octubre 27, 2020

Bolcheviques y mencheviques: cuando la historia se repite a 3600 msnm

En el 18 Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx sostiene que la historia se repite unas veces como comedia y otras como tragedia.

Su observación desde el campo de la literatura, hace referencia a que la historia cuando se repite, puede recoger elementos placenteros, humorísticos y festivos con un desenlace feliz y otras veces puede repetirse con un carácter dramático, relevando el enigma del destino humano en su pugna entre la libertad y la necesidad, con un final que lleva a la compasión y el espanto.

La sabiduría china, supo entender las similitudes históricas que se producen en la vida de los pueblos y le añadió una frase referencial que la hace única: con peculiaridades chinas.

Por su parte, la representación del ángel de la historia de Walter Benjamín, tiene la cara puesta en el pasado y por lo que fue, lo mira con espanto, dejándose arrastrar por el vendaval del futuro, contra el que sus alas no pueden ofrecer resistencia.

Estas aproximaciones tienen como objetivo reflexionar acerca del ser de los sujetos que acercan y materializan el devenir histórico y sus pulsiones unas veces cómicas y otras trágicas.

Las revoluciones que sacudieron la humanidad, sin importar su carácter burgués o proletario, siempre tuvieron características propias, que les dieron su carácter específico y se forjaron con una ingeniería política propia y una arquitectura diseñada por sus líderes y caudillos.

Por eso cada revolución es única y esta signada por las circunstancias objetivas y subjetivas en las que se produce. En esas condiciones se producen y se reproducen sus potencialidades y limitaciones. El hacer la revolución, el ser revolucionario, consiste pues en forjar un proyecto político, transformador, amplificando las potencialidades y reduciendo el alcance de las limitaciones.

Las revoluciones no se producen como procesos químicamente puros, sino que expresan puntos de vista, aspiraciones, proyecciones, iniciativas, proyectos personales, de región y de clase. Por tanto, la crítica y la autocrítica deben constituir la metodología más adecuada para el debate interno y externo, para la legitimización de posiciones, para la construcción de hegemonías cimentadas sobre la argumentación, y no solamente como expresión de la verticalidad del poder encargado a los mandatarios del pueblo.

La lucha entre bolcheviques y mencheviques fue una característica de la revolución soviética y se produjo en un contexto histórico único e irrepetible, con soldados y marineros aliados a los obreros en contra del gobierno del Zar Nicolás II; alianza obrero militar que tuvo en la intelectualidad de clase media y campesina otro aliado fundamental, produciendo un debate ideológico absolutamente extenso en el que participaban intelectuales obreros y no obreros de gran talla política.

Estos intelectuales fueron productores de medios de comunicación masiva como el Iskra que contenía cientos de páginas que eran leídas y discutidas, línea a línea, palabra por palabra, en las células del partido, con profundas y demoledoras críticas entre las tendencias antagónicas e irreductibles al interior del mismo partido: los bolcheviques (las mayorías) y los mencheviques (las minorías), que sin embargo reconocían a un solo líder: Vladimir Ilich Ulianov, que desde las épocas de la clandestinidad fue más conocido como Lenin.

A la muerte de Lenin, la herencia del liderazgo fue el principio del fin de la revolución soviética, donde una tendencia se impuso y anuló a la otra llegando a asesinar a sus líderes para imponer su hegemonía. Esta hegemonía duró lo que duró su ideología.

Los bolcheviques extirparon a los mencheviques del escenario político para producir un pensamiento hegemónico y vertical expresado en el centralismo democrático. La crítica menchevique al oportunismo de derecha y al burocratismo, en otras críticas, terminó anunciado a futuro el origen y causa del fracaso de un potente proceso revolucionario, originando la caída de la poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Convocamos fraternalmente a los bolcheviques del Proceso de Cambio, para estudiar y no copiar la historia, evitando que esta se reproduzca una vez más como tragedia.


*    Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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