octubre 25, 2020

Evo Morales deja mal parada a la CNN

El presentador de la CNN pensó que el que golpea primero, golpea dos veces. Pero no le resultó. El presidente Evo Morales marcó los tiempos y los ritmos de una entrevista que colocó como a un novato al enviado por la CNN y confirmó que el líder latinoamericano habla claro, fuerte y profundo.
CNN es una de las transnacionales capitalista de la información más grandes del mundo. Por eso, el presidente boliviano Evo Morales, como ninguno de los jefes de estado de cualquier país del mundo, iba a desaprovechar un espacio de varios minutos para hacer conocer su posición, no al medio sino a la gente, respecto de varios temas.

Pero al mismo tiempo Evo Morales no iba a prestarse a lo que el presentador de noticias Ismael Cala y los altos directivos de la CNN esperaban, más aún cuando se quiso aprovechar, con armas poco nobles, el cambio del día y la hora fijadas, para construir mediáticamente una realidad inexistente y que sobredimensionaba el papel del periodista. Eso sí, el presidente trazó la cancha y se lo dijo con la franqueza con la que siempre habla: “estás en Bolivia, no estás en Estados Unidos”.

Cala, respaldado por varios presentadores de noticias del país, edificó por escasas horas la idea de ser víctima de los desaires de un presidente cuyo liderazgo, como varios periodistas y comentaristas lo han dicho siempre, fue favorecido por la cobertura de los medios de comunicación en esos largos años de dominio neoliberal. De ahí que no sorprende la magnitud de la cobertura que le dieron al presentador de la CNN o lo que opinaron después de la entrevista al titular “Evo Morales, frontal, responde a un Cala moderador”, “La entrevista de Cala a Evo fue tensa y sin revelaciones”, “Evo se mostró a la defensiva en entrevista con Ismael Cala” y otros por el estilo.

No son pocos en la historia que le atribuyen a los medios o a los consejos de tal o cual agencia o asesor de imagen, la fortaleza de tal o cual político o autoridad, sustituyendo de esta manera al sujeto social y a la encarnación de la voluntad colectiva por el medio, la agencia o el asesor.

Cala, parece innecesario pero es útil decirlo, parece formar parte de ese tipo de seres humanos portadores de una concepción individualista, liberal e idealista de la historia y del papel de los hombres y mujeres, que desconocen el protagonismo y la participación del sujeto social colectivo en la resistencia a un régimen o sistema que se combate y/o en la construcción hegemónica de un nuevo orden político y social.

Y entonces, no sin cierta oculta intención, vino una pregunta pero también un juicio de valor disfrazados de una pobre reflexión a propósito de la construcción de liderazgos y la manera de fortalecerlos. Después de citar a uno de esos teóricos de liderazgos que seguramente ha ganado mucho dinero en conferencias pero no le ha aportado al mundo ningún líder social, Cala le preguntó al jefe del Estado Plurinacional si “el líder nace o se hace”.

Es difícil saber lo que Evo habrá pensando en ese momento, pero nada bueno ha debido ser. Muchos otros periodistas, con pergaminos menores o sin ellos, seguramente le hicieron al jefe de estado preguntas más profundas. Con una humildad que ninguno de los medios que salió en defensa de Cala tuvo la ética de resaltar, el presidente boliviano narró en breves minutos las razones por las que se trasladó del frío cantón de Orinoca al caluroso trópico cochabambino y los orígenes de su liderazgo sectorial, local y nacional.

El relato de Evo no puede más que arrancar atención, respeto y admiración permanentes a pesar de que uno los haya escuchado o leído muchas veces en todos estos años. Los unos lo harán desde esa sensibilidad “clasemediera” que no oculta cierta pose de superioridad e hipocresía, y otros harán más bien una lectura capaz de aportar elementos que sirven para explicar la naturaleza y proyección de un liderazgo que ya ha trascendido las fronteras.

En lo poco que Evo habló sobre el tema, lo hizo principalmente desde el “Yo colectivo”. Por ejemplo cuando sostuvo que en su condición de dirigente con y desde el movimiento campesino las luchas sirvieron para identificar a los “enemigos internos y externos” del país. Al presidente le sale de manera natural referirse al papel de los movimientos sociales, principalmente indígena campesino, en la resistencia al neoliberalismo, en las victorias político electorales de 2005, 2009 y otras, así como para expresar su certeza sobre otros triunfos, como el que se espera conquistar en 2014. Evo no cree en las encuestas, a pesar de que todas le dan un respaldo superior al 50%, en lo que confía es en la conciencia del pueblo y es desde ahí que explica su liderazgo.

A partir de los hechos de la realidad, que de manera trágica y dramática a la vez se tuvo que enfrentar en Bolivia y particularmente en el trópico cochabambino, el jefe del Estado plurinacional habló a lo largo de la entrevista y a su estilo sobre la construcción colectiva del sujeto social que está haciendo posible la revolución boliviana y los factores que incidieron en la maduración de la conciencia social.

