octubre 23, 2020

Disculpe, Presidente Evo Morales

Esperé una semana que el gobierno de mi país le pidiera formalmente disculpas por el acto de piratería aérea y de terrorismo de Estado que cometió, conjuntamente con España, Francia e Italia, al no autorizar la escala técnica de su avión en el regreso a Bolivia después de una reunión en Moscú, ofendiendo la dignidad y la soberanía de su país y poniendo en riesgo su propia vida. No esperaba que lo hiciera, pues conozco y sufro el colapso diario de la legalidad nacional e internacional en curso en mi país y en los países vecinos, la mediocridad moral y política de las élites que nos gobierna, y el refugio precario de la dignidad y de la esperanza en las conciencias, en las calles y en las plazas, después de que hace mucho han sido expulsadas de las instituciones. No pidió disculpa. Pido yo, ciudadano común, avergonzado por pertenecer a un país y a un continente que son capaces de cometer esta afrenta y de hacerlo de modo impune, ya que ninguna instancia internacional se atreve a enfrentar a los autores y los mandantes de este crimen internacional.

Mi pedido de disculpas no tiene ningún valor diplomático, pero tiene un valor tal vez superior, en la medida en que, lejos de ser un acto individual, es la expresión de un sentimiento colectivo, mucho más vasto de lo que puede imaginar, por parte de ciudadanos indignados que todos los días juntan más razones para no sentirse representados por sus representantes. El crimen cometido contra usted fue una más de esas razones. Nos alegramos con su regreso seguro a casa y vibramos con la calurosa acogida que le dio su pueblo al aterrizar en El Alto. Crea, señor Presidente, que, a muchos kilómetros de distancia, muchos de nosotros estábamos allá, embebidos en el aire mágico de los andes.

El señor Presidente sabe mejor que cualquiera de nosotros que se trató de un acto más de arrogancia colonial en el seguimiento de una larga y dolorosa historia de opresión, violencia y supremacía racial. Para Europa, un Presidente indio es siempre más indio que Presidente y, por eso, es de esperar que transporte droga o terroristas en su avión presidencial. Una sospecha de un blanco contra un indio es mil veces más creíble que la sospecha de un indio contra un blanco. Recuerde bien que los europeos, en la persona del Papa Paulo III, sólo reconocieron que la gente de su pueblo tenía alma humana en 1537 (bula Sublimis Deus) y consiguieron ser tan ignominiosos en los términos en que rechazaron ese reconocimiento durante décadas como en los términos en los que finalmente lo aceptaron. Fueron necesarios 469 años para que, en su persona, fuese electo presidente un indígena en un país de mayoría indígena.

Más sé que también está atento a las diferencias en las continuidades. La humillación de la que fue víctima ¿fue un acto de arrogancia colonial o de servilismo colonial? Recordemos otro “incidente” reciente entre gobernantes europeos y latinoamericanos. El 10 de noviembre de 2007, durante la XVII Cúpula Iberoamericana, realizada en Chile, el Rey de España, molesto por lo que oía del añorado Presidente Hugo Chávez, se dirigió a él intempestivamente y lo mandó a callar. La frase “Por qué no te callas” quedará en la historia de las relaciones internacionales como un símbolo cruelmente revelador de las cuentas por saldar entre las potencias ex-colonizadoras y sus ex-colonias. De hecho, no se imagina a un jefe de Estado europeo dirigirse en esos términos públicamente a un congénere europeo, cualesquiera que fueran las razones.

El señor Presidente fue víctima de una agresión todavía más humillante, pero no le escapará el hecho de que, en su caso, Europa no actuó espontáneamente. Lo hizo al mando de los Estados Unidos y, al hacerlo, se sometió a la ilegalidad internacional impuesta por el imperialismo norteamericano, tal como, años antes, lo hiciera al autorizar el sobrevuelo de su espacio aéreo para vuelos clandestinos de la CIA, transportando sospechosos camino a Guantánamo, en clara violación del derecho internacional. Señales de los tiempos, señor Presidente: la arrogancia colonial europea ya no puede ser ejercida sin servilismo colonial. Este Continente está quedando demasiado pequeño para poder ser grande sin ser a los hombros de otro. Nada de esto absuelve a las elites europeas. Tan sólo profundiza la distancia entre ellas y tantos europeos, como yo, que ven en Bolivia un país amigo y respetan la dignidad de su pueblo y la legitimidad de sus autoridades democráticas.


*    Traducido del original portugués por Rebeca Peralta Mariñelarena para La Época.

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