octubre 26, 2020

Con relación al incremento del salario mínimo nacional. Indicadores de la Economía de la Felicidad… para medir y evaluar el sumaj qamaña (“vivir bien”)

por: Fernando Arenas Silvetty

El DS 1549, que determina un incremento de 20% en el salario mínimo nacional y 8% para el básico, levanta la vieja réplica de los economistas tradicionales de convocar al fantasma de la inflación y la inducción al desempleo en el sector privado, principio correspondiente a la curva de Philips, pero olvidan su propio paradigma fundamentado en la relación entre el incremento del ingreso y la cantidad demanda de un bien, que podría complementarse con el equilibrio de mercado basado en el salario real, según M. Friedman, que fomentará el consumo de aquellos bienes propios del diario vivir del individuo, satisfaciendo con ello en mayor proporción sus necesidades.

De verificarse esta teoría se producirá entonces un aumento del bienestar total y una reducción de la desigualdad, lo que permitirá que las capas sociales de renta inferior crezcan más rápidamente que las superiores [1], aunque ello no elimina el problema de la concentración de la riqueza social en manos de unos pocos empresarios, fenómeno que se comprueba en el análisis del coeficiente de GINI (que mide la desigualdad económica), que en el caso de Bolivia tiene el índice de desigualdad más alta de Latinoamérica, haciendo por ello una reflexión sobre la microeconomía de la gente de a pie con referencia a la distribución, planteando entre otras políticas una nueva ley de pensiones según el economista A. Javier Michel [2].

Preguntémonos entonces si a partir del análisis de la distribución del excedente basado en el incremento del PIB per cápita —que se duplicó durante los últimos siete años—, ¿cómo es posible asimilar que si la escasez genera la desdicha general de la población, la abundancia no necesariamente asegurará la felicidad de la misma? La evolución de los indicadores del bienestar que van desde el PIB per cápita y pasando por el Índice de Desarrollo Humano (IDH) e Índice de Progreso Genuino (IPG), hasta el índice de la Felicidad Interior Bruta (FIB), hacen necesario determinar óptimos medidores que reflejen nuestra realidad.

Al desarrollar los pilares N° 1 (Erradicación de la Pobreza Extrema) y N° 12 (Disfrute y Felicidad Plena de Nuestras Fiestas, de Nuestra Música, Nuestros Ríos, Nuestra Selva, Nuestras Montañas, Nuestros Nevados, de Nuestro Aire Limpio, de Nuestros Sueños) correspondientes a la agenda patriótica del Bicentenario, iniciamos entonces el análisis del indicador para estas metas, para ello vemos a la concepción propia de la Economía de la Felicidad. Determinamos con mayor precisión el estudio de la Economía de la Felicidad a partir del bienestar subjetivo, al cual podemos definir gracias a ello como “satisfacción con la vida”.

Priorizar al bienestar emocional por encima del bienestar material en largos periodos de tiempo podría ser considerado como uno de los objetivos de la Economía de la Felicidad, es en este sentido que tomando los estudios del economista Richard Easterlin (candidato al nobel de Economía 2011) allá por los años 70, se plantea la paradoja que el nivel del bienestar emocional [3] de la población no variará con relación al de otros países donde el ingreso es más alto, siempre y cuando las necesidades básicas estén cubiertas en la mayor parte de la población.

Es entonces que a partir de esta nueva teoría surgen corrientes sobre la relación ingreso-felicidad, con la práctica de estos nuevos índices en varios países, donde se miden la Felicidad Nacional Bruta (FNB) y Felicidad Interna Bruta (FIB), tales indicadores toman como variables al bienestar psicológico, el uso óptimo del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y gobierno. Estos indicadores obviamente tienen un carácter más cualitativo que cuantitativo, razón por la cual se plantea como un reto su medición, indicadores que fueron estudiados por los Premios Nobel de Economía Daniel Kahneman (2002), quien determina la técnica para obtener los datos de este indicador, y Joseph Stiglitz (2001) y Amartya Sen (1998), que ven con detenimiento los elementos de medición subjetivos del bienestar.

Los indicadores para los objetivos de la Economía de la Felicidad determinarían entonces los parámetros de medición del vivir bien, donde también se tomaría también al sumaj jakaña (vivir lo bueno o buen vivir) a partir de un equilibrio individual de la vida que repercutirá luego en lo comunal como un indicador del “vivir bien”, atisbando de esta manera el funcionamiento real y optimo para una Economía Social Comunitaria.

