octubre 22, 2020

¿Fue Bernarda la causa del asesinato de García Lorca?

por: Rafael Castaño Rendón 

Desde siempre ha existido la cantinela que Federico García Lorca era prácticamente apolítico, que por ello no tuvo ningún problema en ir a Granada, dado que no corría ningún peligro por su apoliticidad y que cuando estalló la Guerra Civil, su tía o vecina Bernarda Alba, por viejos rencores familiares —ya se sabe, las disputas y prejuicios de la gente rural— consiguió que —engañados— los sublevados asesinaran a Lorca.

Respecto a que Lorca no temía ir a Granada, es una completa estupidez. Rafael López Estrada, que estuvo con el poeta tomando coñac el día anterior a su marcha (algún que otro día antes a la Guerra Civil) comenta como este le entregó los papeles de su obra “El público” y le dijo que si volvía, los recogería, y que si le pasaba algo en Granada, que los rompiera. Llegó a decir, siguiendo a López Estrada, que iba a Granada y que fuera lo que Dios quisiera. En la cafetería donde tomaban coñac Lorca previó lo que iba a suceder días después: estas tierras de España, dice, se van a llenar de muertos. Estoy convencido que sabía perfectamente que uno de los muertos que aguardaba las tierras de España iba a ser él. Nunca fue tonto.

Leyendo una de las obras inacabadas de Lorca (“Comedia sin título”), éste describe magníficamente la Guerra Civil así como la posterior posguerra. Dado que Lorca describe tan bien este período no habiéndolo vivido, sólo cabe considerar que conocía perfectamente a los que se iban a sublevar por la actuación que estos tuvieron en aquel precedente de Guerra Civil de una semana que fue la Gran Revolución de Asturias de 1934. Allí, el sanguinario ejército nacional hizo lo que haría a lo grande a partir de 1936.

Repito, leyendo la “Comedia sin Título” de Lorca, resulta imposible creerse que Lorca fue asesinado por los tejemanejes de la tal Bernarda Alba y no por evidentes razones políticas.

Veamos algo, porque creo que la obra no es muy conocida, a pesar de ser, como todo lo que salió de la pluma de Lorca, de lo mejor que produjo la literatura y el pensamiento político del siglo XX.

En la obra, Lorca, en tanto que se está interpretando Sueño de una Noche de Verano, sale a las tablas y le dice a su público burgués que va a contarle la verdad, que está cansado del teatro de la mentira. Mientras tanto, fuera del teatro se está produciendo tanto una revolución como una sublevación fascista. El público se cabrea un poco; Lorca les dice que en el segundo acto podrán salir del teatro e ir a un lugar donde verán muchos niños muertos. Este segundo acto no llegó a escribirlo Lorca.

Dirigiéndose a su público burgués, Lorca les comenta de inaugurar una nueva forma de hacer teatro en que lo importante será decir la verdad, aunque sepa que esta no gusta a los que suelen ir a los teatros:

“Venís al teatro con el afán único de divertiros y tenéis autores a los que pagáis, y es muy justo, pero hoy el poeta os hace una encerrona porque quiere y aspira a conmover vuestros corazones las cosas que no queréis ver, gritando las simplísimas verdades que no queréis oír”.

Las verdades de Lorca son tan reales como “la lujuria, las monedas que lleváis en el bolsillo, o el cáncer latente en el hermoso seno de la mujer”.

Lorca debe enfrentarse al público burgués, que no gusta de conocer la verdad: “ Todo lo que hacéis es buscar caminos para no enterarse de nada. Cuando suena el viento, para no entender lo que dice tocáis la pianola; para no ver el intenso torrente de lágrimas que nos rodea, de encajes las ventanas; para poder dormir tranquilos y acallar al perenne grillo de la conciencia inventáis las casas de la caridad”. Un espectador le dice que el paga y que en el teatro se va a ver lo que él quiera. Lorca le replica que en realidad lo que tiene es miedo al pueblo y le invita a irse:

“Váyase, en su casa tiene la mentira esperándolo, tiene el té, la radio, y una mujer que cuando lo ama piensa en el joven jugador de fútbol que vive en el hotelito de enfrente”.

Para hacer patente la verdad, como todos los periódicos nacionales se habían hecho eco de que unos días antes una mujer y su bebe (pegado al pecho exhausto de la madre) se habían muerto de frío y hambre en una plaza de Madrid, esto es lo primero que Lorca espeta a su público burgués, como ahora le hubiera lanzado de las personas que se tiran del cuarto piso cuando las van a embargar. Dice así: “En una pequeña habitación una mujer murió de hambre. Sus dos niños hambrientos también jugaban con las manos de la muerta, tiernamente, como si fueran dos panes amarillos. Cuando llegó la noche los niños descubrieron los senos de la muerta y se durmieron sobre ellos mientras se comían una caja de betún”.

