diciembre 3, 2022

Reflexiones sobre el Manifiesto Ciudadano: Del Despotismo que Tenemos a la Democracia que Queremos

El pasado domingo, 1ero de diciembre del año en curso, un grupo de ciudadanos autoconvocados por “responsabilidad moral y deber cívico” publicaron en Página Siete un Manifiesto Ciudadano titulado Del Despotismo que Tenemos a la Democracia que Queremos, que según el documento referido, “expone las claves de una nueva visión democrática alternativa de poder y sociedad que contrasta con el poder actual”.

A primera lectura, aparece como un documento más de testimonialismo político a los que nos tienen acostumbrados los referentes públicos de la gama variopinto de las oposiciones políticas del país, que en el fondo respiran y destilan un síndrome de abstinencia de poder que se les vuelve insoportable. Sin embargo, leyendo con más cuidado, en detalle y haciendo un análisis textual del pronunciamiento, existen una diversidad de criterios, posiciones, estrategias y —básicamente— el eje ideológico de lo que será el vórtice político de las oposiciones durante el próximo año electoral (2014), como también su visión del mundo, muy ligado a un pasado atávico pero resignificado y presentado en copa nueva. A continuación, exponemos algunos elementos que consideramos centrales para el análisis político y la formación de criterios públicos:


1ero: Todo el eje del documento gira en torno al posicionamiento de la tesis de que el actual Gobierno es despótico frente a los autoproclamados defensores de la democracia (nótese la referencia a la democracia en singular, por ende haciendo alusión a la democracia liberal representativa como dispositivo hegemónico y en desconocimiento a los otros registros o formas de gestionar las democracias, como la directa, comunitaria, participativa, intercultural…). Utilizan la categoría analítica del despotismo intentando fijar el imaginario socio político de que el actual gobierno del MAS es un gobierno que actúa motivado “por sus propios intereses y no por las leyes que ha impuesto, ni la misma Constitución…en su pretensión al poder `total´, patentizado en el control de los poderes del Estado”. Haciendo un breve recorrido a los significados más comunes de la palabra despotismo, podemos concluir que este término hace referencia a —por un lado— alguna autoridad absoluta no limitada por las leyes ni por ningún control constitucional y —por el otro lado— el abuso de poder, la superioridad o la fuerza en el trato con otras personas, por lo que la autoridad absoluta no está limitada por las leyes ni por ningún otro control institucional.

    Considero que los sentidos políticos que los intelectuales orgánicos que escriben este documento quieren dar al categorizar al actual gobierno como despótico tiene que ver básicamente con dos objetivos estratégicos:

A.    la búsqueda de deslegitimación de la base social del bloque histórico en el poder, argumentando que “el poder total se ejerce también sobre la sociedad, constatándose con la instrumentalización política de los llamados movimientos sociales”, intentando posicionar el criterio en la opinión pública de que el actual Gobierno ha actuado y actúa motivado solo por sus intereses y ajenos al bloque social indiano originario campesino obrero popular vecinal y de otras alianzas societales progresistas que juntos y colectivamente han hecho posible las múltiples transformaciones en el país. Aparentemente buscan profundizar las fracturas existentes entre algunos de los movimientos y organizaciones sociales con la conducción política del Gobierno, generalizando la consigna de que no es que el Gobierno tenga contradicciones con algunas organizaciones o movimientos sociales, sino que es un Gobierno divorciado de una base social que más bien usa o instrumentaliza a dichas organizaciones. Sin embargo, dichos intelectuales que afirman que el actual es un Gobierno despótico que ejerce el poder total sobre la sociedad, no pueden explicar porqué a pesar de la llamada instrumentalización política de los movimientos sociales, los/as bolivianos/as siguen votando preferentemente por el MAS y siguen apoyando este proceso de cambio y no otro, a pesar de los múltiples esfuerzos de reconducción, refundación del actual proceso… Da la sensación como que las oposiciones quisieran perturbar el “ajayu” del ciclo histórico en curso.

