octubre 27, 2020

Campesinos en el poder y otros en resistencia

No cabe duda que en el movimiento indígena campesino de América Latina existen notorias diferencias en este nuevo momento de la historia. En Bolivia forman parte del nuevo bloque en el poder, en otros no terminan de entender el cambio de época y en la mayoría de los países se encuentran a nivel de resistencia al modelo neoliberal.

Esta diferencia se ha puesto de manifiesto, una vez más, en los últimos días, donde se ha podido apreciar dos paros nacionales agrarios en Colombia y Guatemala en demanda de otro tipo de organización de la economía y de relación con el poder, además del respeto a los más elementales derechos humanos.

En paro nacional agrario en Colombia, que en su tercer día había sumado importantes adhesiones urbanas, se da en un contexto bastante delicado para el presidente Juan Manuel Santos, quien si bien ha denunciado a Álvaro Uribe por presionar para intensificar la guerra contra la insurgencia y respaldar a las acciones contra la revolución venezolana, al mismo tiempo tampoco parece dar señales claras de querer un reforma agraria profunda, un cambio en el sistema político que pasa por la salida política negociada con la guerrilla (y no pensar en su derrota) y un apego a la vigencia de los derechos humanos.

El campesinado colombiano está en resistencia y a pesar de eventuales retrocesos, la tendencia general indica que la marcha hacia el cambio en ese país es una cuestión de tiempo. Ya ese extraordinario país no aguanta que los recursos naturales solo beneficien a un reducido grupo de transnacionales, mientras la guerra sucia y la falta de oportunidades económicas golpea duramente a la mayor parte de los colombianos.

En Guatemala la precaria situación de los campesinos se está agravando, lo cual ha conducido a que se ponga en marcha una protesta para exigir la nacionalización de la energía eléctrica, pues como ocurre en varios países las tarifas son más altas para los pobres que para los ricos. Pero esta movilización muestra pequeñas señales de que los grados de acumulación política hacia el cambio van creciendo, aunque con la adversidad de que no existe referencia política.

Existen otros países en que no es el movimiento indígena campesino el que está en resistencia, sino algunas de sus organizaciones controladas por dirigentes que o no entienden lo que está pasando o no han roto completamente con sectores de la derecha que en su momento se presentaron como de izquierda. Este es el caso de Ecuador, donde el presidente Rafael Correa ha edificado una relación directa con los pueblos indios campesinos a falta de una posición responsable de dirigentes que todavía mantienen contactos con Lucio Gutiérrez, un militar que llegó con apoyo popular pero rápidamente contrajo compromisos con los Estados Unidos, de los cuales uno de ellos se tradujo en la instalación de la base militar en Malta, felizmente desactivada por la revolución ciudadana.

Así están las cosas en América Latina.

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