Se enteran entonces de que ha estallado la revolución y la reacción fascista. La señora burguesa teme por sus hijos. Lógicamente, aquí hay que contraponer los dos niños anteriores con los hijos de la señora burguesa, de la misma manera que para disgusto del actual presidente del Congreso, Sabino Cuadra por un lado recuerda los que se suicidan por no tener vivienda y por otro lado lanza un ¡Viva irónico! a aquellos que tienen un chalet en la playa con veinticinco habitaciones y que nunca serán desahuciados. Dice la señora burguesa:

“¡Ay! ¡Mis hijos! Estoy segura que asaltarán la casa y como están solos con la institutriz y los criados ¡Los Matarán!”

Piensa la mujer rica que los obreros matarán a sus hijos (ya se sabe, que para las buenas gentes, sólo los obreros mataban durante la República y la Guerra Civil). Una voz responde que “Los obreros no han hecho nunca, ni lo harán jamás” Lorca defiende de esta manera a los obreros de las críticas que se le harán durante la guerra civil, e indica que son los futuros aviones de los nazis en España el auténtico peligro, y así Nik-Botto exclama: “He visto venir cuatro aeroplanos”. Y luego se comenta: “Los aeroplanos va a comenzar el bombardeo”. En la Guerra Civil española fue la primera vez que la aviación bombardeó implacablemente ciudades. Prodigioso en su visión del futuro el admirable Lorca.

Entonces la señora, como tantas “Señoras” de la Guerra Civil y de la posguerra, dice que los revolucionarios matan a los niños y les sacan los ojos, hasta trescientos en un solo día. Lorca se cabrea ante estas futuras calumnias de los franquistas a los obreros rojos y grita: “¿Quién se lo contó?¿Qué infame manchó su lengua con esa pesadilla? ¡Conteste!”

El espectador burgués amonesta a Lorca y le pide que se porte como un caballero, a lo cual el poeta responde: “Yo no soy un caballero ni quiero serlo”.

Lógicamente, la señora lamenta que pueda morir su hijo que sabe inglés (en aquella época los niños de los ricos sabían francés, no inglés, pero Lorca, que había vivido en New York sabía perfectamente que la cosa cambiaría): “Es rubio y todas las mañanas entra cantando una canción inglesa para despertarme”. Por cierto, en su estancia en New York, Lorca había ido para recibir clases de inglés. Sólo visitó las aulas universitarias a aprender inglés varios días y se olvidó del tema. Tenía mucho que hacer y trabajar y desde luego no estaba dispuesto a perder el tiempo aprendiendo inglés.

Además de los aviones, Lorca sabe que los futuros fascistas traerán a Dios consigo. Cuando un leñador le pide al espectador burgués que se defienda de los bombardeos, éste le dice: “¡Dios está conmigo! Soy del ejército de Dios y cuento con su ayuda. Cuando muera le veré en su gloria y me amará. Mi Dios no perdona. Es el Dios de los ejércitos, al que hay que rendir pleitesía por fuerza porque no hay otra verdad”.

Y Lorca sabe lo que harán los futuros franquistas con los obreros: “iluminaré la sombra para cargarte de cadenas “. “La mala hierba se arranca así”. Un obrero entra en escena, vestido de mono y con el brazo en alto. Grita ¡Camaradas! Y el burgués le pega un tiro y lo mata. Cuando las mujeres llaman asesino al filofalangista, este ordena: “¡Que los acomodadores saquen a esa gente que impide la representación!”. Es decir, quitar espectadores de en medio para poder matar tranquilo a los obreros.

Lorca, conociendo el espíritu feminista de la República (en Cataluña durante la Guerra Civil se suprimió la prostitución), sabe lo que pasará con las mujeres obreras en la posguerra. El filofalangista se queja de que ahora las mujeres están muy caras, pero no le cabe duda que cuando ganen la futura guerra bajarán los precios: “Carísimas, pero día vendrá, y creo que está próximo, en que las tengamos baratas como antes. Mis antepasados las tuvieron a pares”.

Un joven le indica que matará mucha gente durante la guerra, ya que se ha podido comprobar que es un buen tirador y que los años en que vuelvan a gobernar los fascistas serán como los anteriores: “¡Tiempos felices! ¡Por cierto le felicito porque veo que es usted un magnífico tirador”.

Lorca sabe quiénes van a protagonizar la futura Guerra Civil: los alemanes y el ejército africanista de Franco, y así dice el espectador filofalangista respecto a su puntería: “Tuve de maestro a un teniente alemán que había hecho todas las guerras africanas. Su único objetivo era el hombre. Matar un pájaro lo llenaba de irritación”

Cuando el tramoyista indica que el pueblo ha roto las puertas, que está en Revolución, Lorca se pone de parte del pueblo combatiente y exclama: “Decid la verdad sobre los viejos escenarios. Clavad puñales sobre los viejos ladrones del aceite y el pan”. Por cierto, hoy día esos ladrones siguen robando al pueblo el aceite y el pan.

Lorca expresa al final su indefectible deseo: “El teatro se ilumina de rojo”

Bueno, pongo punto y final tras estos breves párrafos reseñados ¿Seguís pensando que a Lorca lo mató Bernarda Alba?

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