octubre 26, 2020

33 años, ¡Lucho vive en el pueblo!

por: Luis Camilo Romero

Hace 33 años Luis Espinal, sacerdote y director del semanario Aquí, era asesinado por los paramilitares que cuatro meses después inauguraban, a la cabeza de Luis García Meza y Luis Arce Gómez, un régimen narcodelincuencial.

Se cumplen 33 años después de aquella noche de horror en que Lucho Espinal ponía su cuerpo como ofrenda del testimonio más auténtico de entrega por una causa que él mismo estuvo convencido hasta el final.

Luis Espinal se adjudica el peso del dolor de un pueblo que soportó los crímenes de las dictaduras, de gobiernos que no respetaron sus derechos humanos, que lo humillaron y esa pasión y muerte de Lucho, redime a quienes creen en que es posible, volver a la vida, resucitar con el pueblo, para instaurar la justicia y la libertad.

Este retrato a su vida y obras nos ayudará a comprender hasta donde su apuesta no sólo fue un cumplimiento a la misión del evangelio, fiel a su maestro Jesús, sino tuvo un eco y fue semilla que germinó un compromiso liberador en las generaciones de ayer y de hoy.

Una vida, una opción, un compromiso

Lucho parte a Bolivia en agosto de 1968 despidiéndose de sus familiares y amigos de España. Los años en el noviciado de la Compañía de Jesús le habrían despertado la sensibilidad artística y una gran facilidad para leer y escribir.

Como dato importante de su llegada al país coincide con el aniversario patrio, el 6 de agosto, se une a la manifestación de regocijo con los desfiles patrios, reconoce la cultura popular y empieza el proceso de inculturación con Bolivia.

Luis Espinal a su llegada a América Latina, encuentra un contexto político, que es simultáneamente, de una gran desolación, pero también de grandes esperanzas. La ofensiva imperialista, provoca la multiplicación de golpes de Estado de militares de ultraderecha. Los dueños del poder económico nacional y transaccional, vacían las magras arcas de los países y depredan sus recursos naturales.

Bolivia vivía un período de dictaduras, matanzas, desapariciones y fusilamientos. Desde 1964 gobernaba el país, el dictador René Barrientos Ortuño. En junio de 1967 se produce “la Masacre de San Juan” y en octubre del mismo año el Ejército boliviano asesorado por militares norteamericanos, derrota al Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla dirigida por Ernesto Che Guevara.

En 1968, los sobrevivientes del ELN, organizan el retorno a la lucha armada y el movimiento popular se reúne en torno a la otrora poderosa Central Obrera Boliviana (COB).

El 11 de junio de 1970, el Estado nacional le concede a Luis Espinal, la categoría de “ciudadano boliviano”, que él había solicitado meses antes.

Hay otra interesante faceta de Lucho, y es el rol de periodista que, mas allá de aquel hombre apasionado por el cine, cree que el papel de periodista, tuvo gran fuerza en su trayectoria por la defensa de los derechos humanos.

Lucho Espinal, además de sacerdote, cineasta, un defensor inclaudicable de los derechos humanos, era periodista, pero de aquellos que se diferenciaban de los que conocemos. Basta con leer sus Oraciones a Quemarropa para darnos cuenta del potencial de su palabra en sus textos.

Como puntal de experiencia en el periodismo centró su trabajo entonces en la radio y la prensa escrita, publicando sus críticas de cine en el matutino Presencia, además de asumir la codirección de Radio Fides donde también tenía un programa sobre cine y otro sobre religión.

Durante el golpe militar de 1971 encabezado por Hugo Banzer Suárez, Lucho intervino en favor de sindicalistas perseguidos y detenidos, no sólo escribiendo columnas periodísticas sino asumiendo su causa como parte de su labor y miembro de la Asamblea de Derechos Humanos de Bolivia.

En 1979 se hizo cargo de la dirección del semanario AQUI donde publicaba toda una página dedicada al cine, paralelamente mantenía su columna en el diario Presencia (Actualidad Cinematográfica), hasta que al periódico le resultó ‘incomodo’ publicar artículos de un periodista que dirigía un semanario con tinte de “izquierda”.

Entre los papeles que dejó, había un texto inconcluso en el que cuestiona el individualismo del pequeño burgués que pretende constituirse en mártir; “El pueblo no tiene vocación de mártir. Cuando el pueblo cae en combate, lo hace sencillamente, sin poses, sin gestos melodramáticos”.

