octubre 28, 2020

El aborto y las mujeres indígenas

por: Elisa Vega Sillo

No es mentira que en la ciudad, todos hemos escuchado alguna vez decir que en los pueblos indígenas las mujeres tienen hijos “como conejos y demasiado seguidos”. Una forma despectiva de referirse a las mujeres indígenas que tienen varios hijos como “zampoña” dentro su familia.

Dicha concepción hace pensar, en una forma colonizadora y patriarcal, que en los pueblos indígenas las mujeres no se cuidan, y que por otra parte, las mujeres “de la ciudad” son las que tienen mayor cuidado y previsión en cuanto a sus embarazos, ya que por el “conocimiento” que tienen los planifican.

Sin embargo, en los pueblos indígenas los espaciamientos de embarazos en las mujeres originarias también existen, ya que no sólo dentro la medicina occidental se conoce que, para cuidar la salud de las mujeres y de los propios niños, éstas deben tener un espacio de tiempo entre uno y otro hijo.

Dentro los ayllus, es necesario mencionar que hay sabidurías ancestrales. Por ejemplo, en los pueblos andinos existe la mujer denominada “matriz de animal”, que es aquella mujer que no siente dolor durante el parto y que es demasiado fértil, ya que puede embarazarse inmediatamente después del parto, antes de que pase un año de su anterior embarazo. Estas mujeres son cuidadas en las comunidades a través de las sabidurías ancestrales, mediante sahumerios, mates, licuados o comida con plantas medicinales (semilla de zapallo maduro, papaya, calabaza o laca yute y otros), así como mediante la alimentación adecuada, baños de vapor, o en algunos casos, se hace una ceremonia de devolución de la placenta a la madre tierra con los productos agrícolas de la región.

Cabe resaltar, que como en la filosofía de los pueblos indígenas todo es par: hembra y macho, todas las plantas y productos agrícolas incluidas las semillas que se usan para medicina, son hembras.

Las plantas mencionadas y las prácticas efectuadas por los yatiris de la región, son lo que dentro la cultura occidental se denominarían “plantas abortivas”. Sin embargo, en las comunidades andinas no se las considera de ésta forma, sino que son una forma de garantizar la salud de familia, la mujer y de la niña o niño, y asimismo garantizar los espaciamientos entre embarazos.

Es necesario mencionar que el capitalismo y el desarrollismo promovido sobre todo desde la mirada de los varones, han usurpado las sabidurías ancestrales, principalmente la sabiduría de las mujeres indígenas, al condicionar la salud de la mujer a la ciencia médica manejada por varones profesionales, ya que si una mujer de la ciudad (así tenga ascendencia indígena) acude a la sabiduría ancestral y a los yatiris para tratarse algún problema de salud se la ve mal. Sin embargo, cuando tales prácticas son desarrollas dentro las clínicas de salud “modernas” con la misma finalidad, se las considera una medida necesaria para salvaguardar la salud de la madre.

En este aspecto es importante recordar que la iglesia católica, al “evangelizar” dentro los pueblos indígenas, hizo creer a muchas comunidades que el usar las plantas como medicina para interrumpir embarazos, era pecado, lo cual llevó a que dentro de los pueblos se vayan olvidando tales sabidurías, llegando incluso a estigmatizar a quienes realizaban tales prácticas, tachándolos de “brujas y brujos”.

El concepto de “pecado” del aborto viene con la colonización y el patriarcado, muchas comunidades andinas se apropiaron de la satanización del aborto, ya que dicen que cuando una mujer aborta viene la helada, granizo etc. y por ende rompemos el ciclo de vida natural. En algunas comunidades se dice que el feto del aborto no tiene que estar expuesto al Tata Inti y que debe ser devuelto a la Pachamama, porque cuando ve el sol se enoja y por eso viene la helada, granizo, en la sabiduría los abuelas que los limpus (fetos abortados) tienen que ir al cementerio o a un lugar sagrado y ser pagados con diferentes productos agrícolas de la región para que el limpu no regrese a la persona que abortó o sus familiares. Este ritual tiene que ser hecho tanto para los abortos espontáneos (fracasos) como para los abortos que fueron provocados.

La nueva Constitución Política del Estado nos garantiza a las bolivianas y bolivianos, a través del artículo 66,”se garantiza a las mujeres y a los hombres el ejercicio de los derechos sexuales y derechos reproductivos”. Este artículo nos permite ser autónomas de nuestro cuerpo y poder decidir cuántos hijos tener, cuándo y cómo tenerlos.

Asimismo, en relación a los pueblos indígenas, la Constitución Política da una protección aún más amplia, ya que señala que se deben recuperar los conocimientos ancestrales. Es así que el artículo 30, establece que “En el marco de la unidad del Estado y de acuerdo con esta Constitución las naciones y pueblos indígena originario campesinos gozan de los siguientes derechos:


2.    A su identidad cultural, creencia religiosa, espiritualidades, prácticas y costumbres, y a su propia cosmovisión.

9.    A que sus saberes y conocimientos tradicionales, su medicina tradicional, sus idiomas, sus rituales y sus símbolos y vestimentas sean valorados, respetados y promocionados.

13.Al sistema de salud universal y gratuito que respete su cosmovisión y prácticas tradicionales.


También, el artículo 35 establece en su parágrafo II, que el sistema de salud es único e incluye a la medicina tradicional de las naciones y pueblos indígena originario campesinos.

En base a todo ello, es que como mujeres, y mucho más como mujeres indígenas, debemos exigir la despenalización del aborto, ya que con ello estamos planteando y dando aportes para conseguir el vivir BIEN, y a no morir durante el parto, o incluso a poder tener esta planificación y espaciamiento entre nuestros embarazos, reestablecer las sabidurías ancestrales de nuestras abuelas.

Si se logra tal objetivo, podríamos derribar la estructura patriarcal que se va reproduciendo diariamente, y podríamos darnos, a nosotras mujeres, la facultad de poder decidir por nosotras mismas y sobre nuestros cuerpos, logrando de esta manera la despatriarcalización del cuerpo de las mujeres.


*    Mujer Indígena Originaria Kallawaya, Jefa de la Unidad de Despatriarcalización, Viceministerio de Descolonización, Ministerio de Culturas

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