octubre 26, 2020

La ley de bancos y sus cambios: teoría vs realidad

Algunos leen libros para transportarse con la imaginación a otros mundos; yo encontré el artículo de Roberto Laserna sobre “la ley de bancos y sus cambios”, un texto de ficción liberal que desconoce la crisis mundial generada por los bancos y que obligó a países defensores del discurso de las “libertades económicas” a intervenir para rescatar sus sistemas financieros con dinero del público; lo que el señor Laserna denomina en su artículo “transferir, con conocimiento y pericia, el ahorro hacia la inversión…”.

Estas crisis generadas por los bancos no son ajenas a la realidad nacional, donde hasta antes de la promulgación de la nueva Constitución Política del Estado, los bolivianos teníamos que responder por esa “pericia de los banqueros”, a pesar de que los mismos apoyaban tenuemente el desarrollo económico y social del país y aliados con las elites políticas y económicas, discriminaban a los micro y pequeños empresarios que deseaban iniciar una actividad.

Parece venir de otro mundo alguien que defienda hoy al banquero en su libertad para determinar tasas en desmedro de los ahorristas y prestatarios con el argumento de no distorsionar el equilibrio de mercado.¿En qué nos beneficiaba el equilibrio o cuántos años más tendríamos que esperar por él?, considerando las utilidades que generan los propietarios de los bancos, lo poco que ganan nuestros ahorros y lo difícil que es acceder a un crédito para una vivienda o emprendimiento. Desigualdad que se aprecia más expresada como rentabilidad, cercanas al 20% para los accionistas de los bancos y 0% para nosotros los ahorristas.

Más absurdo aún al existir artículos de prensa donde los propios dirigentes de los gremios financieros reconocen y aceptan explícitamente la necesidad de regular las tasas de interés, lo cual considero un acto importante de desprendimiento por parte de ellos para apoyar al país, aun cuando sea extemporáneo, dado que pudieron hacerlo bajo el modelo de libre mercado que llevó al país a la crisis de octubre y provocó la huida en helicóptero de sus más importantes defensores. Por eso considero razonable y sana una regulación de las tasas de interés mínimas para depósitos y máximas para vivienda y para el sector productivo.

Hoy resulta difícil encontrar una persona que no haya tenido problemas con un banco, por lo que me resulta curioso que a este señor le llame la atención el volumen del proyecto de Ley de Servicios Financieros comparado con la actual Ley de Bancos. Fuera de lo superfluo de la observación, la razón es simple, la actual Ley no regulaba nada para los usuarios, dejaba todo a la autorregulación y al mercado, por eso no necesitaba muchos artículos. En cambio ahora, el proyecto de Ley incorpora la protección del usuario, la regulación de tasas, cartera y comisiones, establece la revisión de los contratos por parte de la autoridad para evitar abusos, garantiza mejores condiciones para los buenos pagadores, elimina la discriminación y otorga atención especial al sector productivo y rural. Todo enmarcado en la nueva CPE, donde se establece que la intermediación financiera y la prestación de servicios financieros son de interés público y el Estado tiene que regular el sistema financiero con criterios de igualdad de oportunidades, solidaridad, distribución y redistribución equitativa.

Además el proyecto de Ley crea el fondo de protección del ahorrista para dar mayor seguridad a los depositantes, crea el Comité de Estabilidad Financiera e incluye mayores medidas de solvencia, control y supervisión de las Entidades Financieras entre muchas otras medidas.

Queda claro que los cambios que hace el gobierno no quedan en papel, muestra de ello es que desde la intervención del gobierno en la economía, tenemos un sistema financiero sólido, una economía bolivianizada, no necesitamos prestarnos para invertir y pagar sueldos, entre muchos otros cambios.

Por eso quedan pocos profesionales que siguen defendiendo el viejo dogma del libre mercado; teoría importada que ya fue puesta en práctica con los resultados que ya conocemos, ¿Vale la pena darles otra oportunidad?


*    Economista

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