enero 20, 2021

Política y deporte

Las prácticas deportivas, y en consecuencia lo que se denomina deporte, tienen múltiples orígenes. Juan Rodríguez López (2008), uno de los más destacados historiadores del deporte, divide los orígenes en pre-helénicos y helénicos, es decir en culturas anteriores a la Grecia clásica y lógicamente en la Grecia clásica.

Los orígenes pre helénicos del deporte incluyen Mesopotamia, Egipto y Creta. Culturas y civilizaciones que desarrollaban la praxis del deporte con características paramilitares. Creta fue conocida por encontrarse allí el origen de las corridas de toros, práctica que tomaba elementos religiosos, guerreros y deportivos.

En el caso griego, el antecedente del deporte se encuentra en los juegos agonísticos, es decir en las luchas ritualizadas que fungían como escenificaciones miméticas del estatus social. Sin embargo, el deporte no sólo se desarrolla como una práctica de lucha, sino también como una práctica ética.

Los orígenes griegos de la palabra ethos son muy interesantes, para Bolívar Echeverría “originalmente tuvo, en primer término, el significado de ‘lugar habitual de residencia’ y ‘domicilio’ de personas […] ubicación del sol” (Echeverría citado por Gandler, 2008: 375). El ethos se relaciona directamente con el cuidado de sí, con la idea misma de refugio, guarida o abrigo. La dimensión del ethos en la construcción de la subjetividad se relaciona también con el mundo de la vida. El dominio ético, en consecuencia, incluye al cuerpo para articularlo al campo de la política, a la relación del ser humano con la ciudad o polis.

En el desarrollo de la cultura griega se encuentra el cuidado del cuerpo, la cultura física, en una relación directa con la retórica, la filosofía, el teatro, la música y los juegos agonísticos. Estas prácticas, que se dirigen al cuidado de sí, se desplazan de la esfera privada a la esfera pública o política. El cuerpo con cuidados, el cuerpo atlético será sinónimo de cuerpo aristócrata.

Los juegos agonísticos no necesariamente se relacionan con una pelea o justa entre dos o más individuos, sino que tienen una relación directa con uno mismo, es decir una manera de controlar y dominar el cuerpo y sus placeres para un cuidado de uno mismo. En cierto sentido la pelea, la justa es con uno mismo, con el cuerpo de uno.

El hombre griego capaz de controlar y dominar su cuerpo está capacitado para ocupar cargos públicos. El desarrollo del temperamento, del dominio de uno mismo (llamado en griego: enkrateia) se relaciona directamente con las prácticas de lucha agonística y en consecuencia con los orígenes del deporte.

Como señala Richard Sennett:

Para dominar las potencias que se daban cita en el cuerpo desnudo del joven, sus mayores lo enviaban al gimnasio. La palabra moderna gimnasio procede de gymnoi en griego, que significaba desnudos. El cuerpo desnudo y bello parece un regalo de la Naturaleza, pero recordemos que para Tucídides era un logro de la civilización. El gimnasio enseñaba a los jóvenes atenienses a desnudarse. En Atenas existían tres gimnasios, siendo el más importante la Academia, que unas generaciones después de Pericles se convirtió en la escuela de Platón. […] Los estudiantes no vivían en la Academia, sino que iban allí durante el día. La Academia se hallaba situada en un terreno de antiguas tumbas, que durante el periodo democrático se vio transformado en ‘una especie de parque suburbano’. Dentro de estos terrenos se encontraba la palestra, el edificio rectangular con columnatas que albergaba un espacio para la lucha, habitaciones para ejercicios generales, y lugares para beber y charlar. En algunos gimnasios la escuela de lucha estaba situada en un edificio separado destinado a ese fin específico. […] El gimnasio pretendía formar el cuerpo del joven durante la época que va desde ya avanzada la adolescencia hasta el final, cuando los músculos comenzaban a tensar la superficie de la piel pero las características sexuales secundarias, particularmente el vello facial, aún no estaban avanzadas. Este momento del ciclo de la vida parecía crítico para controlar el calor corporal que se encuentra permanentemente en los músculos. Levantando a otros jóvenes en la lucha, los músculos de la espalda y los hombros del adolescente se ensanchaban; la torsión y el giro del cuerpo en la lucha reforzaban la cintura; al arrojar la jabalina o el disco, se estiraban los músculos del brazo; al correr, se tensaban los músculos de las piernas y se afirmaban las nalgas. Dado que los jóvenes se cubrían el cuerpo con aceite de oliva cuando se ejercitaban, al luchar entre sí tendían a deslizarse y resbalar, y la fuerza de las manos se desarrollaba al intentar superar los efectos del aceite. (Sennett, 2002: 47-48).

