noviembre 25, 2020

El CELAC: Proyecto de integración socialista para Latinoamérica y el Caribe

Sin lugar a dudas, Latinoamérica y el Caribe como región denota importantes singularidades que la hacen diferente del África, Asia, Oceanía y Europa.

Para comenzar es una región que vive en paz y las diferencias de criterios entre sus Estados tradicionalmente fueron resueltas en instancias multilaterales. Afortunadamente las guerras ocasionadas por la ambición de empresas transnacionales por tener el control de recursos naturales estratégicos (Bolivia perdió la mitad de su actual territorio por el interés económico internacional sobre el salitre y el guano, la goma y el petróleo producto de las “guerras” del Pacífico, Acre y Chaco), parecen haber quedado en el pasado.

Otro factor que la hace una región diferente es su unidad idiomática a excepción del Brasil que habla el portugués, ocurriendo lo mismo con el Caribe Anglófono y con el primer país liberado de las cadenas coloniales: el Haití francófono.

Si bien somos países colmados de culturas originarias con sus respectivas lenguas e idiomas, tenemos una raigambre común que podría denominarse la identidad latinoamericana y caribeña que nos identifica en el mundo.

También somos la región con mayores recursos naturales no explotados, en el ámbito minero y de hidrocarburos, de producción de alimentos en la tierra continental y los mares, además de contar con la mayor biodiversidad del mundo. Tampoco olvidemos que somos la región que contiene los mayores reservorios de agua dulce del planeta.

Contamos con la Amazonía que en la actualidad es el pulmón de la madre tierra, encontrándose en esta área de nuestra región el mayor banco de vida de las especies planetarias.

Si articuláramos nuestra población en dos bloques económicos de sur y centro América y el Caribe, tendríamos el mercado potencial más importante del mundo. Además formamos parte del Pacífico, asiático, de Oceanía y latinoamericano, área de los mayores intercambios comerciales de este siglo.

Y por supuesto, somos la región más diversa también en sistemas políticos, económicos y de construcción de democracias, de diversa amplitud y radicalidad con países conservadores y otros en procesos de liberación que han proclamado el socialismo.

No fue casual entonces, que el apóstol Martí y el Libertador Bolívar hubiesen visto en la región, en nuestra región, la potencialidad de una gran patria, que liberada de las ataduras de Europa y Norteamérica (la colonia europea más estructurada en esta parte del mundo) podría alzar vuelo autónomo y soberano, por lo que durante la primera independencia, denunciaron las formas de dominación y subyugación coloniales y neocoloniales y los peligros que Europa y Norteamérica traían para nuestros estados que se constituían.

Pero para lograr ser esa patria grande, había que dar el gran paso de la UNIDAD, que sólo podría alcanzarse por la voluntad política de sus pueblos y la obediencia de sus gobernantes a la voluntad popular.

Durante más de un siglo, perdimos tiempo y batallas. El sueño de la gran patria quedó descartado por la estructuración de débiles Estados que controlados por oligarquías “que se sentían dueñas de su país pero los despreciaban” (S. Almaraz), seguían los designios imperiales imponiéndoles gobernantes autoritarios o demócratas, según el ciclo político que atravesaban.

Sin embargo, el siglo XXI, se inauguró con el sueño despertado, pues paralelamente se eligieron constitucionalmente gobiernos populares y de izquierda en la región bajo el liderazgo de caudillos de la talla de los Comandantes Fidel y Chávez y los gobiernos de Lula, los Kirschner, Correa, Evo Morales y hoy, Nicolás Maduro y Daniel Ortega, que revivieron el gran sueño de la integración y lo proyectaron a partir de bloques sub regionales, que hoy conviven con el CELAC.

La crisis financiera del capitalismo, ha develado que su mal congénito se esta desarrollando cada vez más velozmente y que hoy por hoy ni los proyectos capitalistas locales, son respetados en su autonomía, pues los núcleos de hegemonía económica, para subsistir, deben fagocitarlos, es decir comérselos literalmente hablando, dejando al descubierto, que el capitalismo es contradictorio, que no es democrático, que sólo salva a los más poderosos, que no es el único modelo de vida posible porque más bien su resultado es muerte – hasta de sus aliados-, y que por estas razones es un modelo civilizatorio condenado al fracaso.

En ese contexto de crisis occidental, de crisis del modelo civilizatorio de la modernidad y de su gestor económico el capitalismo, es que se renueva el sueño de la integración latinoamericana y caribeña, bajo el proyecto del CELAC, con una marcada impronta anticolonial y antiimperialista, que pese a los berrinches de los gobernantes de los países más conservadores de la región, avanza en una perspectiva anticapitalista con proyectos de diversa factura de socialismo.

Si los gobernantes siguieran la voluntad de sus pueblos, “que futuro cercano y radiante tendríamos” (Che).

Los socialismos latinoamericanos y caribeños entonces, pueden y harán posible nuestra integración: en la Declaración de la Habana del CELAC, tenemos nuestro programa.


*    Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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