diciembre 3, 2022

Arbenz, el tiempo y la democracia en Guatemala

por: Silvina M. Romano 

Hace 59 años, el presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz, fue derrocado violentamente por EE.UU. Al principio fue despreciado por “oportunista” por el Departamento de Estado y luego de llevar a cabo la reforma agraria fue calificado de “comunista”.
 
Pie de foto: Humillación de Arbenz.- Cuando salía de Guatemala rumbo al exilio en México, el depuesto presidente Jacobo Arbenz tuvo que desnudarse en el aeropuerto para ser examinado por los agentes de la aduana, mientras sus compatriotas le gritaban “¡Asesino!”. Arbenz, cuyo gobierno fue el primero de este hemisferio dominado por los comunistas, cayó derrocado por una fuerza invasora anticomunista alentada por los EE.UU.
 
¿Por qué recordar a Arbenz hoy más allá de la efeméride? Porque urge saber hacia dónde va Guatemala, y para eso, a decir de Carlos Figueroa (2013), tenemos que saber y tener bien claro de dónde viene.

Por eso creo que es importante el tiempo como categoría de análisis, como condicionante y como posibilidad de las decisiones y acciones. El de Arbenz, era nada más y nada menos que el tiempo de la Guerra Fría y también el tiempo de la democracia. Importa especialmente hoy el tiempo, la memoria que construimos en el tiempo transcurrido y sobre ese tiempo, el tiempo de calendario y el tiempo social. Importa especialmente hoy la democracia, qué democracia tenemos, qué democracia construimos.

El tiempo de la Guerra Fría no fue un mero contexto para Arbenz. Guatemala era parte de una estructura histórica, la revolución guatemalteca desafiaba esa estructura histórica. La reforma agraria, el nacionalismo, los principios de soberanía y autodeterminación no tenían lugar en la lucha entre dos imperios y su expansionismo a cualquier precio, sin importar los medios. La Guerra Fría como construcción discursiva que con la guerra psicológica se volvió realidad. La Guerra Fría como discurso basado en las contradicciones ideológicas entre capitalismo vs comunismo, como fachada de los reales intereses que debían satisfacerse por medio de la expansión del capitalismo monopólico.

Arbenz, primero despreciado por “oportunista”, por los funcionarios del Departamento de Estado, que no iba a generar demasiados problemas y que tal vez cambiaría el curso de la política arevalista hacia una posición de “centro”. Cuando Arbenz y su equipo de trabajo llevaron a cabo, en los hechos, en la realidad (legalizaron e institucionalizaron) la reforma agraria, en ese momento el presidente pasó a ser un comunista, el líder de la infiltración soviética en el hemisferio occidental. Y la percepción de Guatemala desde Estados Unidos no es un mero dato, marcó el devenir de Guatemala, al igual que los procesos internos.

Y Arbenz continuó las reformas nunca vistas antes en países de América Latina, un parte aguas en la historia de Guatemala. Desde la perspectiva histórica hay una tentación por subestimar el contexto criticando la tibieza de las reformas, que no abarcaron la problemática étnica o de género, o que no se radicalizó como luego sí lo logró la Revolución Cubana, o por qué no armó a los civiles, o por qué cayó en la “trampa” de comprar armas a Checoslovaquia… Y es que desde la distancia del tiempo y el espacio, desde los relatos construidos, revisados, olvidados y vueltos a nacer, parece muy fácil dar soluciones. Pero sólo les pido que consideremos el escenario en el que dio la lucha este joven político. No sólo contaba con la disidencia interna, que tampoco se reducía a la “oligarquía terrateniente” y los grupos rebeldes exiliados, en particular militares, sino que incluía a jóvenes profesionales, estudiantes, amas de casa católicas, la iglesia en general, las señoras del mercado, los ladinos que se negaban a experimentar la vivencia de que los indios fueran propietarios. No, no eran “solamente” todos ellos, sino el Estado y el sector privado estadounidense. Y sí, ya sé que estarán pensando “pero eso ya se sabe”, esos documentos, la información, los testimonios sobre la intervención ya es más que sabido hace décadas… Y yo les pregunto: ¿quiénes lo saben? ¿Es cierto que “todo el mundo lo sabe”?