En los gimnasios a los que se refiere Sennett, no sólo se educaba el cuerpo (cultura física), sino también las habilidades retóricas, el uso de la palabra y el debate. La competencia no sólo era física, sino también política, es decir, de presencia del cuerpo en el espacio político, y esto suponía ser un buen orador. Como señala brevemente Richard Sennett: “se le enseñaba entonces a utilizar las palabras a la hora de presentar y rebatir argumentos con la misma economía de movimientos que aprendía en la lucha” (Sennett, 2002: 48).

El cuidado del cuerpo, el cuidado de uno mismo tenía, entonces, relación directa con la educación de los jóvenes griegos.

La preocupación por el cuerpo y su relación con el deporte como disciplina, retornará una vez más en el siglo XVII. Como señala Foucault:

Ha habido, en el curso de la edad clásica, todo un descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder. Podrían encontrarse fácilmente signos de esta gran atención dedicada entonces al cuerpo, al cuerpo que se manipula, al que se da forma, que se educa, que obedece, que responde, que se vuelve hábil o cuyas fuerzas se multiplican. El gran libro del Hombre-máquina ha sido escrito simultáneamente sobre dos registros: el anatomo-metafísico, del que Descartes había compuesto las primeras páginas y que los médicos y los filósofos continuaron, y el técnico-político, que estuvo constituido por todo un conjunto de reglamentos militares, escolares, hospitalarios, y por procedimientos empíricos y reflexivos para controlar o corregir las operaciones del cuerpo. Dos registros muy distintos ya que se trataba aquí de sumisión y de utilización, allá de funcionamiento y de explicación: cuerpo útil, cuerpo inteligible. Y, sin embargo, del uno al otro, puntos de cruce. L’Homme-machine de La Mettrie es a la vez una reducción materialista del alma y una teoría general de la educación, en el centro de las cuales domina la noción de “docilidad” que une al cuerpo analizable el cuerpo manipulable. Es dócil un cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado, que puede ser trasformado y perfeccionado. Los famosos autómatas, por su parte, no eran únicamente una manera de ilustrar el organismo; eran también unos muñecos políticos, unos modelos reducidos de poder: obsesión de Federico II, rey minucioso de maquinitas, de regimientos bien adiestrados y de prolongados ejercicios (Foucault, 2002: 140).

La disciplina primero de los conventos, luego de los ejércitos, luego de los talleres, será perfeccionada en el transcurso de los siglos XVII y XVIII en las instituciones de educación. Lo que se llama deporte, relacionado a las instituciones de educación, tiene como objeto, como soporte de la disciplina al cuerpo.

La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos “dóciles”. La disciplina aumenta las fuerzas del cuerpo (en términos económicos de utilidad) y disminuye esas mismas fuerzas (en términos políticos de obediencia). […] La “invención” de esta nueva anatomía política no se debe entender como un repentino descubrimiento, sino como una multiplicidad de procesos con frecuencia menores, de origen diferente, de localización diseminada, que coinciden, se repiten, o se imitan, se apoyan unos sobre otros, se distinguen según su dominio de aplicación, entran en convergencia y dibujan poco a poco el diseño de un método general. Se los encuentra actuando en los colegios, desde hora temprana más tarde en las escuelas elementales; han invadido lentamente el espacio hospitalario, y en unas décadas han reestructurado la organización militar. Han circulado a veces muy de prisa y de un punto a otro (entre el ejército y las escuelas técnicas o los colegios y liceos), otras veces lentamente y de manera más discreta (militarización insidiosa de los grandes talleres) (Foucault, 2002: 141-142).

Si bien Foucault no analiza en sí el rol del deporte en el proceso de construcción de la sociedad disciplinaria, existe una relación lógica entre la disciplina y las prácticas de deporte, dicho de otro modo entre la necesidad de un cuerpo dócil y el deporte como instrumento de control social.

La práctica del deporte a partir de las clases de educación física, de las lecciones para la cultura física, tienen la finalidad de moldear el cuerpo. El ingreso del deporte, de mano de la asignatura de educación física constituye una de las formas de anatomía política, en términos de Foucault, más exitosa.

Un dispositivo sobre el cuerpo puede funcionar también como un proceso de colonización del cuerpo.

