diciembre 3, 2020

-III- Wittgenstein, hacia una purificación intelectual – Más allá del ¿para qué? del pensamiento, está la fascinación que ejerce

por: Christhian V. Lizarazú G. 

La inclinación hacia algo, evidentemente tiene que ver con que ése algo, ya que está de alguna manera latente en estado embrionario en aquel que se inclina hacia ello. En el caso de Wittgenstein se trataba de un fenómeno de éste tipo, el realizó varias ocupaciones a lo largo de su vida; estudiante de ingeniería, soldado, enfermero, arquitecto, maestro de escuela, docente universitario, jardinero. Pero a pesar de buscar una especie de apaciguamiento en éste tipo de actividades, había algo en él que lo inducía constantemente al -pensamiento- pensar, filosofar. Éste otro tipo de actividad, puede parecer extravagante, pero para quién es propenso a ello, es un hecho que forma parte de su vida, de su extraña vida… y como tal es irrefutable. “La alegría por mis pensamientos —pensamientos filosóficos— es la alegría por mi propia vida extraña. ¿Es eso alegría de vivir?” —Ludwig Wittgenstein—.

Y así como en la perspectiva de Wittgenstein, el pensar es una actividad tan fuerte, el resultado “final” de un gran pensador, de una gran filosofía, es la fascinación por el hombre y su vida; por el hombre que la concibió. Es decir que esa vida, ése hombre; se constituye y queda como un referente memorial, para bien o para mal. Ahí la pregunta del para qué del pensamiento y la filosofía, se torna inútil.

La Inutilidad de Algunos Supuestos Utilitaristas sobre el Pensamiento

En una época consternada por las ruedas del engranaje social, es muy frecuente la pregunta; ¿para qué sirve el pensamiento, la filosofía? A dicha pregunta corresponde el siguiente tratamiento: primero, dicha pregunta ya se hace desde una perspectiva, la del utilitarismo, dicha perspectiva intenta comprender las cosas por el valor de su uso, más sin embargo no se cuestiona a sí misma sobre su utilidad al preguntar cuestiones importantes. Es decir, en que su pregunta puede ser inútil. Segundo, la respuesta podría ser simple, podríamos responder con Wittgenstein diciendo: “Dejar las cosas como están”, pero el utilitarismo no lo entendería, porque en realidad dicha respuesta es el resultado de un Atomismo Lógico —Bertrand Russell—, ya que preguntar ¿para qué sirve el pensamiento, la filosofía?, corresponde a una pregunta del tipo; ¿para qué sirven las herramientas? Tercero, desenredar la cuestión: empecemos contestando lo que parecería ser lo más simple; ¿para qué sirven las herramientas?, seguramente se responderá; las herramientas sirven para construir cosas, para reparar, para remodelar, destruir, martillar, taladrar, atornillar, etc., etc. Entonces la respuesta a la pregunta ¿para qué sirve el pensamiento, la filosofía?, tampoco es complicada, ya que el pensamiento y la filosofía sirven para conocer, para saber, para crear, para destruir, para comprender, para decidir, para imaginar, para llevar a la acción, etc., etc. Al respecto la respuesta solo nos dice lo obvio de los hechos. Pero detrás de éste tipo de preguntas, hay otras que son anteriores.

Detrás de la pregunta; ¿para qué sirven las herramientas?, está la siguiente ¿para qué sirven las manos?, es igual de fácil responder; sirven para trabajar, para hacer cosas, para crear, para destruir, para utilizar herramientas, para comer, etc., etc. Así también detrás de la pregunta; ¿para qué sirve el pensamiento, la filosofía?, está la siguiente; ¿para qué sirve la cabeza, el cerebro?, a lo que se responde sencillamente, que sirven para pensar, para filosofar,para tener ideas, para entender, para estudiar, para conocer, para crear, para destruir, en fin. Pero entonces, ¿qué nos han dicho estas preguntas y sus respuestas?, pues parece que simplemente “lo obvio” de los hechos. Y es que así sucede cuando se pregunta en la fachada sobre el para qué de algo que se desconoce o no se ha entendido. Porque éste tipo de preguntas del para qué sobre algo que no se tiene certeza de su qué o de sus hechos, son inútiles cuando su objetivo es valorar su utilidad.