Si nos movemos un poco más allá del círculo académico y de los grupos con motivaciones políticas, no creo que encontremos mucha gente que de veras sepa de qué se trató la intervención y cómo se hizo. No, “no todos lo sabemos”. Y de hecho, en esta construcción de la historia oficial y su traspaso a lo que es/será la memoria colectiva, poco queda sobre las estrategias utilizadas por el imperio en contra de Arbenz, no sólo durante su gobierno, sino después (lo que es trabajado excelentemente por Roberto). En este sentido, me gustaría recuperar un par de extractos de documentos desclasificados estadounidenses para recordar de modo colectivo, acá con uds. de qué se trató el Operativo con Arbenz, cuál era la amenaza, y las estrategias de instauración de caos y en última instancia, de instalación del miedo, miedo a que la potencia militar más grande del mundo atacara a la pequeña Guatemala.

En los documentos de la CIA y el Departamento de Estado, aparece con claridad la articulación entre intereses económicos y las premisas de seguridad: “El principal problema que enfrenta el gobierno de Estados Unidos en Guatemala es con relación a los intereses privados estadounidenses. Influenciado por comunistas y nacionalistas, el gobierno de Guatemala comenzó la expropiación de bienes estadounidenses, habiendo implementado una política hostil con respecto a las empresas estadounidenses por varios años, todas ellas con vastos intereses en dicho país (…)

La continuación de la tendencia actual en Guatemala pondrá en peligro la unidad del Hemisferio Occidental contra la agresión soviética, y la seguridad de nuestra posición estratégica en el Caribe, incluyendo el Canal de Panamá (…) los objetivos inmediatos del comunismo son la eliminación de los intereses económicos estadounidenses, que en Guatemala están representados por la United Fruit Company, la International Railways of Central America y la Compañía de Electricidad de Guatemala. La pérdida de estas empresas puede dañar los intereses y el prestigio estadounidenses a lo largo de América Central y puede ser un duro revés para el desarrollo económico en el hemisferio a través del capital privado” (FRUS, Guatemala, 1952-1954. Vol IV, Doc. 17).

¿Estaba primero la seguridad o lo económico? Ambas formaban parte del mismo concepto de seguridad, en el que cualquier amenaza a los intereses estadounidenses (privados o públicos) en cualquier lado, resultaba una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos.

Y lo interesante es que a pesar de que Arbenz conoció parte de estos planes e intereses, no se echó atrás, no claudicó frente a los poderes fácticos. La reforma siguió hasta sus últimas consecuencias. Y está claro que la desestabilización y derrocamiento no se debieron “únicamente a la UFCO”, pero sí tenían que ver con el éxito posible y probable de la reforma agraria, las consecuencias en cuanto a la politización del campesinado y el fantasma del “efecto dominó” que esto podía tener para los demás países de Centroamérica y América Latina. Fortuny decía que aun si Guatemala no hubiera tenido plátanos, Arbenz hubiese sido derrocado igual. Pero Guatemala tenía plátanos, y la UFCO formaba parte de un holding que era un Estado dentro del Estado, diría el economista brasileño Caio Prado jr. (1957). Desde la perspectiva de estos intereses, claro que no existía ninguna disyuntiva (que luego sí caracterizó a las discusiones proyectos de América Latina) entre “reforma o revolución”. Para EE.UU., para la UFCO, ninguna de las dos. Las premisas eran: estandarización militar y apertura de los mercados para los productos e inversiones estadounidenses, así como para garantizar el flujo de materiales estratégicos materias primas vitales para el complejo industrial militar estadounidense.

Esta guerra fue implementada especialmente a través de los medios masivos de comunicación, y hoy sería parte del denominado “soft power” (en general celebrado, pues en apariencia es más “benévolo” que el poder militar o poder duro) que es utilizado no sólo por el gobierno estadounidense (y de los demás países centrales en decadencia), sino ampliamente difundido como herramienta entre las elites latinoamericanas (o más bien transnacionales) como factor necesario y decisivo para garantizar la “estabilidad” de las sociedades del continente, es decir, garantizar la estabilidad de la estructura de poder imperante.

