octubre 23, 2020

Ya no se ara en el mar

por: Sergio Ariel Basteiro

Simón Bolívar, en una de sus últimas frases y quizás la más desesperanzada, sentenció “he arado en el mar y he sembrado en el viento”. Seguramente el prócer latinoamericano se hubiera quedado con la razón si no fuera porque casi 200 años después, en 1998, un hombre surgido de las filas del ejército comenzara a levantar las mismas banderas de libertad, igualdad, unidad latinoamericana, soberanía e independencia. Hugo Chávez reivindicó, durante los 14 años que gobernó, la figura y el pensamiento bolivariano, hasta lograr a través de las urnas (hubo 14 elecciones en 14 años, entre constitucionales, revocatorias y reformatorias), el nombre de República Bolivariana de Venezuela.

Posiblemente, hoy el propio Simón Bolívar rectificaría aquellos desalentados dichos; su legado fue llevado adelante por el pueblo venezolano y encabezado por el Comandante Hugo Chávez Frías, que como sabemos, trabajó arduamente para la unidad latinoamericana. Y vaya si lo logró, UNASUR, CELAC, Mercosur son sólo una muestra de este momento histórico que vive nuestro continente.

Las políticas de gobierno del período chavista generaron una revolución social que permitió disminuir la pobreza y la indigencia. En 1999 el 50 por ciento de la población era pobre y el 20 por ciento indigente. En 2011, la pobreza cubría al 31,6 por ciento y la indigencia al 8,5 por ciento. Hoy los venezolanos cuentan con acceso gratuito a salud, educación, vivienda, servicios básicos. Asimismo, parte de su programa fue destinado a la solidaridad con el resto de América Latina, financiando por ejemplo la Misión Milagro, impulsada por Cuba y Venezuela, que atiende a millones de latinoamericanos en problemáticas de salud visual.

Impuso la soberanía energética para que las ganancias de las grandes reservas petroleras no se fugaran a las empresas trasnacionales, lo que permitió que fueran usufructuadas por los venezolanos, se expandiera el consumo interno y la inversión en el producto interno. También sostuvo préstamos y cooperaciones con los países de la región que colaboraron con las economías de los mismos.

Democratizó la participación de los sectores populares que estuvieron invisibilizados durante años y que dado que comenzaron a ser protagonistas de un proyecto político, no sólo comenzaron a participar más masivamente con el voto, sino activamente construyendo estructuras de participación que los representara. El objetivo del Socialismo del Siglo XXI es fortalecer el poder popular y que sea la ciudadanía la que vaya determinando sus necesidades y las políticas públicas para mejorar su calidad de vida.

Por todo ello, Simón Bolívar, Sucre, Miranda y el Che se sentirían orgullosos que, muchos años después de sus luchas, en Venezuela, uno de los suyos diera peleas para justificar que lo sembrado floreciera en forma de Revolución Bolivariana. Por su grandeza y por defender los intereses populares, hoy el pueblo latinoamericano lo llora, está entristecido, lo despide como a un grande. Su pueblo, el venezolano, está en la calle en una movilización que no tiene precedente o solo comparable con el adiós que el pueblo argentino le dio a Néstor Kirchner.

En esta lucha de los últimos años la presencia de Chávez tiene un valor especial pues fue el primero que en 1998 inició el camino, abrió huella, comenzó a plantarse contra el imperio, y a decir no. Se sumaron Lula y Néstor, Cristina Kirchner, más luego Evo, Correa y el Pepe Mujica. Todos ellos fueron tejiendo una unidad y entendimiento que generó una bisagra en la historia de nuestros pueblos. A partir de ahora nada será igual en Latinoamérica, gracias a la valentía de los que hoy ya no están.

Ese decir NO se materializó cuando Néstor Kirchner y Hugo Chávez, en aquella cumbre presidencial de Mar del Plata en el año 2005, enterraron el ALCA, manifestándole contundentemente a George W. BUSH y a los Estados Unidos que no podrán con nosotros. Chávez nunca tuvo reparos en defender a nuestros países, siempre jugó a fondo como aquella vez en la ONU cuando expresó que había olor a azufre luego de la presencia del presidente estadounidense. Su posicionamiento fue claro y preciso, siempre bregó por la independencia de nuestros pueblos. Y así comenzó otra historia que hoy orgullosamente defienden ciudadanos y gobiernos.

Esa defensa que hacen los pueblos de sus gobiernos la llevan reafirmando sus confianzas en las urnas, pese a que los sectores del poder financiero-mediático ligados a las derechas vernáculas traten de demonizar a sus presidentes. Lo intentaron y siguen intentándolo con todos, con Kirchner, Chávez, Lula, Dilma, Cristina, Evo, Correa; pero los pueblos los siguen eligiendo y cada vez por mayor cantidad de votos, lo cual confirma y demuestra que mas allá que todos ellos son líderes que muchas veces están a la avanzadas de sus pueblos, esos pueblos no le dan ni tranco de espacio para que paren en este proceso maravilloso que vive Sudamérica.

