diciembre 1, 2020

Jóvenes, el proceso al interior del proceso

por: Inti Tonatiuh Rioja Guzmán

En algún momento de la historia se genera una respuesta ante la realidad, una respuesta que no aprueba lo que existe, sino, lo desconoce, lo niega y sirve como antecedente y/o base para finalmente apuntar a transformar y convertir aquello que detiene o destruye al interior de una sociedad, es a eso a lo que podemos llamar proceso.

El proceso viene acompañado de un sinfín de preguntas –todas con la inminente necesidad de ser respondidas — y el reto de demoler aquel impedimento social manifestado en estructuras que detienen la unión de su pueblo.

El efecto de estas estructuras ocasionaron inviabilidad en la sociedad boliviana imposibilitando su unión y produciendo crisis, entre ellas por nombrar algunas se encuentran: la exclusión indígena, el racismo entre los sectores no “blancos” y no “mestizos”, el sexismo, la desigualdad de géneros, la colonización mental (la mirada hacia afuera en detrimento de lo interno) y la falta de soberna nacional.

Podemos verlas reflejadas en el origen del proceso indígena que tiene el exponente de Tupak Katari y Bartolina Sissa en 1781 por la revolución empezada en detrimento de la estructura colonial, la misma, sentó con firmeza las bases que movimientos indígenas recuperan hoy con mucho orgullo, entre ellas la liberación de formas externas de dominación y la lucha contra la exclusión.

Adela Zamudio y el Ateneo Feminista en 1920 conjuntamente con la Federación Obrera Femenina (FOF) en 1927 [1], pueden ser considerados como los orígenes del proceso de la mujer en Bolivia para derrumbar aquellas estructuras como la desigualdad de géneros y el sexismo.

Es así que no es una eventualidad que el nombre del periodo político – social por el cual atraviesa el país sea proceso de cambio, precisamente por que; el inicio, la catarsis, y la conclusión de una estructura por su largo alcance puede incluso redefinir a la sociedad.

Es en esa perspectiva que la fuerza del proceso de cambio logro volverse efectiva cuando empezó a cuestionar fuertemente y resaltar la negatividad de las estructuras potencializadas en el tiempo Republicano.

Precisamente la Carta Magna adquiere su condición de hito en el proceso de cambio cuando propone garantizar una mayor inclusión al indígena y la mujer en busca de lograr derrumbar esas estructuras que impiden que nuestra sociedad sea más justa.

Por ejemplo, la exclusión indígena y la desigualdad de géneros fueron abordadas con inclusión en porcentajes de participación al interior de las instituciones más importantes del país, es así que las fuerzas políticas que quieran acceder a la Asamblea Legislativa Plurinacional tienen que tener el 7% de candidatos provenientes de pueblos indígenas y el 50% mujeres.

Lo que nos lleva a la pregunta ¿Y los jóvenes?, ¿Cuándo empezó su proceso? Será que aquel empezó en aquellas generaciones que fueron a la guerra del Chaco y se consagraron después de la revolución nacional o aquellos jóvenes que lucharon contra las dictaduras y desde el exilio y la clandestinidad cuestionaron al Estado y la forma como estaba estructurada la sociedad boliviana.

El problema a diferencia del indígena y la mujer es que la estructura contra la que se enfrentan los jóvenes tiene a muy pocas personas prestándole atención, el tema todavía no ha despegado en una plenitud fuerte y representa una arista por sus muchas facetas.

Lo importante es que la Carta Magna otorga muchas más oportunidades a los jóvenes para formar parte del Estado y tener una voz más fuerte en la sociedad, es decir, en la actualidad estamos viviendo el proceso al interior del proceso.

Como aporte localizo que la pregunta ¿Cuál es el rol de los jóvenes en Bolivia? Nos dimensiona un escenario amplio de discusión y de revalorización a lo que muchos ya han venido desarrollando.


*    Joven politólogo boliviano, @intirioja

1    Información recopilada del articulo: “Breves apuntes para una historiación de los movimientos y organizaciones de mujeres bolivianas” de autoría de la psicóloga social, feminista y militante por los derechos de la mujer Jenny Ybarnegaray Ortiz, en La Época, Nº 493 del 10 de Septiembre del 2011.

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