octubre 21, 2020

El racismo impregna la cultura

por: Ada Zapata A.

El revolucionario psiquiatra, filósofo y escritor francés Frantz Fanon, el pensador humanista que apoyó la lucha argelina por la independencia y fue miembro del Frente de Liberación Nacional argelino ha influido significativamente en los estudios decoloniales. En el texto Racismo y Cultura de la obra Por la revolución africana. Escritos políticos(1966), nos involucra en una trance que nos atraviesa cotidianamente, moviéndose escabrosamente en nuestra cultura, sumiendo y tentando poderosamente el imaginario del poder de turno “el racismo impregna la cultura dominante”.

En este texto Fanon subraya que existen grupos humanos que habrían evolucionado en culturas jerarquizadas, aunque se habla también de “relatividad cultural”. En todo caso han habido choques culturales: una sociedad jerárquica que asalta “directa y brutalmente” a otra menos organizada. Es así que la cultura que invade se constituye en dominadora. El colonialismo es una consecuencia de esta jerarquización cultural, y el racismo no es sino el elemento más visible de esta estructura. El racismo es un elemento cultural que evoluciona dentro mismo de la cultura que lo engendra. Si bien “antes” se buscaba un fundamento religioso a este racismo, “luego” se usaría la ciencia para buscar una razón biológica: comparación de cráneos, estudio microscópico de la piel, etc. Como ejemplo Fanon cita a escritores contemporáneos suyos como J. Carothers que argumenta “científicamente” en favor de una “lobotomía” del negro en África. Estos argumentos, que son para Fanon de un primitivismo intelectual evolucionan hacia razonamientos más “elegantes”. El racismo evoluciona desde una perspectiva centrada en características individuales (“fenotipos”) hacia un racismo cultural que se centra en valores culturales en conjunto, o estilos de vida.

La percepción del racismo en Europa se ha modificado sobre todo a causa de la irrupción del nazismo que instituyó un colonialismo Europeo en la misma Europa. El “comportamiento” de la cultura opresora pasa por la destrucción sistemática de los valores culturales del pueblo oprimido: lengua, vestido, técnicas. Esta destrucción no se da a nivel individual pero claramente a un nivel organizado: la guerra colonial es un negocio gigantesco y la servidumbre del pueblo oprimido es el principal objetivo. Se presencian entonces toda la gama de acciones violentas en función de ese objetivo: saqueos, expropiaciones brutales, asesinatos, etc. Según Fanon no es parte del objetivo la destrucción total de la cultura oprimida sino más bien “mantenerla en un estado catatónico”, incapaz de reaccionar en una suerte de “momificación cultural”. Esta apatía de los pueblos coloniales es una consecuencia misma de la colonización y no una característica propia de la cultura conquistada. La presencia débil de líderes o instituciones locales facilitan la manipulación del pueblo conquistado y permiten la instauración de regímenes locales “marionetas” afines en todo sentido a la potencia colonial con apenas una fachada de localismo útil para la manipulación.

Adicionalmente ni siquiera la afirmación de los colonizadores de “respetar la cultura de las poblaciones autóctonas” es, según Fanon, sincera sino que más bien oculta una voluntad de objetivizar, “encasillar, aprisionar” a la otra cultura. Al reducir a la “otra” cultura en un objeto exótico se facilita su dominación y se afirma la superioridad de la cultura colonizadora.

El hombre-objeto resultado de este esquema opresivo es un individuo quebrantado, “sin medios de existencia, sin razón de ser”.

La evolución de los medios de producción y la industrialización obligan al opresor a buscar formas de camuflar el racismo continuando con la explotación del hombre colonizado.

Un primer cuestionamiento a la ideología racista nace desde adentro de las naciones colonizadoras, desde la clase trabajadora. El racista entonces o bien se esconde o bien se agrupa en lo que Fanon llama “unión pasional”. Esta creación de grupos alienta un fanatismo racista peligroso en un equilibrio precario entre grupos antagónicos. Entonces surge la ironía y la paradoja, las víctimas son acusadas a su vez de “racismo” por el grupo de fanáticos.

El racismo como tal no es un hecho aislado sino que permea, transforma a “la constelación social”, al conjunto cultural. Fanón pone como ejemplo la importancia de la temática racista en la literatura norteamericana de su época. Por ejemplo las novelas de Wright y también destaca la existencia del Blues como forma de arte nacida de los esclavos negros pero entregada a la admiración de los opresores. El racismo está presente en otras formas de manifestaciones culturales: artes plásticas, literatura, canciones, proverbios, costumbres, publicidad, etc. Por lo tanto “una sociedad no puede ser racista de forma inconsciente”; el racismo esta en cada una de sus manifestaciones.

De nuevo el racismo no es un elemento individual sino es la expresión de la explotación organizada y sistematizada de una cultura sobre otra. Esta explotación está legitimada por la fuerza militar y económica.

El grupo social sometido adopta varios mecanismos de defensa. Una primera reacción es la de negación de la propia raza. El grupo oprimido imita al grupo opresor apropiándose de sus valores y negando los suyos propios, esto como mecanismo de supervivencia, como consecuencia del avasallamiento de su propio sistema cultural. Entonces se produce una “enajenación”, la raza sometida llega a considerar sus antiguos valores como negativos, e incluso peyorativos. Esta enajenación es para los colonizadores una “asimilación”. La asimilación nunca es total, el pueblo sometido tiene que conservar su inferioridad para que la explotación pueda continuar. Cuando la asimilación llega a cierto nivel existe una contestación más consiente a los ataques racistas, pero esta se minimiza bajo anécdotas individuales: “hay algunos racistas pero (…) la gente los ama”, “este país es menos racista”, “Con el tiempo todo esto desaparecerá”. Esta condenación débil se expresa en películas, poemas, mensajes, para Fanon aparentemente inútiles: “Un país colonial es un país racista”.

Para Fanon el racismo es “normal” dentro de una cultura colonizadora como parte del mecanismo de explotación de una cultura sobre otra. Si bien una primera reacción del hombre colonizado es la enajenación-asimilación, luego de comprobar la inutilidad de este esfuerzo, según Fanon, el “inferiorizado” se vuelca esta vez hacia sus antiguos valores. Empezaría entonces un proceso inverso de “redescubrimiento apasionado de la antigua cultura”. Si bien “no es posible una vuelta atrás”, ya que la colonización deja huellas indelebles, sin embargo es posible una revalorización de la cultura originaria.

Igualmente siguiendo la reflexión de Fanon a partir de esta revalorización un pueblo sometido puede buscar el fin de la opresión colonial mediante la liberación total de su territorio. En esta lucha, Fanon señala que la sociedad antes sometida no debe hacer uso de racismo para justificar sus demandas. Esta lucha debería, idealmente arribar a la convivencia enriquecedora de las dos culturas en el reconocimiento mutuo de un relativismo reciproco de culturas diferentes.

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