noviembre 23, 2020

Cívicos y terratenientes ¿solidarios con indígenas?

por: Rafael Artigas 

No se me quita de la retina y aun fluye un sentimiento, mezcla de dolor y rabia, por lo que vi y lo vimos todos, en los años 2007 y 2008, en el oriente boliviano en las tomas institucionales, pero por sobretodo la forma más horrenda de desprecio, de odio y de racismo expresados a más de un centenar de indígenas por dirigentes cívicos del Beni y Santa Cruz.

Esos años se asestaba un duro golpe a un movimiento campesino, indígena por parte de esos dirigentes cívicos, como las hordas unionistas, que hoy hipócritamente y con clara señal de buscar intereses políticos, quieren dar “la mano”, a quienes los golpearon, escupieron y siempre negaron sus derechos.

Nos duele, seguramente con mayor fuerza al movimiento indígena de tierras bajas, que sus dirigentes que defendieron la causa por su territorio y por sobretodo de su dignidad e identidad, hayan hecho alianza nada más ni nada menos con esos grandes terratenientes, con los cívicos que pactaron con la derecha mas recalcitrante del Beni.

Pero mas allá de los cívicos también las ex autoridades del Beni, con la ayuda de los medios de comunicación privados, azuzaron el paro pero con otras intencionalidades. Ernesto Suarez destiló una verdad oculta y manifestó a los medios en un balance al paro, que “no se trata de apoyar a las personas” (dirigentes indígenas acusados), sino a la “defensa de la carretera”. Una salida diplomática diríamos no?

Sería importante que esos dirigentes (Vargas, Chávez y Nuni), quienes pactaron con gobernadores de Santa Cruz y Beni, ahora sus nuevos amos, les recuerden que esa movilización estaba preparada para que se los respalde y no para que la utilicen con fines de protagonismo y sea otro pretexto para confrontar al gobierno pero con otros temas.

El llamado paro cívico beniano no fue ni parcial, ni tuvo el respaldo esperado, porque tanto el comercio, la banca y las instituciones públicas trabajaron con normalidad, y sólo en la capital beniana, algunas vías amanecieron interrumpidas por algunas barricadas y escombros que obstaculizaron temporalmente el tránsito vehicular.

En Guayaramerín la jornada transcurrió “normal” con excepción del paro de actividades que desarrollaron los funcionarios asalariados que dependen del Servicio Departamental de Educación y del Servicio de Salud.

En Santa Ana de Yacuma, lejos de acatar la medida de presión de los cívicos, la población se aprestaba a preparar la celebración de la fiesta patronal. Las actividades se realizaron con normalidad.

En Riberalta se registró una actividad normal con excepción del bloqueo que se efectuó en la carretera Guayaramerin-Riberalta. En Iténez el paro se redujo a la plaza principal, el resto se reportó normalidad.

En San Borja, los comercios cerraron sus puertas, pero debido al surazo y no así al paro cívico y en Magdalena el paro de actividades no se sintió.

En consecuencia no se cumplieron los objetivos que estaban trazados por los cívicos en “respaldo” a las dirigencias de los indígenas sino que fue hábilmente aprovechado por un grupito de opositores (latifundistas, ganaderos y empresarios privados) que, hace un par de años, renegaban contra el indígena y hoy hicieron un gesto de lo más hipócrita ante la vista de todos.

Los dirigentes que son tratados como angelitos, en ningún momento han tomado en cuenta las denuncias documentadas de los negociados que a nombre de los “hermanos indígenas”, han cometido y siguen cometiendo amparados en los discursos elaborados por antropólogos, sociólogos, abogados, que pretenden haber encontrado la tierra sin mal dirigida por querubines y angelitos.

Por todo ello, la población boliviana, las dirigencias indígenas de tierras bajas, las representaciones de las organizaciones sociales de todo el país, deberán realizar una lectura correcta de ésta movilización, que cuando se la manejo políticamente, se la desvirtuó y como consecuencia, perdió su propia identidad.

Mientras existan ese tipo de dirigentes que, aprovechando la fragilidad organizativa de sus bases, aliándose a sectores de la oposición derechista, por apetitos personales, difícilmente podrán visibilizarse aquellos objetivos estratégicos de la lucha política indígena a la que estuvieron llamados por sus bases y más temprano que tarde, rendirán cuentas no sólo a su conciencia sino a una causa mayor por la que estamos llamados todos. 
*    Rafael Artigas, es comunicador y periodista orureño.

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