiosa amabilidad: —cómprame salteñitas caserito, riquitas están—. Estas masas y frituras van acompañadas de un “salad bar”, aderezos y la infaltable llajua; reforzadas con refresco de luca o de k’isa.

¿Te lustro jefe?

Asimismo, por el comienzo de las atestadas calles dos, tres y cuatro se localizan los lustrabotas todos enmascarados con pasamontañas negras – son los ninjas lustrabotas- que en hilera te dicen lustreee acompañados del golpeteo constante de cepillos a los pisacalzados al monótono ritmo de los tambores de madera.

Uno de tantos me dice ¿te lustro jefe? —Ya— le contesto. El lustra con un ademán hace su labor quitando el polvo de mis calzados guindos, al terminar me pregunta si me va a poner brillo —por supuesto— le digo. Embarra con los dedos en círculo una pomada en mis calzados y concluye. Al pretenderle pagar la tarifa habitual de un boliviano me cobra once bolivianos con una mezcla de contrariedad y desfachatez, mi sorpresa se expresa en un ¡por qué¡ más de reclamo que de pregunta, el lustrabotas me dice que la pomada de brillo especial cuesta nueve bolivianos, la lustrada dos bolivianos porque los calzados son guindos y la crema guinda es muuuucho más cara que cualquier otra —si duda, vaya a preguntar a la fábrica…. Al pagar, con un tizne azulado de irritación en mi rostro, le digo por qué no me advirtió el costo antes de aplicar el plus de la pomada especial de brillo, y me contesta desafiante con los ojillos mongólicos de frente: —yo ya ley dicho—.

¿Cuándo?, ¡Ahora carajo¡

No hay duda que la ceja, la avenida principal y sus calles adyacentes sufren el rigor de los movimientos sociales de toda naturaleza cuando deciden movilizarse. Los paros, bloqueos, marchas, mítines, concentraciones y etc., son parte de la cotidianidad de la urbe. Las marchas no sólo las componen grupos afiliados de la COB, como los maestros, el sector de la salud o comerciantes. Hay también grupos como los denominados “Los sin tierra”, “Los sin techo”, “Los sin celular… En esas movilizaciones, también la comunicación de las mismas expresan frases muy conocidas como: ¡muera¡, ¡abajo¡, ¡arriba¡, ¡cuándo¡: ¡ahora carajo¡. Terminándose las asambleas entre vivas y mueras, muchas veces concluyen con un ¡hasta las últimas consecuencias!. Las movilizaciones no sólo están acompañadas por expresiones furibundas sino también con bandas, carteles, quema de muñecos y banderas, así como explosiones de cachorros de dinamita, dizque regulados por ley para evitar accidentes y muertes.

Festejos en vía pública

Un día lleno de trajín, embotellamiento y cansancio laboral, cuando pensaba que se había acabado la tortura rutinaria – porque gracias a dios era viernes-, queriendo llegar lo más antes posible al hogar, “dulce hogar”, me encuentro con que no hay paso vehicular por la Avenida 6 de Marzo. En pleno camino se realiza la verbena más espectacular de El Alto. Los parlantes retumban el ambiente, se escucha el punteo de afinación mil veces amplificado del conjunto electrónico apostado en el escenario recién armado. Hay otros conjuntos folklóricos esperando su turno para debutar. Las cajas de cerveza están apiladas, los puestos de api despiden vapores bienolientes, anticuchos, pasteles y ponches están siendo ofrecidos en honor al aniversario de la FEJUVE en medio de una algarabía súbita que durará toda la noche.

Son muchos días al año en que las fiestas patronales y cívicas inundan la vía más importante de la ciudad, más o menos desde el frontis de la COR, exactamente donde hay más embotellamiento de autos ¿Es posible hacer las fiestas o celebraciones en otras vías menos importantes o mejor en locales donde sea más cómodo festejar, cantar, beber y bailar? Sí, entonces ¿Por qué no se lo hace?. Es posible encontrar la respuesta en la etnografía. El sentimiento popular de exteriorizar y compartir la alegría de las poblaciones rurales de todo el país en tiempos de fiesta se reproduce en El Alto pero multiplicado “por cien al cuadrado”.

“Hoy, fiesta con combo”

Los lunes, martes y miércoles la ciudad de El alto es una dama que se porta bien, se la ve trabajadora y laboriosa y hay una relativa calma entre sus calles por el imperio de la ley seca. En cambio, los jueves por el atardecer, la ciudad se turba, los boliches desencadenan disipación y libertinaje. Las parrandas que se suscitan en los locales no tienen nada que envidiar a las que se daban en Sodoma y Gomorra. En la avenida “Jorge Carrasco” entre las calles dos y cinco, los locales, las peñas shows, discotecas, pubs y otros te prometen máxima diversión entre megáfonos y altoparlantes que difunden anuncios con voz impostada y fondo musical de los clásicos del 80: “Ven a bailar y diviértete a la noche de clásicos..” o “Full striptease en vivo”, “Peña con Los Campeones del Amor y Alajpacha” y “Hoy, fiesta con combo”. La muchacha con su sombrío look de gótica y ubicada en un costado del ingreso, me invita a pasar a la discoteca más conocida de la ciudad con una fichita que dice que estoy eximido de pagar la entrada por ser uno de los primeros diez clientes. Ingreso a la disco y lo primero que leo es: “Todos somos iguales ante la ley” prescripción acatada por mandato de la Ley Contra toda forma de Discriminación y Racismo. “Siendo muy igual ante todos”, me adelanto más, donde advierto otro letrero: “Para evitar robos y pérdidas, deje sus cosas de valor en la guardarropía”, obediente, dejo mi celular y mi abrigo, pero lo que sucede luego, es otra historia…

*          Comunicador Social. Docente de la UPEA y la UMSA

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