B.    El siguiente objetivo estratégico tiene que ver con el desesperado intento de repolarizar la escenografía política hacia la anterior configuración política de la confrontación o disputa entre bloques políticos, fijando las fronteras de los universos discursivas entre lo despótico y lo democrático o no despótico, en un esfuerzo de reunificar o aglutinar las dispersas fuerzas políticas de las oposiciones y revivir el añorado empate catastrófico, cuando la oposición aun “pesaba” políticamente. Sin embargo, pecando (las oposiciones) como siempre de excesiva simplificación del campo político boliviano (que es mucho más complejo y matizado que el juego de la lógica del blanco y negro) se puede entrever con claridad que lo que unifica el espacio heterogéneo de las oposiciones no sólo es la consigna de bloqueo al MAS, como dispositivo político y electoral, sino la ilusión de retorno al poder. La ilusión del retorno al poder sería para provocar una reacción conservadora y retrógrada hacia el statu quo del pasado en el que prevalecía una heterarquía o matriz múltiple de poder asentado en la colonialidad del ser, del saber, de la intersubjetividad, del cuerpo, del género, de las sexualidades, de las cosmologías, del trabajo y muchísimos otros dispositivos que justificaban, domesticaban y normalizaban la penetración y expansión de la fase más salvaje, deshumanizante, violenta y reaccionaria del capitalismo mundial: el capitalismo neo liberal (conservador), globalizado y geocentrado hacia los países dominantes.


2ndo: Otro de los elementos que llama la atención es la ausencia o silencio a gritos del dispositivo ideológico discursivo de la autonomía. Si mal no recordamos, la esencia del proyecto de las oposiciones de derechas fue el contenido polisémico de la(s) autonomía(s); que podían referir en diferentes momentos o etapas del enfrentamiento político de los últimos 10 años, desde demandas de mayor descentralización y el replanteamiento de las relaciones entre el Gobierno central y los diversos niveles de Gobiernos sub nacionales, como también podía referirse al Federalismo, o al Gobierno Libre Asociado hasta lindar en el secesionsimo y separación. En otras palabras, autonomía fue (en pasado) un dispositivo ideológico y discursivo de reacción y en respuesta a un recambio en la racialidad del poder, en donde ya no había una mera sucesión de las elites blanquecinas que administraban el poder del Estado, sino una significativa sustitución de las elites criollo mestizas blanquecinas que detentaban el control del bloque político en el poder. Precisamente por este motivo, —por el hecho de que las autonomías NO constituyó un proyecto de mundo, sociedad, Estado y economía alternativa o diferente al neoliberal impugnado por el denominado proceso de cambio en curso— en el transcurso de poco menos de diez años, la autonomía ha pasado de ostentar la centralidad del vórtice político de las oposiciones hacia la periferia política. En el documento analizado se puede constatar que la autonomía apesta como un zapato viejo y se traslucen las limitaciones, debilidades, incongruencias y verdaderas intenciones de lo que las oposiciones querían hacer políticamente con la autonomía: construir una fundamentación que apareciera como socialmente sensible, históricamente pertinente, políticamente progresista, pero que tuviera el efecto de a través de movilizaciones públicas se defendieran intereses y privilegios particulares.



En el manifiesto ciudadano titulado Del Despotismo que Tenemos a la Democracia que Queremos se está haciendo exactamente lo mismo con el dispositivo ideológico y discursivo de “la democracia” (liberal representativa) desde una perspectiva formal institucional o normativa – legal, ya que el dispositivo de la autonomía se desgastó y ya no les sirve a las derechas para contener y contender las transformaciones en curso del actual ciclo histórico. En otras palabras, éstos están instrumentalizando la democracia, los derechos humanos, el Estado, la constitución, el estado de derecho —bienes públicos— para la defensa de un proyecto de mundo, sociedad, Estado y economía que se autoproclama abierto, inclusivo y sensible frente al débil, al pobre, al desposeído o al que no tiene ni puede, pero que en los hechos, en la lógica pura y dura del poder, quiere volver al orden duro de la colonialidad del poder, en donde habían jerarquías, redes y limitaciones tangibles e intangibles en la sociedad y donde en los hechos no todos ni todas eran iguales. Lo llamativo de este documento no sólo es el descarte del (pseudo) proyecto de la autonomía sino más bien la instrumentalización y funcionalización de la democracia —que histórica y mundialmente está en una fase de expansión y emancipación con nuevos contenidos y significaciones— hacia proyectos conservadores, pseudo-democráticos o abiertamente anti democráticos. La búsqueda de la apropiación del espacio discursivo de lo “alternativo” es realmente contradictorio e inverosímil, para decirlo de manera delicada.

Finalmente, ante la ausencia de proyecto político realmente alternativo, que contenga otra visión de mundo, de la naturaleza, otra concepción de vida y sociedad que pudieran competir con la hegemonía ascendente del MAS y del bloque social en el poder, las oposiciones de derechas limitan, frenan, controlan y osifican los procesos democráticos progresistas, emancipativos y (re) humanizantes que se dan en las calles del país (y del mundo) todos los días, a través de un esfuerzo hegemónico de delimitar lo que ellos determinan que es lo democrático, para vincularlo a lo formal —institucional y/o normativo— legal, desde la perspectiva occidental, moderna, eurocentrada y al servicio de los intereses del sistema mundo capitalista.


*    Politóloga cruceña

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