La sistemática propaganda impulsada desde Estados Unidos, era notada por Arbenz y sus funcionarios, tal como figura en uno de los informes del Departamento de Estado “el presidente Arbenz piensa que la prensa estadounidense ha generado una imagen falsa de Guatemala, pues da la impresión de que el gobierno guatemalteco es comunista, cuando no lo es” (FRUS, Guatemala. 1952-1954 Doc. 5.) Lo mismo planteaba el ministro de Relaciones Exteriores, Toriello, que en una reunión con funcionarios estadounidenses se refirió a “la violenta propaganda en contra de Guatemala que él estaba viendo en las revistas y diarios estadounidenses, que, según él, estaban incentivadas por un interés particular de los Estados Unidos” (FRUS, 1952-1954 Doc. 10).

No es casualidad que el objetivo de la guerra psicológica sea influir en “los corazones y las mentes”, pues finalmente se trata de la herramienta clave para la concreción de la hegemonía, operando por medio de la instalación de ciertas premisas, asociadas especialmente a lo ideológico, que permean en lo que la gente “piensa que la realidad es” (más allá de lo que, en efecto, esté ocurriendo en el día a día). Tampoco es casualidad que su objetivo último sea el de alentar el consumo como eje de la vida de los sujetos y las comunidades.

En cuanto a la arbitrariedad del tiempo, es fundamental recordar que hasta hoy que nos reunimos a conmemorar colectivamente a Arbenz, parecía estar en un pasado lejano, hace dos siglos, allá lejos en el recuerdo, allá, en una memoria selectiva y dispersa que dejó a la Revolución Guatemalteca en los márgenes de la historia porque (supuestamente) fracasó. Pero si observamos con atención, esto obedece a los intereses subyacentes de la historia que se cuenta y se autodefine como verdadera, en cómo se la cuenta y quiénes la cuentan. Arbenz, en la historia de América Latina, considerando desde el asentamiento de las primeras comunidades, la colonización, la (supuesta) modernización, etc., Arbenz pasó ayer, Arbenz está acá, cerquita. La Guerra Fría es ayer, o es hoy, me pregunto… ¿cuándo, por qué y cómo se instaló la idea de que la década de 1950 fue hace dos siglos y que lo que vivimos hoy “no tiene nada que ver”? Habría que revisar entonces qué recordamos y qué olvidamos, si estos recuerdos, memorias y olvidos son absolutamente casuales o azarosos, o si existen otras variables que intervienen en esto.

Un ejemplo claro y actual, es que cuando hoy se menciona el 11 de septiembre, automáticamente revivimos la imagen del atentado a las Torres Gemelas. Pero también fue un 11 de septiembre de 1954, cuando el presidente Arbenz fue obligado a desnudarse en la aduana, en vías de su exilio a México: “La noche del 11 de septiembre de 1954 los viajeros que colmaban el aeropuerto de Ciudad de Guatemala fueron testigos de un ultraje sin precedente. El coronel Jacobo Arbenz, derrocado meses atrás mediante una modélica operación encubierta de la CIA conocida como PBSUCCESS, era obligado a desnudarse ante las cámaras de la muchedumbre de reporteros. Con calculada alevosía, sin prisa, fueron tomadas unas escandalosas imágenes que al día siguiente recorrerían el mundo: la del ex presidente en calzoncillos” (Acosta Matos, 2009: 121)

Con respecto a la democracia, la revolución iniciada en el ‘44 y la asamblea constituyente del ‘45 fueron contundentes con respecto a dejar en claro que la nueva Guatemala, era una Guatemala democrática. Una democracia formal y una democracia con sustancia, con justicia social, no una democracia de fachada. Según los funcionarios estadounidenses:”El presidente Arbenz dice que el pueblo guatemalteco ha tenido una corta experiencia democrática, que afloró algunos años atrás luego de una serie de dictaduras… que están tratando de encontrar su camino” (FRUS, Guatemala. 1952-1954 Doc. 5).

