octubre 21, 2020

La ciudad de las trancaderas

La ciudad ese espacio que habitamos, es el lugar donde nuestros sueños y frustraciones se materializan, donde construimos nuestras identidades, donde duermen y se esparcen nuestras esperanzas. En sus calles, circula la gente y sus otros habitantes, o más bien diríamos que la mayoría de las veces, en la ciudad de las trancaderas, la gente queda paralizada, atrapada por largos periodos en el interior de los vehículos que utilizan en el intento de trasladarse de un sitio a otro.

La Paz se ha convertido por excelencia en la ciudad de las trancaderas, donde cada día y cada vez de manera más agobiante, sus habitantes experimentamos la sensación de sentirnos inmovilizados, sin opción alguna o posibilidad de escapar hacia ningún lado. Nuestros cuerpos, en esas condiciones, experimentan tensión, desasosiego, ahogo, en fin, una serie de sensaciones para nada agradables, y peor aún, sentimos impotencia y resignación, constituyéndose en el mayor de los suplicios cotidianos.

Nadie podría estar en desacuerdo con esta aseveración, por cierto, pues el que más y el que menos: rico, pobre, de la zona sur, de las laderas, de las villas y desde cualquier rincón de la ciudad, la gente vive las trancaderas a toda hora del día. Estas afirmaciones no sólo responden a una idea personal, sino que así lo demuestra un estudio de percepción ciudadana realizado el pasado año por el Observatorio La Paz Cómo Vamos, liderado por la Fundación para el Periodismo, que expresa claramente el sentir de la población.

El transporte vehicular en la ciudad de La Paz se ha convertido en uno de los principales problemas de esta ciudad y urge poner soluciones a esta situación por demás preocupante, ya que va en ascenso, dice el estudio, el que a su vez señala que, además entre otras cosas, el peatón reconoce desconocer las reglas de tránsito, empeorando aún más el panorama. Este problema es la consecuencia del excesivo número de vehículos, sumado al caos que se produce por la falta de una cultura ciudadana, control, regulación y cumplimiento de las reglas de tránsito, y se recrudece aún más si pensamos que día a día continúan ingresando por las aduanas, así como clandestinamente, más motorizados, de tal suerte que podría decirse que el número de éstos sobrepasará, en los próximos años, al número de habitantes de Nuestra Señora de La Paz.

¿De qué manera esta experiencia cotidiana, cada vez más agobiante, está configurando un modo de ser de los habitantes de la urbe? ¿Somos cada vez más intolerantes? ¿O más bien más tolerantes? ¿Malhumorados? ¿Solidarios? ¿Más individualistas? ¿Agresivos? ¿Pasivos?, etcétera. Sin duda, sería pertinente indagar en estos aspectos para comprender y reflexionar de manera colectiva las repercusiones de situaciones como las que se describe, y las consecuencias que puede tener, no sólo en la salud de las personas sino en la economía local y el desarrollo de nuestra ciudad, en definitiva.

*          andamiajes@gmail.com

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