Así la pregunta por la utilidad, busca una respuesta por un uso correcto; está llena de moralina. Por ello si paradójicamente utilizamos una analítica -en lugar de una perspectiva utilitarista- para preguntas del tipo; ¿por qué las herramientas?, la respuesta será que las hay porque las necesitamos para construir, crear, martillar, apretar, atornillar, escavar, etc., etc. Y si preguntamos, ¿por qué tenemos manos?, se podrá responder que las tenemos porque las necesitamos para apretar, crear, martillar, dibujar, atornillar, agarrar, escribir, etc., etc. Pero esas respuestas están condicionadas y no nos dicen nada. Ya que bien podríamos responder -casi al revés- que porque el hombre tiene manos las utiliza para agarrar, martillar, dibujar y un largo etcétera. Lo cierto es simplemente que el hombre tiene manos, y esto es un hecho, la pregunta por su uso en realidad es inútil porque no sirve de nada. Del mismo modo si se pregunta; ¿por qué hay pensamiento y filosofía?, se podrá responder que porque se los necesita, pero ¿cómo podríamos afirmar esto si no conocemos a ciencia cierta el fin del hombre? Y si preguntamos ¿por qué se filosofa, por qué se piensa?, podríamos responder que porque se necesita hacerlo, porque se busca y quiere conocer, pero tampoco podemos afirmarlo en absoluto, porque no sabemos el fin del hombre. Lo único cierto es que el hombre piensa y filosofa, y esto es un hecho.

Ahora al igual que las preguntas del para qué, las del por qué; pueden carecen de certeza si no se analizan los hechos de lo que es el caso. En el caso del hombre, es un hecho que tiene una cabeza, un cerebro y que con ellos piensa y filosofa. A ése hecho, la pregunta ¿para qué?, quiere recibir una respuesta valorativa en tanto se espera que el uso que se le da sea superior al supuesto de que no se lo usara. Cuando la respuesta sencilla es que el hombre filosofa porque puede y está dotado para ello, además de que lo necesita y quiere. Es paradójico que se cuestione así erróneamente algo importante, ya que en contraste si se pregunta ¿para qué juego fútbol?, y se responde; para divertirme, o porque me gusta; la respuesta es una sentencia.

Por ello yo me animo a escribir la siguiente en lo que nos concierne acá: para las grandes cuestiones, no hay un para qué que valga, cuando hay un hecho que anticipa cualquier finalidad. El filosofar es una actividad -capacidad- humana que trae placer, dolor y fascinación al que la ejerce, y no necesita justificación, sino que se justifica después de que ha sucedido como un hecho.

Un Legado Esclarecedor

Ahora hay espíritus más proclives a ejercer esa capacidad humana -el pensamiento, la filosofía-, que con anhelos prometeicos enciende el fuego interno del hombre para disfrutar de sí mismo con ella. Uno de estos espíritus fue sin dudas Wittgenstein; un hombre que vivió una vida particular en la cual ejerció una filosofía particular, la intensidad de ambas, hizo que el límite fuera difuso. ¡Ah!, pero eso es lo admirable, ya que una actividad filosófica significa; que a la filosofía, se la deja ser, y al ser, se le deja filosofar.

Y como el propósito de éste escrito -en sus tres partes- era constituirse justamente en una actividad que nos llevase hacia una “purificación intelectual”; ahora debemos utilizar lo que hemos aprendido para aclarar el punto de partida que nos ha impulsado, y esto no es más que analizar la pregunta: ¿qué es lo puro?, a lo que habrá que responder; si el mundo es la totalidad de los hechos, la pureza, en el mundo, sólo puede darse en la relación que existe entre las cosas del mundo. Por ello si por ejemplo quisiésemos pensar en un color blanco puro, esto no nos llevaría a nada en el mundo -esa imagen está fuera de los hechos del mundo-, lo mismo sucede con la idea de la purificación, no nos lleva a nada. Pero si por otro lado, consideramos el estado actual de nuestra mente para afrontar los grandes problemas, preguntas, y lo relacionamos con el anterior -antes de ésta “analítica filosófica”-, ahí sí estaremos en un hecho del mundo, algo que ha sucedido… un potenciamiento intelectual. La potencia solo se da en los cuerpos del mundo, y aquel que ha llegado a ése estado podrá decir con Wittgenstein: “Cuando en tus pensamientos -filosóficos- llegues al lugar donde yo estuve, entonces -eso ha de significar- ten respeto por mi pensamiento”.


*    chrislizarazu@gmail.com

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