octubre 22, 2020

Proletariado boliviano: entre luchas salariales e incrementos de su productividad

Este artículo no pretende una explicación histórica y valorativa sobre la evolución del proletariado boliviano comoclase en sí y para sí. Más bien, analizaremos al proletariado en su lucha continua por mejoras salariales, en relación a los incrementos de su productividad en la estructura económica. En consecuencia, se debe empezar por reflexionar sobre el mercado de trabajo, y los incentivos dentro la estructura económica y social para los incrementos de la productividad de la fuerza de trabajo.

El proletariado boliviano ha recobrado la fuerza de movilización y lucha de la segunda mitad del siglo XX, que le fue arrebatada por el neoliberalismo. Anecdóticamente, esta fuerza de lucha se manifiesta en el periodo de un Gobierno Popular. Durante el periodo 2006-2013 las presiones por mejoras salariales han ido incrementándose en magnitud y aglutinamiento de sindicatos; el último conflicto fue la lucha por la reforma a la nueva Ley de Pensiones buscando la jubilación con el 100% del salario nominal.

Pues bien, la apariencia del problema muestra una economía con relativo auge, producto de las rentas y excedentes hidrocarburíferos en un contexto de bonanza, con un mercado laboral heterogéneo y salarios resentidos —en su mayoría—. Sí la discusión se resume a este escenario, se entra a un debate insulso entre distribución de rentas ahora y previsión intergeneracional del mañana. Con la primera alternativa, además populista, la estructura económica colapsaría a mediano plazo, y con la segunda se vuelve a encubrir la esencia del problema.

Hagamos el ascenso de la apariencia a la esencia del fenómeno. En este afán, describiremos a nivel general la estructura del mercado de trabajo de Bolivia. Bolivia se compone de un mercado laboral heterogéneo, según UDAPE (2012) la Población Económicamente Activa (PEA)asciende a 5,2 millones de personas en 2009, de las cuales el 3,32% está desocupada —sin embargo según el CEDLA (2012) la tasa de desempleo abierta en 2010 representa el 8,8% de la PEA—. A demás, la heterogeneidad del mercado laboral se manifiesta en la división de la población ocupada en empleos formales e informales, que según el MEFP (2010), representan el 30% y 70% de la PEA respectivamente.

A su vez, el Gráfico (ver gráfico en el PDF adjunto a este sitio) muestra la alta concentración del empleo de la fuerza de trabajo en los sectores intensivos en mano de obra, es decir en sectores con bajos niveles de productividad. Del 92% de personas ocupadas en los sectores intensivos en fuerza de trabajo el 77,4% esta empleada en el comercio, las manufacturas, el transporte, la construcción y el agro, sectores mayoritariamente informales. En consecuencia, la heterogeneidad representa un elemento primordial para la desigualdad económica. En 2007, según estimaciones de Pacheco y Evia (2010), un salario en el sector informal recibe 53,2% menos de un salario en el sector formal; es decir menos de la mitad. Este mismo estudio, devela que la mayoría de las personas ocupadas en el sector formal son profesionales, en contraste la mayoría de la población ocupada en el sector informal tiene solo formación escolar primaria.

Este es el estado de situación, a grosso modo, del mercado laboral de Bolivia. Véase que los sectores aglutinados por la Central Obrera Boliviana (COB) representan solamente el 30% de la PEA. Luego, las luchas por incrementos salariales nominales no cubren a la mayoría de trabajadores subsumidos al capital desde la informalidad.

Ahora bien, sí el salario medio representa el cúmulo de tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de las mercancías que permiten la reproducción de la fuerza de trabajo, este se incrementará en la medida en que el valor de los bienes-salario para un periodo de tiempo reduzcan. En este sentido, los incrementos en la productividad social media del trabajo son primordiales para el abaratamiento de los bienes-salario y el incremento real del bienestar de los trabajadores. (Marx, 2010[1867])

En este sentido, el incremento del salario real depende principalmente de las condiciones tecnológicas de producción y de la destreza media del trabajo. Ambos factores son resultantes del sistema educativo. En consecuencia, los incrementos del salario real pasan por una verdadera revolución educativa enfocada a la investigación científica-tecnológica y la capacitación de la fuerza de trabajo.

Hasta la actualidad el sistema educativo ha sufrido consecutivos deterioros, y más recientemente la distorsión en los incentivos de la fuerza de trabajo potencial para acceder a una educación superior. La crisis internacional y el boom de precios de los commodities han determinado el incremento de los salarios en sectores intensivos en fuerza de trabajo, y además informales, como la minería. Por ejemplo, desde 2008 ante el incremento de los precios internacionales de minerales, muchos albañiles de Potosí migraron a la minería para obtener jornales de más de 100 Bs.-. Por otro lado, según el INE (2012), con el congelamiento y reducción de salarios en el sector público, el ingreso promedio de un profesional urbano descendió de 3.435 Bs.- en 2008 a 2.732 Bs.- en 2009, nivel incluso menor que 2005 cuando este se situó en 2.882 Bs.-

Sí consideramos que el jornal en actividades intensivas en trabajo y de baja productividad es 150 Bs.-, se tiene un ingreso mensual de 3000 Bs.-. Esto implica un gran desincentivo para la formación y capacitación de fuerza de trabajo joven. Por tanto, en la actualidad el sistema educativo se encuentra en crisis al no contar con los incentivos suficientes para formar a las nuevas generaciones que prefieren actividades de baja productividad.

En consecuencia, las luchas proletarias deberían ser el escenario propicio para un gran acuerdo social respecto al sistema educativo que priorice la producción científica y la capacitación de la fuerza laboral —a la altura de la media internacional—, con un marco de políticas gubernamentales que incentiven la formación superior. Los excedentes hidrocarburíferos y mineros provenientes de la coyuntura actual deberían utilizarse para este fin.

Referencias


•    CEDLA. (2012). Dossier de empleo y condiciones laborales. Bolivia.

•    Evia, J., & Pacheco, N. (2010). Una perspectiva económica sobre la informalidad en Bolivia. Bolivia: Fundación Milenio.

•    INE. (2012). Estadísticas de trabajo. Bolivia: Estado Plurinacional.

•    Marx, K. (2010[1867]). El capital. Crítica de la economía política. Tomo I. México: Fondo de Cultura Económica.

•    MEFP. (2010). Zoom económico. Bolivia: Estado Plurinacional.

•    UDAPE. (2012). Dossier de estadísticas sociales y económicas. Bolivia: MPD.


*    Economista (ariel.eco44@gmail.com)

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