octubre 23, 2020

Tres victorias en menos de una semana

Las fuerzas bolivarianas y latinoamericanas acaban de conquistar tres victorias estratégicas en menos de una semana, en el contexto de un periodo político de transición que acaba de mostrar que el camino está repleto de minas y que exige rectificar cuanto antes los errores que se cometen y superar las limitaciones existentes


La revolución Bolivariana conquistó tres victorias estratégicas en menos de una semana, al derrotar una poderosa contraofensiva imperial y de la derecha internacional que, intentando aprovechar la muerte del Cmdte. Chávez y la denuncia de fraude como nuevo método de desestabilización, se afanó por montar un escenario de golpe de estado.

La primera victoria estratégica fue el domingo 14 de abril, cuando Nicolás Maduro obtuvo el 50,78 por ciento de respaldo electoral, frente un bloque opositor liderado por Henrique Capriles que alcanzó 49,22 por ciento.

El triunfo no fue fácil. A pesar de que los sondeos de opinión mostraban días antes una holgada mayoría de Maduro, la realidad del domingo de votación demostró que las fuerzas bolivarianas registraban una disminución de su caudal electoral que ya se observó el 7 de octubre del pasado año, cuando Hugo Chávez salió airoso de la batalla perfecta.

No se trata de tapar el sol con un dedo. Las fuerzas de la revolución —Psuv y Polo Patriótico— han experimentado una disminución electoral de cerca de 2 millones 700 votos si tomamos en cuenta las elecciones de octubre de 2012 y la de abril último.

Pero esto, además de exigir una reflexión seria y desapasionada de lo que pasó y de los ajustes que se debe hacer para pasar el bache —con un golpe de timón como dijo Chávez en su histórica reunión de gabinete del 20 de octubre (trece días después de las elecciones) o con la revolución dentro de la revolución como acaba de señalar Maduro—, lo que está mostrando es que la transición como escenario de construcción ininterrumpida del socialismo está caracterizado por una intensa disputa entre la revolución y la contrarrevolución.

Varios factores han jugado a favor de la derecha en estos dos años: la enfermedad de Chávez, quien no podía hacer un seguimiento a la gestión estatal y política en condiciones normales; problemas de abastecimiento de alimentos, en gran parte porque esa industria está mayoritariamente controlada por la oposición; una campaña mediática contra Maduro superior a la desarrollada contra el propio Chávez, que ya era gigantesca y multimillonaria y la apropiación de algunos símbolos y discursos del proyecto bolivariano de parte de Capriles (el nombre del comando de campaña, lo de las misiones, etc.), entre otros.

Pero si hay algo que la derecha fue construyendo durante toda la campaña fue la idea del fraude electoral como método de desestabilización del gobierno bolivariano y de desconocimiento de la voluntad popular. Por eso, Capriles convocó a la violencia sin haber presentado formalmente su pedido de auditoría sino hasta cuatro días después.

La segunda victoria estratégica se conquistó en el ámbito internacional. A pesar de la presión simbólica que Estados Unidos ejerció sobre algunos otros gobiernos al ponerse rápidamente de lado de la oposición venezolana que pedía el recuento del 100 por ciento de los votos, todos los países de América Latina reconocieron los resultados de las elecciones.

En la OEA, el embajador de los Estados Unidos se quedó solo ante la posición de todos los países latinoamericanos que, unos con mayor firmeza que otros, avalaron el resultado electoral y deploraron las acciones de violencia que la oposición estaba desarrollando. Pocos días después, el viernes 19 en la madrugada, UNASUR hacía lo mismo. La CELAC pidió a la oposición que se tenía alguna duda de los resultados lo hiciera a través de los mecanismos que establece la institucionalidad venezolana.

Pero si hay algo que dejó colgado a Washington es el cambio de posición de España, que de ponerse de parte de la oposición en un primer momento a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, después rectificó y reconoció el triunfo de Maduro.

Todo esto se debe a una oportuna e inteligente capacidad de trabajo de la diplomacia de Venezuela, de los países miembros del ALBA y de otros gobiernos progresistas.

La tercera victoria estratégica se conquistó en las calles. La marea roja nunca dejó de estar en movimiento.

Lo hizo cuando en la noche del domingo de inmediato se trasladó a celebrar la victoria a Miraflores.

También lo hizo cuando desarrolló una táctica de resistencia prudente para no caer en la provocación de la ultraderecha que dejó un saldo de 8 muertos, 3 centros de salud populares quemados y otros 3 supermercados populares incendiados, además de otras agresiones.

La marea roja pudo salir al encuentro de la ola ultraderechista, pero la experiencia de abril de 2002 le enseñó que eso es lo que se buscaba para terminar de desestabilizar el país y alentar una salida violenta. Su resistencia prudente a través de los cohetazos y la música derrotó a la reacción.

Finalmente, el viernes 19, día de la posesión de Maduro como el nuevo presidente bolivariano y obrero, la marea roja tomó las calles con la alegría de saber que una vez más, a pesar de las grandes dificultades y enormes peligros que seguirán acechando, se habían obtenido nuevas victorias sobre los enemigos de la emancipación.

Be the first to comment

Deja un comentario