octubre 27, 2020

El picante Martín

El 25 de mayo de 1781, los españoles ajusticiaron en Toco, Valle Alto de Cochabamba, a Martin Uchu, Kuraka de Sacabamba, cerca del límite entre Cochabamba y Potosí. En quechua Uchu significa ají, picante. Y Martin lo fue para los colonizadores españoles. Acaudilló la rebelión indígena en Sacabamba, Vice parroquia de Paredón. Los indígenas, armados de “garrotes, instrumentos de labranza, hoces, lanzas, y algunas armas de fuego” dieron muerte a dos españoles (uno de ellos un fraile de órdenes menores) y pusieron en fuga a los propietarios esa hacienda y de las vecinas. Pero la labor persuasiva del obispo Ángel Mariano Moscoso sobre los indígenas, y la disuasiva de las tropas españolas, logró impedir que la rebelión adquiriera causes más profundos.

Sin embargo, otros rebeldes en Tapacarí y Arque lograron que Cochabamba quedara aislada pues quedaron cerrados los principales caminos hacia Oruro, y por extensión a La Paz y Cuzco. Cochabamba apenas contaba con “una estrecha callejuela para Chuquisaca” para su abastecimiento, aunque ésta ruta no poseía la misma importancia que la anterior. El pánico, el “miedo social” del que hablan los historiadores franceses, hizo carne entre los habitantes de la región, principalmente entre los amenazados los españoles.

Qué demandaban los rebeldes? Isidro Orosco, indígena también Kuraka, natural de Tapacarí, de unos cuarenta años, nos proporciona una pista certera. Al ser aprendido por los españoles declaró con vehemencia que se consideraba un “soldado” de Tupa Amaru, el rebelde del Cuzco, y que su rey era el mismo Tupa Amaru. No ocultó su propósito utópico de redención y de revertir las relaciones sociales de dominación que lo sujetaban en el mundo colonial. En el mundo que presagiaba y por el que estaba a punto de morir, soñaba que: “Los españoles y los cholos y demás gente menuda le habían de servir (…) y que tales españoles habían de estar al dominio y sujeción de los indios”.

El inca traería un nuevo orden social, y los indígenas se librarían de las cargas y gabelas fiscales impuestas por los españoles como el tributo indigenal, los repartos y la mita, las tierras en manos de los hacendados españoles y criollos, se administrarían en común y se suprimiría el tutelaje de la iglesia católica y resplandecería nuevamente el Sol.

Ni Ucho, ni Orosco, ni los miles de indígenas muertos en Cochabamba en 1781, figuran en la memoria local que sigue aferrada a sus héroes criollos. Hace falta pues escribir una Historia desde abajo y de los y las de abajo.


*    El autor es historiador

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