octubre 28, 2020

La masacre de San Juan: lecciones para el nuevo tiempo

por: Gastón Núñez

El 24 de Junio de 1967, quedó en la memoria del pueblo boliviano y el mundo entero como uno de los episodios más cruentos de nuestra historia. Una historia que no figura en las páginas oficiales de la novela nacional, aunque se mantiene viva en la memoria colectiva y se la transmite a través de la oralidad, de generación en generación.

Esa masacre se dio en el gobierno del entonces Gral. René Barrientos. El objetivo central sería derrotar al movimiento obrero, que venía resistiendo con creciente fuerza el giro proimperialista de los gobiernos del MNR y “poner orden” en el país de acuerdo a los planes norteamericanos.

Barrientos a lo largo de su gobierno, buscó construir una base de apoyo social a sus planes contrarrevolucionarios con una demagogia antiizquierdista y el llamado “pacto militar-campesino”, que estableció con la burocracia oficialista de los sindicatos del agro.

Las minas en los años 60

Fue la época en que el movimiento obrero resistió al embate de la rosca y los empresarios, particularmente en Siglo XX, la ex mina de Patiño y principal centro minero del país, donde trabajaban entonces más de 5.000 obreros, la “flor y nata” del proletariado minero.

Siglo XX había sido también vanguardia en el proceso de ruptura con el MNR durante los años siguientes. Siglo XX era ahora el puntal de la resistencia en las minas, que se extendía poniendo en pie “sindicatos clandestinos” y hasta haciendo asambleas en lo profundo de los socavones.

Entre tanto, desde marzo de 1967 operaba en la zona de Ñancahuazú el foco guerrillero dirigido por Ernesto “Che” Guevara, lo que conmovió al país y tuvo gran repercusión internacional.

La masacre de San Juan fue, en última instancia, una medida estratégica preventiva dispuesta por René Barrientos Ortuño y sus asesores estadounidenses, precisamente para evitar que se constituya y articule un nexo entre mineros y guerrilleros.

En este marco, el gobierno decidió aplicar un castigo ejemplar a los mineros y despejar el riesgo de un mayor ascenso obrero, cuando quería concentrarse en el aniquilamiento de la guerrilla del Che. De hecho, la masacre minera sería justificada con el pretexto de “combatir el proceso subversivo”.

Los hechos

En la madrugada del 24 de junio, se debía realizar el Ampliado Nacional de Mineros, en Siglo XX, donde iban a iniciar protestas contra la rebaja de un 50 por ciento de salarios; y el aporte económico y voluntario para la guerrilla del Che Guevara para derrocar al gobierno y la posibilidad que emerja un foco guerrillero en las minas, lo que habría que frenar lo antes posible, con las armas.

Cuando aún no se habían apagado las fogatas de la Noche de San Juan, el ejército lanzó un asalto en regla contra los mineros desprevenidos.

“Aproximadamente a las 5 de la madrugada del 24 de junio, fracciones del regimiento ‘Ranger’ y de la Policía Minera ocuparon los distritos mineros de Catavi y Siglo XX produciéndose tanto en la ocupación como en las fricciones armadas con los trabajadores, 16 muertos y 71 heridos.

Mientras los trabajadores y sus familias se encontraban aún alrededor de la fogata de San Juan, esa madrugada se escucharon nutridos disparos de fusilería, ametralladoras y explosiones de dinamita, que se prolongaron hasta las 6.30 horas.

El fuego provenía de las faldas del cerro San Miguel, por donde descendieron fuerzas del Ejército para ocupar los campamentos, dándose en esta acción las mayores bajas, sobre todo en el campamento denominado ‘La Salvadora’.

Las fuerzas del Ejército llegaron hasta la Plaza del Minero y ocuparon la sede sindical y Radio ‘La Voz del Minero’. En este último local había trabajadores que resguardaban sus instalaciones y con quienes chocaron los ocupantes”. (Relato de: Víctor Montoya, testigo de la Masacre).

Un dato importante es la acción que toma el dirigente minero Rosendo García Maisman quien desde la sede del sindicato y la radio “La Voz del Minero”, parapetado detrás de una ventana, alerta a la población y la defendió con un viejo fusil en la mano, hasta que en medio de la balacera lo asesinan.

La matanza duró varias horas bajo el sol del 24 de junio. Los muertos se desangraban junto a las cenizas de las fogatas y los heridos acudían al hospital, mientras las madres, aterradas por los disparos y los gritos, intentaban calmar el miedo y el llanto de sus hijos.

“La masacre fue ejecutada por órdenes expresas de René Barrientos Ortuño, cuyo gobierno bajó los salarios a niveles de hambre, desabasteció las pulperías, prohibió el fuero sindical y desató una sañuda persecución contra los dirigentes políticos y sindicales, con el propósito de destruir sistemáticamente el eje principal de la resistencia en el seno del movimiento obrero” (testimonio de Víctor Montoya).

La Masacre de la Noche de San Juan nos dejo varias lecciones, porque evidenció una de las maneras de estructuración del poder, del estado colonial, del gobierno y sus “roscas”, las cuales seguirían su curso hasta llegar al “banzerato”, la dictadura garcíamesista, los años de la “democracia pactada”, el tiempo neoliberal y de su crisis en las primeras rebeliones de inicios de este nuevo siglo.

Pero también nos indicaría con claridad que esa estrategia del imperio persiste, porque si bien en ese tiempo estuvo detrás de la figura del Che, hoy lo esta en la conspiración a los procesos de cambio en América Latina, tratando de fracturar los gobiernos, tal el caso de Bolivia en 2008 con el apoyo a los grupos separatistas y las logias cruceñas.

La masacre de San Juan, hoy más que nunca nos debe ayudar a entender el proceso de cambio que vivimos, exhortando al movimiento minero a no fracturarse por apetitos individuales o colectivos, pero por sobretodo a pensar que este momento histórico, antes que debilitarlo, debe ser fortalecido.


*    Gastón Núñez, es comunicador y conductor del programa “Memorias de Nuestra América” que se emite por radio.

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