noviembre 24, 2020

Revolución Nacional y Proceso de Cambio

¿Hay algún punto de coincidencia entre el la Revolución Nacional de 1952 y al Proceso de Cambio? Karl Marx, en el libro I de Das Kapital, reconstruye la biografía maléfica del modo de producción capitalista. Hoy, el marxismo, ya no tiene buena prensa en tiempos descolonizadores, pero su texto continua siendo imprescindible para entender los secretos y el fetichismo del valor de cambio, la moneda y el plus valor. La Sección 7, capítulo XXIV es particularmente notable, pues establece como en una suerte de explosión de larga duración se produjo la emergencia de una economía dominada por el apetito de la ganancia y la propiedad privada de los medios de producción. En Bolivia este fenómeno que comenzó con la conquista española, recién cobró cuerpo a fines del siglo XIX. Entonces un enlace de capital extranjero y renta de la tierra, extraída por los gamonales y propietarios de minas a costa del trabajo y la vida de miles de siervos indígenas, modernizó la producción de mineral de plata (y luego de estaño).

La acumulacion nacionalista

El capitalismo boliviano fue un producto esmirriado y encuevado en la minería sin articulación con otros los sectores productivos, salvo la agricultura de los valles cochabambinos productores de alimentos. Fue la Revolución Nacional de 1952, la que expandió, usando las dádivas del Estado, las fronteras geográficas y sectoriales del capital. En otras palabras el objetivo fue crear una burguesía que se pensaba sería nacional en contraposición a la oligarquía transnacionalizada de la minería de los Barones del Estaño. Nacionalizadas las empresas mineras en 1952 sus excedentes y beneficios fueron re direccionados hacia sectores empresariales. La transferencia, por no decir saqueo, de los recursos públicos se convirtió en una condición de existencia de una nueva clase burguesa, que creció en condición parasitaria y especulativa. Los llamados “diviseros y cuperos”, en general militantes del MNR, fueron la manera, la única quizá, en la que la clase media y la media burguesía pudieron acumular dinero por medios dolosos y favoritismo político, que solo unos pocos empero tradujeron en capital productivo. El campo financiero y el comercial, y no el industrial, atrajeron particularmente su mirada. En el mejor de los casos se indujo en el Oriente la explotación en gran escala de la tierra, generosamente dotada por el Estado a bajos precios o simplemente regalada, sustrayéndola de las comunidades y pueblos indígenas, sus verdaderos propietarios (como ya había ocurrido en el Occidente a fines del siglo XIX y también durante las dictaduras militares de Banzer y García Meza). Sin embargo buena parte de esos recursos generados por el proletariado minero fugaron del país o sirvieron para pagar la fiesta y el despilfarro nacionalista revolucionario o, en su caso, militar.

Proceso de cambio y estado

El MAS, en el gobierno desde inicios de 2006, es estatista, y trata de convertir a las empresas estatales y la inversión pública en el núcleo duro de la economía ¿un capitalismo de Estado, tal como ocurrió luego de 1952? El término sugiere que el Estado se compromete en la expansión del capitalismo. Y aquí hay diferencias. En primer lugar está el eje de intervención estatal. Como se dijo, desde 1952 se pretendió crear desde el Estado un actor capitalista centrado en el Oriente; ahora en cambio se privilegia, a la pequeña, mediana producción y la actividad comunal, acorde a su visión de una economía diversa y bajo el entendido que los recursos de las empresas nacionalizadas deben favorecer a los sectores más necesitados. A diferencia de lo que ocurrió de 1952 en adelante, el proyecto no tiene el objetivo de usar los recursos públicos para ampliar o crear una nueva burguesía o para fortalecer la acumulación del sector privado.