La presencia militar externa en Bolivia, autorizada por el gobierno de Víctor Paz Estensoro (1985-1989) a título de lucha contra el narcotráfico, estaba impulsada desde el trópico cochabambino, puesta además de militares y policías, se movían impunemente los instructores militares y los agentes encubiertos estadounidenses.

Pero Evo, que marcaba el ritmo y los tiempos de la entrevista, no iba a darle a Cala ninguna primicia o noticia importante, como el hecho de que casi una semana después se inauguraría en el trópico cochabambino las obras para la construcción del aeropuerto internacional de Chimoré, lo cual implicaba para ese municipio pasar de haber sido base militar de injerencia estadounidense a un centro estratégico para el desarrollo de la Bolivia plurinacional.

El presidente no soltó el acelerador. Ante la agresión que sufrió de parte de cuatro países europeos por ordenes de Estados Unidos, que para Cala fue un “incidente” y en cuya pregunta obviamente no hacía alusión a la Casa Blanca, Evo Morales no se anduvo con vueltas y le dijo directamente: “bueno sobre este incidente puede preguntar al Presidente de Estados Unidos (Barack Obama), donde usted vive, él sabe qué y cómo eran los planes”.

Y claro, no se puede hablar de ese 2 de julio sin hacer referencia al pretexto del atentado: la presencia de Snowden en el avión presidencial. Evo con pocas palabras destruyó el argumento que usa EEUU para decir que el ex técnico de la CIA ha puesto en riesgo la seguridad del mundo. “Si ha puesto en peligro la seguridad de EEUU, pero no del mundo, para mi Snowden es agente rebelde de inteligencia que denunció espionaje, que el Gobierno de EEUU no está respetando normas internacionales”. Pero fue más allá y demostró que el imperio no tiene amigos sino intereses. “Que EEUU espíe a sus opositores estoy de acuerdo, pero también a sus aliados, levanta muchas sospechas”.

Con todo lo que hasta ese momento había dicho Evo Morales, se tenía que ser un ingenuo (cuestión poco probable en un enviado especial por la CNN) o un portavoz no oficial de la oposición boliviana como para encontrar, a manera de pregunta, una relación de similitud entre la situación de Snowden (a quien Rusia le ha dado refugio temporal) y el estatus del senador de derecha Roger Pinto, quien se encuentra viviendo en la residencia de Brasil, donde ingresó hace más de un año escapando de la justicia. Pero Cala le hizo la pregunta.

Y el jefe de Estado, lejos de enojarse, como algunos medios han tratado de presentarlo, también a manera de descalificación sutil, encontró otra oportunidad para seguirse moviendo como pez en el agua. Y la ráfaga de verdad brotó de sus labios: “Antes de acudir a la Embajada de Brasil ya tenía arraigo de la justicia boliviana, ahora creo que tiene una sentencia, es decir que no es un perseguido político, es un delincuente político que tiene muchos procesos” y entonces remachó lo anterior al recordarle a Cala que la Convención y tratados internacionales sobre asilo y refugio establecen con claridad que una persona con proceso o sentencia previa por razones ordinarias no puede beneficiarse de esa institución.

En la parte final de la entrevista el presentador de la CNN volvió a “meter la pata” como al principio, cuando presentó a Evo Morales como dirigente cocalero, desconociendo que en realidad es un campesino que, como otros del trópico, no solo cultivaba coca sino otros productos. Esa es la satanización a la que el presidente se refirió.

Bueno, Cale le insinuó a Evo Morales, también como pregunta, que no dormía mucho por la responsabilidad que tenía como presidente. Está claro que el presentador de noticias de la CNN no escuchó lo que el jefe de Estado le dijo al inicio de la entrevista: que esa costumbre la tiene desde muy niño, cuando se levantaba temprano para ir a estudiar al cerro, desde donde luego bajaba a trote para preparar el desayuno e ir a la escuela.

Evo habló de otros varios temas: del censo y la doble moral de la oposición, del escaso crédito que le da a la encuestas, del derecho boliviano a salir al Pacífico y de los argumentos sólidos para ganar en La Haya.

Pero la entrevista sirvió para que muchos que han sido víctimas de la manipulación de la CNN se hayan sentido reivindicados por Evo Morales, quien lejos de despreciar a los periodistas funcionales al sistema de dominación estadounidense (como piensa eso de Ismael Cala), lo que hace es levantar en alto a los que habiendo estado en las entrañas del monstruo (como diría Martí), asumen luego una posición ética ante la vida y el ejercicio del periodismo. Seguramente el presidente boliviano se refería, como a uno de ellos, a Jorge Gestoso.

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