Manuel Castells habla sobre la Economía de la Felicidad, cuyos indicadores ya fueron implementados en el Reino de Bután y otros países, para lo cual sostiene la dependencia de la felicidad de dos factores: las expectativas y la estabilidad de la vida.

Es importante señalar que dos elementos simples para iniciar el estudio de los indicadores de la economía de la felicidad parten por la técnica diseñada por Kahneman, a través del método de reconstrucción del día plasmando las memorias de un día trabajo en un diario. Otro elemento parte de aplicar la técnica de medir la felicidad preguntando simplemente el grado de felicidad a la población de un país cualquiera.

Los indicadores de la Economía de la Felicidad serán el punto de partida para vigilar la vigencia e implementación en macroeconomía del sumaj qamaña, siendo que nunca fueran antes propuestos por las metodologías económicas tradicionales en nuestro país, que plantean en la actualidad como el indicador clave al crecimiento del Producto Interno Bruto, ahora es cuando debe aplicar nuevas técnicas de medición que comulguen con la filosofía de la vida, que es vital para todas aquellas políticas económicas a las cuales tiende el gobierno a fin de buscar el desarrollo con soberanía luchando por el bienestar comunal de la población boliviana y la satisfacción social a través de la visualización de un consumo óptimo, iniciando por necesidades fisiológicas como la alimentación, salud y otros.

Un enfoque de aplicabilidad sobre la actividad económica en Bolivia para la adaptación de estos indicadores podría reflejarse en los efectos que generarán de manera individual la distribución, buscando la superación de la enajenación del trabajo y la lucha por la libertad a partir de la necesidad hecha conciencia, determinando con ello estructuralmente el sistema de organización. Tomemos como ejemplo el hecho de que en Bolivia se inician acciones sobre la redistribución de la riqueza social a partir de que las personas con mayores ingresos ahora pagan más por su consumo, replicando con ello las políticas de incremento salarial proporcional en favor de las clases más desfavorecidas.

Con ello hacemos referencia a ubicar parámetros similares a los del Reino de Bután sobre el desarrollo multidimensional combinando cuatro objetivos: un desarrollo económico-social sostenible y equitativo, la conservación estricta del medio ambiente natural, la preservación y promoción de la identidad cultural, y el buen gobierno garante de la estabilidad institucional y social sobre la que se basa la armonía de la vida cotidiana.

Comprobamos entonces que las condiciones bajo las cuales se adaptarán las aplicaciones de los indicadores de la economía de la felicidad dependen mucho del contexto social en el cual se realizará esta medición. En el caso boliviano, las condiciones son óptimas desde el enfoque de la coyuntura gubernamental, que plasma su filosofía de gobierno en función a los principios del respeto a la vida y la naturaleza, propugnando equidad y solidaridad.

Por donde se vea, concluimos que la lucha entre el bienestar material y el bienestar subjetivo no es tal, sino que surgen como consecuencia de una hacia la otra, es decir, vemos la limitación del bienestar material en un plano de satisfacción propio del utilitarismo individualista, que no determinarían el verdadero grado de desarrollo integral de toda la sociedad boliviana.

Finalmente, recalcamos las similitudes que apuntarían a la finalidad de los indicadores, que se contemplan como eje de las acciones que se llevan en este gobierno, determinando con ello la pertinencia de iniciar el desarrollo de una nueva forma de medición para determinar la real efectivización del “vivir bien” en nuestra sociedad. Queda pendiente el hecho de comprobar si los indicadores de la Economía de la Felicidad darán un resultado favorable a los objetivos y al trabajo de los administradores del Estado Plurinacional, y con ello ver si vamos por buen camino en la consecución del sumaj qamaña.
* Economista

1 Con ello hacemos referencia al efecto derrame o teoría del goteo, donde al producirse un crecimiento económico, parte de éste necesariamente llegará a las capas sociales inferiores.

2 Javier Michel, 2012. ¿Ha cambiado, la desigualdad en Bolivia?

3 Easterlin habla en realidad del nivel de satisfacción de la vida y el cuestionario para determinar cuán feliz es una población.an entonces los par/ems por su consumo, replicando con ello las poln propio del utilitarismo individualista, que no determinar.

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