El MAS, siguiendo la línea del nacionalismo revolucionario, apuesta en cambio por la socialización y redistribución del excedente sin tocar necesariamente las formas de propiedad. Incluso es menos radical que el socialismo a la manera de Marcelo Quiroga. Se puede comparar, para ilustrar este punto, la confiscación de la Gulf Oil en 1969 con la reciente nacionalización las petroleras. Quiroga Santa Cruz actuaba en un mundo altamente polarizado propio de la Guerra Fría y de la ruptura con al imperialismo como pregonaban las corrientes de la “Teoría de la Dependencia”. Al MAS en cambio, le toca navegar en la compleja maraña de la globalización donde las posturas anticapitalistas a ultranza han perdido peso. Incluso gobiernos llamados socialistas como Cuba y China admiten y convocan a las inversiones extranjeras. Sumándose con realismo a esta corriente el MAS ha preferido, en la mayoría de los casos, renegociar contratos o pagar por las empresas nacionalizadas, pero no desechar de plano el capital extranjero con la cual busca más bien una nueva relación de fuerza y de acuerdos(“Queremos socios, no patrones”).

Ahora bien, existe punto de concordancia entre proyecto de 1952 y el actual: su espacialismo; esto es su visión de territorio como espacio uniforme y sede que cobija de la nación, construida y articulada hacia un horizonte de progreso mediante carretas y los aeropuertos de modo que por sus arterias fluyan no solamente mercancías sino sobre todo ideas y posibilidades de conocimiento de otros pueblos, que da el soporte para la construcción de la nación como un espacio de reconocimiento de las diferencias pero con el soporte de su unidad.

Más diferencias sustanciales

Dentro el Proceso de Cambio, la economía estatal, como ocurrió en 1952, ha expandido su presencia dentro del PIB, merced a nacionalizaciones y renegociaciones de contratos. Sin embargo la transferencia de recursos no tiene ya el propósito de incrementar el desarrollo de la gran empresa privada, sino que adquiere una forma de subsidios (bonos) que buscan promover asistencia y equidad atendiendo a los sectores más desposeídos; a aquello que nunca fueron favorecidos ni atendidos por el Estado. Lo singular del proceso actual es que a diferencia de lo ocurrido en la Bolivia populista del 52, no son las elites tradicionales las que sustentan u aprovechan del proceso acumulativo, esto tampoco fugan del país para engrosar la cuentas extrajeras de políticos convertidos en empresarios. Por el contrario los recursos estatales ahora involucran y se desparraman en medio de protagonistas procedentes de sectores sociales anteriormente excluidos. Es presumible que como resultado se estén reconfigurando los propios sujetos sociales, traduciéndose en la emergencia de nuevos grupos de poder, con distintas culturas políticas, hábitos y modos de ser.

Finalmente se debe señalar que El MAS lee y desecha al socialismo en clave europea, como una manifestación crítica del industrialismo, pero que a su vez creía en la industrialización y el progreso bajo nuevas fórmulas conducidas por el proletariado industrial. Como bien decía Lenín: “Soviet más electrificación”. El marxismo y el nacionalismo revolucionario son criticados por ser filosofías de la historia, etapistas, lineales e universalistas. El primero además por mestizo y el segundo por burocrático. Reproducirlos en Bolivia, a sus ojos, produciría fracturas con el proyecto de descolonización y de retorno simbólico a los orígenes milenarios. Para la izquierda nacionalista (y marxista), en cambio, la naturaleza, vista como fuente del valor de uso, debía ser dominada y sometida por la tecnología para permitir un socialismo de la abundancia material y de valores de cambio. En su tiempo los soviéticos -y ahora los chinos-, perpetraron varios crímenes contra el medio ambiente en base a esta perspectiva. En proyecto estatal en nuestro país no niega extraer recursos naturales a fin de obtener beneficios e incrementar la disponibilidad de recursos para las políticas sociales, como lo hacen países como Noruega o Canadá, pero ello no supone que se llevará la explotación a un punto tal que se produzca un desbalance con la naturaleza y esta quede amenazada.

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