La víspera de su muerte escribió un borrador “No queremos mártires” del cual es extractado el siguiente párrafo: “No hay que dar la vida muriendo, sino trabajando. ¡Fuera los slogans que dan culto a la muerte! La revolución necesita de hombres lúcidos, conscientes y realistas, pero con ideal…”

Su muerte, su entrega

El coronel Luís Arce Gómez, Jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército del gobierno de facto de Luis García Meza, fue el principal estratega del asesinato a Lucho. La noche del viernes 21 de marzo de 1980, Luís Espinal había asistido como acostumbraba los fines de semana a dos funciones cinematográficas y fue visto en el centro de la ciudad después de la media noche, poco antes de ser secuestrado.

Al llegar a su domicilio, no pudo ingresar pues fue interceptado por gente que descendió de un jeep verde, estacionado en la puerta de su casa, los hombres le empujaron violentamente dentro del vehículo, según relataron testigos que presenciaron de lejos la captura. Espinal alcanzó a gritar pidiendo socorro.

Su cadáver fue encontrado tendido de bruces, en el kilómetro 8 del camino a Chacaltaya a orillas del río Choqueyapu, se encontraba amordazado y con las manos atadas detrás la espalda. Las fosas nasales le habían sido taponadas con algodón. El campesino que encontró el cadáver, avisó de forma inmediata a la policía y agentes de la Dirección Nacional de Identificación se hicieron presentes en el lugar a las 13 horas del día sábado 22.

El cadáver fue llevado a la morgue, los agentes no encontraron ningún documento de identificación. Anoticiados previamente por la radio de la desaparición del padre Espinal, se dirigieron al Colegio San Calixto a las 16:45 aproximadamente. La noticia se difundió con más detalles por diferentes emisoras de radio.

El cadáver permaneció en la morgue hasta el anochecer, la autopsia evidenció que Espinal fue torturado y sometido a ultrajes físicos antes de ser fríamente victimado con múltiples impactos de bala calibre 38.

De su libro Religión se cita una famosa frase que resume la exigencia ética que le costó la vida: “quien no tiene la valentía de hablar por los hombres, tampoco tiene el derecho de hablar de Dios”.

En los últimos años se hicieron muchos homenajes, pero no fue muy atinada aquella película que hizo otro jesuita, Eduardo Pérez Iribarne, cuando nos remontaba a algunas facetas de Lucho, en su obra: “Lucho San Pueblo”. Pérez Iribarne habría creído pues que, al mostrar esa película iba a reivindicarse y decir que, como “su hermano” ahora él estaría asumiendo la defensa de la justicia como el paradigma de las nuevas generaciones desde un escritorio en Radio Fides y con el “hombre invisible” en sus medios.

Ya Lucho calificó a este tipo de actitudes como los Prudentes y en sus Oraciones a Quemarropa claramente advertía: “Llamamos prudencia a la seguridad y a la flojera. Llamamos prudencia al no comprometerse, al no arriesgar nada personal. Creemos que con la edad aumenta la prudencia; sin pensar que también aumenta el conformismo”.

¿No será que esto tiene que ver con ese tipo de actitudes poco transparentes y nada creíbles a la hora de apostar verdaderamente por un compromiso serio por la justicia y son, como decía Lucho, cristianos del silencio? “No protestan por las injusticias, porque están esclavizados al Estado por la persecución o por el compromiso, comprados por el miedo o por el oportunismo”.

El 21 de marzo de 2007, fue instituido por Decreto Supremo Nº 29067, “El Día del Cine Boliviano” conmemorando el aniversario del asesinato de Luis Espinal Camps, y en homenaje a su lucha por el respeto a los derechos humanos, y el restablecimiento de la democracia en Bolivia. Asimismo el documento, establece la difusión y promoción del cine boliviano.

Carta abierta a Lucho

Pasaron 33 años y en medio de la crisis de esa Iglesia Institución, teniendo al frente al nuevo Papa que probablemente no hubiera estado a la altura de tu testimonio profético, también te recuerdo de aquellos pastores que no logran identificarse con la causa de sus hermanos y que continúan marginados y excluidos en su propia tierra.

Quienes vimos, leímos y seguimos tu testimonio en vida difícilmente podremos excluir de este momento que atraviesa el país, la misma fuerza de tus editoriales, tus comentarios de cine, tus homilías o tus Oraciones a quemarropa, que fueron el eje orientador y la guía necesaria para señalar el camino del pueblo en sus luchas cotidianas.

