octubre 22, 2020

La cuestión libre-pensante

No queda duda, la cuestión de los librepensadores merece tomarse con atención, no por las personas que están en escenario y el show mediático que protagonizan, sino porque develan los horizontes subjetivos en determinados segmentos intelectuales y de clase media al interior de la estructura gubernamental y el propio MAS – IPSP.

Como se sabe, la evidencia empírica, la reflexión teórica y el análisis de coyuntura permiten perfilar la acción política necesaria para los horizontes históricos de nuestra revolución y no al revés.

Recordemos que el término “librepensadores”, fue usado por el Vicepresidente Álvaro García Linera para referirse a determinadas conductas de indisciplina al interior de la bancada masista en la Asamblea Legislativa. Este calificativo, fue rápidamente atrapado por varios “desertores” para convertirlo en su autodesignación positiva y desde esa torre, construir su escenario mediático a la vez que el despliegue táctico con los asambleístas disidentes al interior de la bancada masista que tienen en Rebeca Delgado una expresión fuerte.

¿Porqué los hechos están de ese modo y no de otro? Es la pregunta orientadora en este artículo.

Recordemos que Raúl Prada, Alejandro Almaraz y Rebeca Delgado, como cabezas visibles de los librepensadores tienen lugares comunes que conviene tener presente.

Todos ellos No Son del MAS – IPSP, es decir no tienen militancia orgánica con el brazo político de los movimientos sociales. Todos ellos fueron invitados para ocupar altísimos cargos políticos ya sea en la Asamblea Constituyente, el ejecutivo o el legislativo. Estos comprometidos lograron cargos que una enorme cantidad de cuadros duros de la militancia masista ni siquiera pueden aspirar o imaginar.

Raúl Prada fue constituyente al igual que Rebeca Delgado; ambos fueron Viceministros, Prada de Planificación Estratégica y Economía Plural, Delgado de Coordinación Gubernamental (brazo derecho del Ministerio de la Presidencia), llegó a ser Presidenta del Parlamento Andino y Presidenta de la Cámara de Diputados en la Asamblea Legislativa.

Alejando Almaraz fue Viceministro de Tierras y en su tiempo uno de los más cercanos al presidente y el vicepresidente en materia de tierras.

A estos librepensadores visibles, se les suman otros menos visibles en lo mediático nacional, el primero es Rafael Puente, quien fue Viceministro de Régimen Interior en el Ministerio de Gobierno y luego Prefecto del Departamento de Cochabamba (en ambos casos salió renunciando), responsable de la escuela itinerante de formación política del MAS IPSP y hoy hombre fuerte del colectivo urbano LA CUECA. Filemón Escobar fue Senador del viejo Congreso de la República, hoy también parte de la estructura política alrededor de Rafo Puente. Javier Medina fue gerente de la Secretaria Nacional de Participación Popular en los tiempos del Goni, hoy responsable de la “descolonización imposible” como parte de la malla curricular de LA CUECA. Curiosa alianza permitida por el Rafo, preguntarían muchos de quienes fueron parte de la “escuelita”.

Todos estos ex-compañeros, hoy tienen tirria al gobierno y el MAS -IPSP.

Aprovechan cuanto escenario mediático se les abre y —como en el caso de Raúl Prada— publican prolífica y promiscuamente, con un estilo que confunde a los cerebros mejor entrenados en epistemología.

Pero lo importante no está ni en los cargos que ocuparon, ni en su táctica mediática en la coyuntura, sino en el fondo de todo lo que acontece.

Y el fondo está en el oportunismo de la clase media. Históricamente la clase media se cuelga de toda revolución que se muestra como victoriosa y se cuelga porque posee capital cultural, experiencia en la administración del Estado, cierto manejo de ramas administrativas y formación para aprender de modo acelerado las condiciones políticas dominantes.

Pasó en la guerra de la independencia y “los doctores dos caras”; pasó en la revolución del 52 y los “parientes pobres de la burguesía”; pasó el 82 y la “izquierda conspiradora”, pasa con nosotros hoy… y nuestra izquierda pedigrí…

Y no es que la clase media sea una secta satánica, o algo por el estilo, sino que su construcción subjetiva parte de un supuesto: Si eres clase media aspiras ser de clase alta. Aspiración natural a todas luces, a eso los teóricos norteamericanos le llaman “movilidad social” (Weber)

Por ello los viejos revolucionarios recomendaban a las clases medias (pequeñas burguesías) a suicidarse como clases medias para convertirse en la primera línea intelectual y orgánica de la revolución.

Para que eso suceda la clase media, primero tiene que reconocerse en su voluntad como socialista-comunitaria y con ello admitir la historicidad victoriosa del programa constitucional. Segundo, debe admitir que lo indígena-originario-campesino constituye el sujeto histórico, vanguardia ideológica y programática del país o sea que no es un sobresalto pasajero como se rumorea en algunos pasillos estatales. Tercero, la clase media debe asumirse enormemente responsable de los rumbos que toma la revolución y no reproducir el viejo funcionario público aséptico, sin motivación política y sin hambre de historia y dignidad (Juan Ramón Quintana los denominó paquidérmicos, indolentes e insensibles). Cuarto la clase media —que somos muchos— debe verse asimisma como un importante caudal electoral que la convierte en un factor gravitante de la revolución democrática y cultural.

