octubre 19, 2020

El gran hermano imperial y el silencio cómplice

El gobierno norteamericano ha invadido la privacidad de ciudadanos no sólo de su estado, sino de muchos países y, lo más curioso es que los defensores de los derechos y las libertades individuales, los medios y los gobiernos proimperialistas han eludido el tema, con un silencio cómplice que pone una vez más en evidencia su sumisión a los dictados imperiales.

Se ha desviado el tema denunciado por Edward Snowden, un operador de la NSA (inteligencia norteamericana), llevándola al terreno que su gobierno desea, únicamente criminalizando su accionar, pretendiendo ignorar la agresión imperial a sus ciudadanos y al mundo entero, que dio origen a las denuncias.

El espionaje es parte de la historia misma de la humanidad, pero siempre se ha mantenido como una actividad secreta, supuestamente prohibida y éticamente cuestionable. Parece que esos tiempos pasaron a la historia y quedaron para las novelas y películas del romanticismo secreto del espionaje. Hoy las cosas han cambiado, el cinismo imperial se pone en evidencia, cuando acepta que espía, que viola la intimidad y la privacidad de sus ciudadanos. Pero más grave aún es que desde los medios y desde muchos gobiernos se trate de justificar, bajo el argumento de que siempre se lo hizo y que no tiene nada de extraordinario.

Es cierto que el gobierno norteamericano realiza estas prácticas desde hace mucho tiempo, para no ir muy lejos basta recordar el sistema de vigilancia satelital Echelon, que desarrolla vigilancia política y diplomática, el cual se encuentra en ejecución desde hace más de dos décadas y cuenta con la participación del Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Pero la intervención denunciada en esta ocasión, va más allá de lo habitual, ya que han invadido solapadamente, aunque seguramente con el consentimiento de ciertos grupos empresariales, la privacidad de las redes sociales y de los correos electrónicos, poniéndonos ante la materialización de lo imaginado por George Orwell en su novela 1984, colocándose el imperio en calidad del Gran Hermano, omnipresente y vigilante, como parte central de una sociedad distópica, en la cual los seres humanas pierden su cualidad de tales para convertirse en entes casi autómatas, piezas de una enorme maquinaria llamada civilización occidental.

A nombre de la defensa de la libertad y la democracia se pretende hacernos creer que ahora Snowden y antes Bradley Marning, son delincuentes y que lo que han denunciado, la información que han filtrado puede convertirse en una amenaza contra esa civilización occidental, y amenazan desafiantes a quienes pretendan darles protección o asilo.

No he conocido que ninguna organización de defensa de derechos humanos, ni dentro ni fuera de Bolivia, aquellas que se rasgan las vestiduras ante cualquier situación que involucre a los gobiernos progresistas y revolucionarios, especialmente los de nuestra región, hoy guardan un silencio cómplice y se afirman que lo que hace Estados Unidos está bien, porque no pueden decir otra cosa, es lo que les han instruido que digan.

Hay que denunciarlo en todos los ámbitos y hay que decirle a la gente que lo que hace el imperio está en contra de los más elementales derechos de las personas, que está vulnerando los principios fundamentales de la convivencia humana y de la democracia que dicen defender, que nos está privando de nuestra libertad individual y eso no lo podemos, ni debemos, permitir. Es parte de nuestra lucha por libertad, soberanía y dignidad.

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