Hoy quisiera encontrarte de nuevo en este escenario que vive tu pueblo que acompañó tu féretro al cementerio de La Paz; que lloró al despedirte, que recuperó la memoria de tu palabra y que con oraciones y canciones rememoró las dimensiones del hombre íntegro, de aquel hombre que nos enseño a ver cine; de aquel periodista que supo decir la verdad; de un defensor inclaudicable por los derechos humanos y un sacerdote comprometido por la causa de los pobres hasta el final.

Hoy te contaría la desesperanza de ese mismo pueblo que después de 33 años parece desilusionarse de lo que reclamó, luchó y peleó en tu tiempo, al igual que tú, cuando decíamos que íbamos a luchar por cambiar y transformar la situación que nos dejaron las dictaduras.

Hoy te contaría de aquellos que entregaron y vendieron a la patria, los que la descuartizaron y pretendieron dividirla, pero también de esa patria ilusionada en un nuevo futuro cargado de esperanza.

Hoy me gustaría mostrarte a los que tu mismo conociste, que te dieron la mano y apostaron por una vida digna y dijeron que nunca renunciarían a este desafío, y que lamentablemente, los vemos al otro lado de la acera compartiendo el proyecto de los poderosos.

Son los rostros de la traición, los “neoliberales” de los “tiempos de cambio”, los que disfrazados de corderos esconden una identidad falsa y son los mismos “lobos” que encontramos en el pasado y que ya nos anuncian que, el verdadero cambio, está muy lejos.

Hoy también te mostraría a tu Iglesia, no a la que llamaste pueblo de Dios, con la que celebraste en tu comunidad, en tu barrio las eucaristías y que recogiendo sus voces, sus testimonios, te comprometías a ser su portavoz en las luchas cotidianas del pueblo boliviano.

Hoy te hablaría de aquel pastor que se auto relegó de su rebaño y se apartó de sus propios hermanos que continúan marginados y excluidos en su propia tierra; ellos que sin territorio y sin nombre, siguen siendo esclavizados por sus propios hermanos y llevan la dignidad de los pueblos en la zona guaraní, ayorea, chiquitana y moxeña.

Hoy recuerdo a uno de tus hermanos que se alejó del gran rebaño de los que pregonaban servicio a la fe y promoción de la justicia y opción por los pobres. El mismo que no llegó a ser ni la pizca de lo que fuiste, al contrario, el retrato de tu hermano Eduardo Pérez Iribarne, me indigna porque es aquel que estuvo comprometido en los años noventa con los gobiernos neoliberales junto a Sánchez de Lozada.

Hoy te escribo con profunda preocupación y te traslado el sentimiento dolido de todo un pueblo que te reclama que hagas eco de tu palabra, con la fuerza de los que ponen el dedo en la llaga sin temores, necesitamos de tu voz firme y radical que, sin rodeos, señale claramente a los que mancillan la dignidad de tu pueblo y les llame como Jesús a los fariseos de ese tiempo, “hipócritas, raza de víboras, sepulcros blanqueados”.

Queremos de nuevo tus Oraciones a Quemarropa, que “quemen” la conciencia de quienes le traicionaron a nuestro pueblo, porque tu no fuiste ese cristiano de silencio, como vos mismo les dijiste a aquellos que no se identificaron con nada, “no protestan por las injusticias, porque están esclavizados al Estado por la persecución o por el compromiso, comprados por el miedo o por el oportunismo”.

Finalmente, al recordar el 33 aniversario de tu muerte, te pedimos que vuelvas a dejarnos las semillas de ese Espinal que conocimos, para que brote la esperanza, para que germine una conciencia para los que vendrán; verdaderos luchadores por el cambio, para que le entreguemos, con nuestro trabajo, lo que tu nos enseñaste: “Y si un día nos toca dar la vida, lo haremos con la sencillez de quien cumple una tarea más”.

*          Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y El Caribe

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Gastar la Vida

Oraciones a Quemarropa

“Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.

Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;

no se la puede economizar en estéril egoísmo.

Gastar la vida es trabajar por los demás,

aunque no paguen; hacer un favor al que no va a devolver;

gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;

es quemar las naves en bien del prójimo.

Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;

solamente entonces seremos luz.

Líbranos de la prudencia cobarde,

la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.

Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.

La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente,

como la madre da el pecho al niño, como el sudor humilde del sembrador.

Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible, porque detrás de lo imposible

está tu gracia y tu presencia; no podemos caer en el vacío.

El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;

pero queremos seguir dándonos, porque tú estás esperando

en la noche, con mil ojos llenos de lágrimas.

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