Con la muerte de Néstor Kirchner y para caracterizar la forma de compromiso y militancia que tuvo el presidente argentino, recordé unos versos de la poesía de Gabriel Celaya que dice que hay que tomar partido hasta mancharse. Esos versos también son indicativos de la actitud que tuvo Chávez para pelear, reponerse de derrotas y tampoco sentarse en los laureles con los triunfos, sino más bien seguir aportando a la construcción permanente. El hombre con su enfermedad a cuesta llevó adelante una campaña poniendo todo de sí, hasta su vida, para que el proceso político venezolano no se detuviera. Quizás hasta ya sabiendo cual podía ser su final, preparó la sucesión y habló al pueblo con sinceridad clamando por unidad. Eso lo hace aun más grande, más hombre, más revolucionario.

Lazos con Argentina

Como dijimos algunas líneas arriba, el Comandante fue quién inició este proceso de cambio regional, y él estaba esperando que lo acompañaran en ese camino. Cuando Néstor Kirchner llegó al gobierno se encontró con un país en llamas, sin crédito, sin fondos, sin ningún tipo de ayuda de aquellos organismos financieros internacionales que habían provocado la debacle argentina y, a pesar de todo, intentaban fiscalizar las acciones a encarar por el nuevo gobierno.

Fue el gobierno venezolano el que abrió una línea de créditos mientras el mundo nos daba la espalda, para hacer frentes a las necesidades primarias. Fue el gobierno de Chávez quién facilitó el acceso a full oil, a precio justo, para iniciar la recomposición industrial, y no entrar en crisis energéticas. Fue Chávez quién apoyó en forma irrestricta y con mayor compromiso que ninguno, nuestros reclamos por Malvinas, como así el rechazo a las políticas que se querían imponer desde el FMI o el Banco Mundial. En sí solidaridad pura que fue recompensada y devuelta por nuestro país, con una cooperación técnica en áreas fundamentales para el desarrollo venezolano como la agropecuaria o tecnológica y por sobre todas las cosas con amistad entre los pueblos.

Se me vienen a la memoria muchísimos momentos del Comandante en nuestro país. Como aquella visita en la cumbre presidencial de 2005, después del debate de los mandatarios, el gobierno argentino permitió que Chávez tuviera un encuentro con la militancia. Así fue que se llenó el estadio de fútbol mundialista de Mar del Plata donde pudimos disfrutar de un Chávez más verborrágico que nunca, alegre y bien convincente a la hora de los discursos, generando en todo el estadio una explosión militante al grito de “el que no salta es un inglés”; o pidiendo a esas 50000 almas que estaban en el estadio que dieran un mensaje de apoyo al que sería el próximo presidente de Bolivia, Evo Morales.

De la última vez que tuve la oportunidad de estar y hablar con el camarada Chávez me llevo quizás uno de los más lindos recuerdos que me dio esta vida de militancia. Fue a principios del 2011, en el primer viaje de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner después de la muerte de Néstor. En esa oportunidad, conocimos diferentes dotes artísticas de Hugo Chávez. La del cantante me guardo la opinión, pero la de pintor me sorprendió. El cuadro de Néstor que engalana uno de los salones del Palacio de Miraflores (la sede de Gobierno de Venezuela) hecho por el Comandante conmovió a la Presidenta argentina y a todos los que lo acompañábamos. Allí nuevamente uno vio la alegría y naturalidad de Chávez a la hora de llevar adelante lo que suponía era un acto protocolar para la firma de un sinnúmero de acuerdos.

En la despedida en el aeropuerto, antes de subir al avión me acerqué y conversamos unos minutos sobre muchos de nuestros encuentros anteriores, recordándole que era diputado socialista que acompaña a Cristina y el proceso político que lleva adelante en nuestro país. Me pidió que los socialistas acompañáramos a la Presidenta y no la dejáramos sola, “ella es una revolucionaria y los socialistas deben estar con ella”. Antes del últimos adiós, con todo respeto le dije que le quería pedir algo que para mí sería un presente único: su gorra de comando paracaidista. Con esa sonrisa grande, me abrazó, sacó su gorra y me la entregó. Hoy ella me acompaña en el escritorio en la Embajada argentina y seguramente será un elemento que me acompañe siempre.

Estoy convencido que, con la partida del comandante, el proceso político que inició y llevó adelante no se debilitará. Por el contrario, creo que a partir de ahora todos sus seguidores estaremos más activos que nunca. La experiencia argentina nos demuestra que cuando se nos fue Néstor, muchos y muchas jóvenes sintieron internamente el llamado para comenzar a participar políticamente, se redobló la cantidad de militantes organizados que luchan por sostener las reivindicaciones alcanzadas y que acompañan el proyecto político. Creo que sucederá lo mismo en Venezuela y que las próximas elecciones demostrarán la victoria de la Revolución.

En estos días tan movilizadores de conciencia y sentimiento, al ver al pueblo venezolano llorando en las calles de Caracas, como así muchos argentinos, bolivianos que se congregaron por su ciudad para participar del adiós al comandante, vino a mí, repetidas veces, una poesía de Mario Benedetti que dice algo así “algunos cantan victorias, porque el pueblo paga vidas, pero esas muertes queridas van escribiendo la historia”. Y esa historia no se detiene, busca y va por la definitiva liberación de nuestros pueblos. A partir de ahora Latinoamérica tiene 2 comandantes para gritarles hasta la victoria final, los dos con CH, el Che y Chávez.

* Embajador de la República Argentina en el Estado Plurinacional de Bolivia

Dirigente de Nuevo Encuentro

Be the first to comment

Deja un comentario