Pero eso no era conveniente. Según un funcionario de la CIA: “Conceder prematuramente privilegios y responsabilidades democráticas a un pueblo que todavía está acostumbrado a métodos patriarcales, sólo puede causar daño” (Cullather, 2002: 66).

Así, Guatemala no se podía dar el lujo de experimentar una verdadera democracia en el “patio trasero” de un país como Estados Unidos donde el macartismo, la persecución y la represión estaban de hecho legalizadas, donde el secreto forjó al “Estado de seguridad nacional” (La Feber, 1989; Wills, 2010). Ese era el verdadero peligro, que el gobierno de Arbenz lograra implementar exitosamente las reformas para generar una democracia incluyente, sustantiva, real. Pues eso sí sería un ejemplo para los países de la región y para América Latina. Entonces había que catalogarla de comunista, de alinearla al bloque soviético, más allá de la cantidad de comunistas que estuvieran o no vinculados al presidente [vale recordar lo que pasó años después con allende y la vía democrática al socialismo].

Tal como lo afirmó Cardoza y Aragón “lo revolucionario de los regímenes de Arévalo y Arbenz lo constituyó simplemente su espíritu democrático; lo revolucionario radicó en que frente a la arbitrariedad de muchos lustros y la inmovilidad impuesta por el pánico, el país caminó y la Constitución se cumplió en proporción ostensiblemente mayor. Lo revolucionario fue la presencia de la libertad, ejercitar la soberanía y la lucha por la emancipación económica” (Cardoza y Aragón, 1955: 66).

Por último, me gustaría recordar un deseo de Piero Gleijeses, cuando apuntaba que “Tal vez con el fin de la Guerra Fría, la bandera anticomunista en cuyo nombre se han perpetrado tantos crímenes y se han maleado tantas mentes, deje de estar enarbolada” (Gleijeses en Cullather, 2002: 173). Lamentablemente, el enemigo interno se recicló en nuevas amenazas para la seguridad nacional, hemisférica, de una ambigüedad y un alcance insospechados en tiempos de Guerra Fría, pues las amenazas abarcan desde la pobreza y la inestabilidad hasta el cambio climático y la protesta. Precisamente debido a este contexto, nos debemos una reflexión profunda sobre los procesos de reforma y revolución en América Latina, en los que Guatemala y Arbenz tienen un rol protagónico.

Bibliografía

•    Acosta Matos, Eliades (2009) Imperialismo del Siglo XXI: las guerras culturales. La Habana: Abril.

•    Cardoza y Aragón, Luís (1955) La revolución guatemalteca. México: Cuadernos Americanos

•    Cullather, Nick (2002) PBSUCCESS La operación encubierta de la CIA en Guatemala. Guatemala: Avancso.

•    Figueroa Ibarra, Carlos (2013) Conferencia en el Seminario Internacional “¿Hacia dónde va América Latina? Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos, CIALC, CEIICH, Universidad Nacional Autónoma de México 21-23 septiembre.

•    FRUS. Foreign Relations of the United States, Departamento de Estado estadounidense. http://history.state.gov/historicaldocuments/frus1977-80v02

•    Gleijeses, Piero (1991) Shattered hope. The Guatemalan revolution and the United States 1944-1954. Estados Unidos: Princeton University Press.

•    Lafeber, Walter (1989) The American age: United States foreign policy at home and abroad since 1750. New York: Norton & Company.

•    Prado Jr., Caio, (1957), Esboço dos Fundamentos da Teoria Econômica. Río de Janeiro: Editorial Brasiliense.

•    Wills, Garry (2010) Bomb power. The modern presidency and the national security state. New York: Penguin Books. 
*    Conferencia preparada para la Mesa Redonda “Arbenz, el hombre y su tiempo”, Salón Mayor CUNOC, Que-tzaltenango, 13 septiembre 2013. Guatemala.

**    Doctora en Ciencia Política, Profesora del Posgrado en Estudios Latinoamericanos, UNAM.

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