Aquí, conviene recordar las palabras del Ché sobre las cualidades del cuadro político: “¿Qué es un cuadro? Debemos decir que, un cuadro es un individuo que ha alcanzado el suficiente desarrollo político como para poder interpretar las grandes directivas emanadas del poder central, hacerlas suyas y transmitirlas como orientación a la masa, percibiendo además las manifestaciones que ésta haga de sus deseos y sus motivaciones más íntimas. Es un individuo de disciplina ideológica y administrativa, que conoce y practica el centralismo democrático y sabe valorar las contradicciones existentes en el método para aprovechar al máximo sus múltiples facetas; que sabe practicar en la producción el principio de la discusión colectiva y decisión y responsabilidad únicas, cuya fidelidad está probada y cuyo valor físico y moral se ha desarrollado al compás de su desarrollo ideológico, de tal manera que está dispuesto siempre a afrontar cualquier debate y a responder hasta con su vida la buena marcha de la Revolución. Es, además, un individuo con capacidad de análisis propio, lo que le permite tomar las decisiones necesarias y practicar la iniciativa creadora de modo que no choque con la disciplina. El cuadro es la pieza maestra del motor ideológico…”

Nuestros libre-pensantes no asoman, ni pálidamente, a esta descripción preciosa del Ché sobre el cuadro político. Fidel Castro por su parte nos da una lección política sumamente fuerte sobre las cualidades fundamentales del revolucionario que tanto los libre-pensantes como muchos de nuestros compañeros olvidan olímpicamente, el comandante señala: “El revolucionario no concibe cosas imposibles, el revolucionario concibe cosas posibles. Pero la voluntad del revolucionario no se detiene jamás ante lo que concibe posible, y es un problema de voluntad, es un problema de firmeza, es un problema de convicción, es un problema de confianza. Y los hombres que conciben posibles con la inteligencia las cosas, y no las conciben con la voluntad, no pueden ser revolucionarios, no son revolucionarios. Revolucionarios son aquellos que las conciben con la inteligencia y las realizan con la voluntad. Y esa fuerza, el tesón, la voluntad del revolucionario es lo que lo caracteriza, porque no es revolucionario el que se proclama a sí mismo como revolucionario, o quien comprende teóricamente un problema y solamente de una manera teórica, sino quien es capaz de llevarlo a cabo de una manera práctica, de una manera real”.

Marcelo Quiroga Santa Cruz sentenció de modo magistral: “No soy socialista por mi clase sino a pesar de ella”.

Si el cuadro político es todo lo que Quiroga Santa Cruz, Ernesto Ché Guevara y Fidel Castro señalan, ¿estarán los libre-pensantes en el camino de la revolución? O solo son poses mediáticas para consumo de cándidos?

Estas dos preguntas son a la vez respuestas que están a la vista.

Los libre-pensantes asumen la pose de revolucionarios en los medios de comunicación, pero no lo hacen contra el imperialismo, sino contra el proceso de cambio, contra determinados cuadros del MAS y toman los hechos como asunto personal.

No toman partido en los asuntos de coyuntura, temas como el mar, la derecha y su desplazamiento, el Bolivia cambia Evo cumple, Alianza para el pacifico, la OTAN, no están en la agenda de los libre-pensantes, curiosa forma de ser revolucionarios de gabinete.

Así se llamen libre-pensadores y tengan congresos nacionales e internacionales su desarrollo hasta hoy nos muestra su evidente falta de pensamiento crítico, que a decir de Erich Fromm es la capacidad de ver los procesos estructurales en su núcleo íntimo: el desarrollo del capitalismo y su correlato con las fuerzas políticas que la sustentan.

Si no lo creen, es suficiente ver la producción teórica de estos compañeros y saquemos conclusiones. Primero no tienen nada en contra del imperialismo. Segundo: su enemigo principal es el proceso de cambio y el liderazgo que contiene. Tercero no tienen nada contra la derecha local y sus planes 2014.

Por ello es el presidente Evo Morales lo dijo con la fuerza que lo caracteriza: No son libre-pensantes, son libre-opositores.

Son como —diría Pedro Calderón—, aquellos que perdieron la línea justo cuando la línea los estaba buscando.

Dicho de forma resumida, la única línea política que les da sentido de vida, es su oposicionismo enfermizo contra el MAS-IPSP y lo que eso significa.

Pasaron de ser gente con línea política a ser gente sin línea.

Estamos en un lugar donde los horizontes nómadas están al frente de procesos revolucionarios.

No existe posicionamiento internacional, no tienen posicionamiento nacional, no tienen posicionamiento regional, con razón Gustavo Torrico les lanzó el desafío para que estos ex compañeros se atrevan siquiera a convocar a una reunión de Junta Vecinal.

Sin pensamiento crítico no puede haber librepensadores, lo que hay son desertores, clase-medieros oportunistas, arribistas, desesperados e indisciplinados. Quebraron su espinazo para servir disimuladamente al imperio y hacerle el favor a sus lacayos locales. Muy pronto los veremos juntitos los dos.

Pasaron de la enfermedad infantil del izquierdismo, al aventurerismo estéril del oposicionismo. Cayeron en la trampa ideológica que la derecha traicionera les preparo hace mucho, pero mucho tiempo atrás. Su contenido de clase.

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