octubre 30, 2020

Futuro de Venezuela, Estados Unidos tiene clara la película

por: Eduardo Paz Rada

La inmediata reacción del gobierno de Estados Unidos manifestando sus dudas y su velado desconocimiento de los resultados de las elecciones presidenciales realizadas en la República Bolivariana de Venezuela, el pasado 14 de abril, es parte de una estrategia de desestabilización y guerra por distintos medios, aplicada antes, ahora y en el futuro, en contra de la Revolución Bolivariana iniciada por el comandante Hugo Chávez y que, luego de su lamentable fallecimiento, Nicolás Maduro toma la posta para su continuidad, contando con el respaldo del pueblo venezolano que se expresa en las calles y en las urnas.

Mientras el portavoz del Departamento de Estado, Patrick Ventrell, el 16 de abril desde Washington pedía el recuento de votos para “resolver las irregularidades del voto”, el candidato derrotado Henrique Capriles llamaba al “cacerolazo” y la movilización de sus huestes, con la consecuencia inicial de siete personas muertas y mas de tres centenas heridas por la acción de grupos de choque organizados que actuaron violentamente en distintas regiones del país. Lo evidente es que los millonarios recursos económicos provenientes del país del norte, junto a Fundaciones, ONGs e instituciones para-partidarias de EEUU, sirvieron tanto para la campaña electoral opositora, como para los actos programados posteriormente.

Inclusive el gobierno de Barack Obama pidió a la Organización de Estados Americanos (OEA), como en el pasado cuando manipulaba este organismo, que demande el recuento de votos, sin embargo, a pesar de la inicial duda de su Secretario General José Miguel Insulza, la presión de la gran mayoría de los países miembros obligó a Insulza a manifestar el reconocimiento pleno al presidente Maduro.

El problema para los poderes imperialistas de Estados Unidos es que la persistencia del proceso revolucionario bolivariano y nacionalista, orientado al socialismo del Siglo XXI y que abre las perspectivas de la construcción de la Patria Grande latinoamericana y caribeña, se ha convertido en el asunto de Estado más importante en el que tradicionalmente fue su “patio trasero” y que fue demarcado, ya en 1823, por la Doctrina Monroe bajo la consigna “América para los Americanos”. Estos poderes no admiten que, con soberanía y autodeterminación, los pueblos oprimidos y semicolonizados elijan el camino histórico que consideran más adecuado a sus intereses.

Venezuela es una amenaza al imperio por su importancia geográfica a menos de tres mil kilómetros de distancia, sus grandes recursos y reservas petroleras, su revolución bolivariana, sus relaciones internacionales independientes y su política de unidad de “nuestramerica latinoamericana y caribeña”, como la llamó el comandante Chávez, y por tanto debe ser desestabilizada y mantenida en jaque permanente.

El paciente y largo trabajo de más de quince años de Hugo Chávez para impulsar procesos de integración y acercamiento de los pueblos y gobiernos de la región en la perspectiva de construir la Patria Grande está dando sus frutos, uno de ellos precisamente ha sido la inmediata reacción de prácticamente todos los gobiernos de América Latina y el Caribe reconociendo la victoria de Maduro y del Gran Polo Patriótico (GPP) enfrentando la posición intervencionista de Washington y dando un espaldarazo a la decisión del pueblo venezolano. Esto ha significado el aislamiento mundial de Estados Unidos al respecto puesto que desde los cinco continentes se respaldó los resultados electorales.

No podía ser de otra manera ya que en los últimos años con la unidad regional se derrotó el proyecto de la Alternativa de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y sus Tratados de Libre Comercio (TLC) de los Estados Unidos, movimiento en el que participaron organizaciones populares, sindicatos, gobiernos, presidentes y personalidades de todos los ámbitos de actividad. Luego se fueron construyendo distintas instancias de integración y unidad como la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) con el impulso de varios gobiernos y el rol dinamizador de Chávez.

Los resultados electorales, sin embargo, requieren de un balance crítico. La reducción de más de 600.000 votos entre la elección de Chávez en octubre de 2012 y la de Maduro en abril de 2013 y el ascenso en mas de 700.000 votos de Capriles tiene que ver tanto con las características de los discursos electoralistas de marketing de los candidatos, dejando en un tercer plano el debate político; como con la existencia aún de fuertes bolsones sociales conservadores influenciados por los medios de comunicación y las campañas millonarias y con las debilidades del propio proceso revolucionario bolivariano, como lo advirtió el comandante Chavez en la reunión de ministros del 7 de octubre del año pasado.

Es una llamada de atención y un desafío al flamante gobierno de Nicolás Maduro, los que fueron remarcados por Chávez en octubre: debilidad en la organización de las comunas populares en todos los rincones de Venezuela, el abuso retórico del término socialismo, el limitado avance de las empresas estatales, colectivas y socialistas en un mar de capitalismo que los rodea, la descoordinación entre los ministros, la burocracia y falta de eficiencia en las tareas asignadas y la ausencia de un sistema nacional de medios de comunicación que combata las campañas imperialistas.

A su vez presidente Maduro, en conferencia de prensa con la prensa nacional e internacional realizada el pasado 15 de abril, mostró la calidad y potencialidad de su liderazgo marcando los principios del gobierno bolivariano y las tareas que llevará adelante junto a su partido, su equipo político y su pueblo, en el marco de la proyección continental y mundial. Manifestó que se dará continuidad al proyecto iniciado por el comandante Chávez, se profundizarán las tareas de construcción del socialismo del siglo XXI y se avanzará en las relaciones antiimperialistas en todo el mundo.

Si el imperialismo y su estrategia están claras, corresponde una respuesta de similar envergadura de parte de la revolución y de los procesos de liberación, en distintos ritmos y niveles, que se producen en América Latina. Las tareas internas están vinculadas a la profundización del proceso bolivariano y las externas al fortalecimiento y coordinación de la unidad latinoamericana y caribeña.

La presencia de los Presidentes de países de América Latina y el Caribe y de otros del Tercer Mundo en la posesión de Nicolás Maduro es la primera respuesta unitaria ante la ofensiva que se avecina y será más dura porque la crisis que afecta a la hegemonía norteamericana y a la economía europea, por una parte, y a la ofensiva comercial de las nuevas potencias como China y la India, por otra, requieren de mayor cohesión y profundización del proyecto de liberación y construcción del socialismo de la Nación Latinoamericana.


* Eduardo Paz Rada es sociólogo boliviano, Director de la Carrera de Sociología de la UMSA y co-Director de la Revista Virtual Patria Grande.

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