Como señala Patzi, respecto a la educación y la educación física en Bolivia:

El modelo elegido [en Bolivia] para transformar la morfología del cuerpo indígena fue la gimnasia sueca. En este sentido, una vez más se implantaron modelos extranjeros en la representación del cuerpo. La educación física ya no sería sólo una asignatura sino que empezó ser considerada como modeladora del cuerpo. De ahí que ya no sólo la mente constituyera el objeto de la pedagogía, sino también el propio cuerpo. […] Según la casta dominante de la época, los suecos habían alcanzado dicha esbeltez practicando gimnasia desde su más tierna edad, lo que veían como un modelo a imitar para resolver el problema de la regeneración de la ‘raza’ boliviana en cuanto se refiere a su morfología. Convencido por estos resultados, Bautista Saavedra, según la investigación de Francoise Martínez, contrató en 1910 a un profesor sueco de educación física, titulado precisamente del Instituto de Estocolmo, para organizar la enseñanza de educación física en Bolivia. De esta manera se implementó en la Escuela Norma Charles Buls de Bruselas en Sucre, ya que Bélgica era una referencia para Bolivia. A partir de entonces, personajes suecos se responsabilizaron de la educación boliviana, proceso que duró hasta antes de la guerra del Chaco. (Patzi, 2007: 53-54).

La educación física permite trabajar sobre la compostura del cuerpo. Si bien no podrá cambiar el color de la piel, permite que el cuerpo se disponga a una compostura distinta, más cercana a lo que Bolívar Echeverría denomina blanquitud.

[L]a constitución fundante, es decir, primera y ejemplar, de la vida económica moderna, capitalista puritana, como vida concreta de una entidad política estatal, tuvo lugar 
casualmente sobre la base humana de las poblaciones racial e identitariamente blancas del noroeste europeo; hecho que hizo que la apariencia blanca de esas poblaciones se asimilara a esa visibilidad indispensable, que mencionábamos, de la santidad capitalista del ser humano moderno. La productividad del trabajo como síntoma de la santidad moderna y como ‘manifestación’ del ‘destino’ profundo de la afirmación nacional pasó a incluir, como acompañante indispensable, a la blancura racial y ‘cultural’ de las masas trabajadoras. […] Podemos llamar blanquitud a la visibilidad de la identidad ética capitalista en tanto que está sobredeterminada por la blancura racial, pero por una blancura racial que se relativiza a sí misma al ejercer esa sobredeterminación. Es la compostura de los personajes, una compostura que denota blanquitud, y no blancura de raza. (Echeverría en Lizarazo, Echeverría y otros, 2007:18-19).

Resulta interesante contrastar que Bolivia eligió la educación física de mano de la gimnasia sueca. Un informe de 1907 del comisionado de instrucción pública en Bolivia respecto al modelo sueco adoptado en educación física señala:

La escuela tiene que desempeñar un gran papel en la regenerescencia [sic] física por la gimnasia, los deportes, la natación, porque le corresponde el papel de preparar ciudadanos vigorosos, enérgicos, resistentes, hábiles. Es preciso organizar una educación física que de a cada uno su plusvalía fisiológica. (Informe citado por Francoise Martínez en Patzi, 2007: 55).

Esta condición de plusvalía fisiológica se relaciona directamente con la práctica paramilitar o de orden militar sin militarismo, como la caracteriza Martínez (citada por Patzi, 2007), en busca de normalizar y disciplinar el cuerpo, sobre todo el cuerpo indígena, para lograr en éste blanquitud o disposición física a las lógicas contemporáneas del capitalismo global.

Como señala Patzi:

Se trata de un régimen que muestra su eficacia en la transmisión de una lectura de la cultura occidental que privilegia al ‘hombre blanco’ y desprecia al resto de los cuerpos no europeos. Por ello, la preocupación estética era fundamental ya que, según esta concepción, en un cuerpo débil, pesado y bajo, no podía desarrollarse un espíritu elevado (Patzi, 2007: 57-58).

Por lo señalado, el deporte en tanto educación física y como parte de los procesos de educación se constituye en un dispositivo de disciplina y normalización, faceta que muchas veces no es analizada críticamente, pese a que el deporte y la educación física toma como blanco de acción el cuerpo de un ser humano.

Bibliografía

•    Gandler, Stefan. 2008. Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vásquez y Bolívar Echeverría. México: Fondo de Cultura Económica.

•    Foucault, Michel. 2002. Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Buenos Aires – Argentina: Siglo XXI.

•    Lizarazo, Pablo; Echeverría, Bolívar y otros. 2007. Sociedades icónicas. México: Siglo XXI.

•    Patzi, Felix. 2007. Etnofagia estatal. Modernas formas de violencia simbólica. La Paz – Bolivia: Driva.

•    Rodríguez López, Juan. 2008. Historia del deporte. Barcelona – España: Publidisa.

•    Sennett, Richard. 2002. Carne y Piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Madrid – España: Alianza.

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