marzo 2, 2021

La ALBA y la crisis global del capitalismo

El Canciller David Choquehuanca ha planteado que la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) debe dar respuestas a la crisis global del capitalismo, quizá a la más fuerte de toda su historia.

La posición del canciller boliviano es un reconocimiento de que si hay un lugar donde se están ensayando alternativas a organizar-pensar-sentir de maneras distintas a las lógicas perversas del orden del capital es América Latina, particularmente en la mayor parte de los países de la ALBA.

En Bolivia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua hay revoluciones, en las condiciones del siglo XXI, que se desarrollando todos los días en una perspectiva poscapitalista, aunque han avanzando más en el campo político que en el campo económico-social en términos de todavía cambios limitados estructuralmente en la forma de producir. Pero tampoco es un dato menor que en todos estos países se está produciendo una recuperación estatal de los recursos naturales que en el pasado estaban controlados por las grandes empresas transnacionales.

Ni qué decir de la implementación de políticas de redistribución de la riqueza nacional. En todos estos países se están llevando a cabo políticas sociales que han permitido reducir los altos niveles de extrema pobreza y pobreza media que han dejado más de dos décadas de neoliberalismo. El dato no es menor si se aprecia Europa y Estados Unidos, donde las condiciones de la población tienden a deteriorarse aún más por la crisis global.

De todos los países de la ALBA, también hay que destacar los avances que se van perfilando en el proceso de actualización del socialismo en Cuba, que sigue siendo la revolución social más radical de América Latina, aunque en medio de un criminal bloqueo estadounidense desde hace más de medio siglo que la busca asfixiar.

Pero las palabras del ministro boliviano deben ser además leídas desde un contexto más amplio. La ALBA ha sido fundamental para activar otros foros y mecanismos de integración desde el paradigma de las relaciones Sur-Sur. Sin su dinamismo UNASUR no se hubiera consolidado y la CELAC no habría nacido, así como tampoco las relaciones de América Latina con otros países africanos y árabes.

El aporte de estos procesos a la emancipación de la humanidad es diverso y desde sus propias especificidades. No hay receta alguna. En Venezuela desde la perspectiva del socialismo del siglo XXI, en Ecuador desde el socialismo de la revolución ciudadana, en Nicaragua desde el Socialismo Cristiano y en Bolivia desde el socialismo comunitario hacia el Vivir Bien.

Los puntos de convergencia de todos estos procesos son la propuesta de establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, de impulsar el desarrollo en armonía con la Madre Tierra, de construir relaciones de complementariedad, reciprocidad y cooperación, de desestructurar las relaciones de colonialidad y de forjar un latinoamericanismo que recoja los sueños de los pueblos indígenas y de los mártires de la independencia y las luchas contra el imperialismo estadounidense.

Sin embargo, estas alternativas se están ensayando en medio de un capitalismo en crisis, pero también de un capitalismo salvaje que está empeñado en recolonizar el mundo de la mano del imperialismo.

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