octubre 22, 2020

El desarrollo: ¿paradigma incrustado en la estructura mental de los intelectuales orgánicos en Latinoamérica?

Ha sido colgado en varios sitios de Internet un artículo del profesor-investigador Eduardo Gudynas, referente a la vigencia de las ideas sobre el desarrollo. Ideas que se resisten a ser radicalmente cuestionadas incluso en aquellos procesos sociales que se muestran como transformadores. Artículo por demás válido para ser tomado en cuenta, temática que debe ser puesto en debates de las organizaciones sociales y los colectivos intelectuales-académicos insurrectos frente al orden civilizatorio en actual decadencia.

Dice Gudynas que, con las ideas sobre desarrollo suceden tediosas rutinas temporales en las que se ponen de moda distintas modalidades en su presentación. Desde su presentación, el desarrollo fue impuesto como el paradigma redentor para todo el planeta, destruido por los conflictos bélicos de la primera y segunda guerras mundiales. Al respecto afirma que:

“Las ideas convencionales sobre el desarrollo se consolidaron después de la Segunda Guerra Mundial. Éstas se basaban en entenderlo como un crecimiento económico continuado, centrado en la apropiación de los recursos naturales y que se expresaba por fases de creciente complejidad”. (Gudynas).


Estas ideas, en los hechos, priorizaron la reconstrucción de los países europeos y del Japón a costa de los recursos naturales y el sacrificio de todo un continente, el africano. Todas las escenas de hambre y miseria que nos conmueven, son el resultado de un proceso de exclusión e injusticias que se hizo a este continente, en nombre del desarrollo. Otras regiones también pagaron la factura de los “desastres de desarrollo”.

Los constructos teóricos sobre desarrollo planteaban un comportamiento ejemplar que había que imitar:

“Las sociedades rurales deberían evolucionar hacia economías industriales, y éstas hacia el consumo y los servicios. De esta manera el desarrollo era un proceso de progreso económico. A su vez, las naciones industrializadas se convertían en el modelo cultural y político que todos debíamos seguir.”(Gudynas).

El camino propuesto por estas construcciones teóricas obliga al camino de la transformación capitalista de los pueblos, una burda imitación a los países del norte, renunciando nuestra propia identidad. No solo se trata de un “progreso economicista” sino de la imposición de una forma de pensar y relacionarse con el entorno natural y social, de un modelo cultural y político controlado desde los centros del capitalismo mundial.

A pesar de las críticas que se hicieron a esta imposición ideológica del desarrollo, este término fue apareciendo insistentemente. Siempre pegado a la necesidad del crecimiento económico y su indicador tradicional del PIB, intento renovarse con diferentes adjetivos adicionales, como: desarrollo humano, desarrollo sustentable, desarrollo y ética, etc., etc. Gudynas afirma al respecto:

“Así como en la película Día de la marmota, todas las mañanas se inician con la crítica al desarrollo convencional, y al llegar la noche todos suponemos que esa vieja idea, caduca y fuente de mil problemas, será abandonada.

Pero al día siguiente, al despertar, nos encontramos ante el desarrollo una vez más, posiblemente con un nombre distinto, pero con su misma esencia. Esto ha generado una nutrida galería de desarrollos: sustentable, endógeno, a escala humana, local, humano, “otro desarrollo”, etc.” (Gudynas).


Estas actitudes de aquellos que reconstruyen e insisten en el sometimiento de nuestros pueblos al desarrollo, es un insulto a nuestra inteligencia y capacidad de construir nuestros paradigmas propios, aquellos que no desprecien nuestras raíces y reconozcan nuestras capacidades y creatividades. No se trata de adaptaciones o pensamientos imitativos, no es que hay que pensar en el desarrollo desde el sur, esa posición es de sometimiento ante lo fracasado. El desarrollo, en su planteamiento teórico y su práctica discriminadora ha fracasado.

Muerte y resurrección es el subtítulo que Gudynas propone en su artículo. Parte en que se crítica la presencia del desarrollo en la identificación de los nuevos paradigmas que se proponen en los procesos de cambio de los países de la región, error que lo explica así:

“Frente a esa crítica, una vez más el desarrollo convencional se adaptó y sus resultados fueron, en Ecuador, reubicar al “buen vivir” como una forma de socialismo (entendido como un crecimiento económico controlado por el Estado), y en Bolivia, concebirlo como la meta de un “desarrollo integral”.(Gudynas).

Concurrimos al derrumbe de aquellos paradigmas, modelos y teorías que han sustentado el orden institucional y civilizatorio del sistema capitalista. Las crecientes injusticias sociales, el deterioro de la Madre Tierra, los conflictos bélicos manipulados para favorecer la acumulación y concentración de los capitales, la discriminación y los bloqueos inexplicables a países que no comulgan las imposiciones y caprichos imperialistas, etc. Todos los hechos claramente visibles ante la opinión pública muestran la necesidad histórica de la caída de este modelo, aún vigente, y de la necesidad imperiosa de un nuevo paradigma. Construcciones críticas y constructivas que expliquen las fuerzas sociales emergentes y los desplazamientos del poder político hacia las masas oprimidas y marginadas del proceso en decadencia.

Este proceso crítico y constructivo, significa el cuestionamiento de cada uno de los aspectos que nos impusieron, de constructos teóricos y lógicas mentales que en los hechos resultaron ser falsas explicaciones y erróneas predicciones, tóxicos que aún hacen de las ilusiones de algunos ingenuos ilustrados.

Este es el caso de las tantas propuestas y teorizaciones del “Desarrollo”, categoría al que hace mención el profesor e investigador E. Gudynas en el artículo que comentamos.

La idea del desarrollo ha sido construido sobre la bases de un fetiche racional-humanístico antropocéntrico, sobre bases mecanicistas y economicistas. Estas ideas del desarrollo plantean hacer del ser humano un ser viviente homogéneo en el pensamiento (ideología) aunque sea heterogéneo en las oportunidades y diverso en sus aspiraciones colectivas o sus prácticas culturales.

Los actuales colectivos de académicos e intelectuales orgánicos a los movimientos sociales y los decisores de la política económica y social de nuestra región, principalmente en los países del ALBA, deben tomar en cuenta estos cuestionamientos críticos para no convertirse en meros sacerdotes de la réplica y la adaptación de constructos teóricos en crisis.


*    Docente Investigador Titular de la UMSA, economista crítico.

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