noviembre 25, 2020

Juventudes revolucionarias y responsabilidad histórica

por: Valeria Silva Guzmán 

Lenin decía que la generación de militantes educada en la sociedad imperialista y capitalista tiene como máxima tarea destruir los cimientos de la vieja vida basada en la explotación, organizando un nuevo régimen social que le ayude a las clases trabajadoras a conservar el poder en sus manos. Pero la edificación de la nueva sociedad, con nuevas relaciones de producción es tarea exclusiva de las nuevas generaciones y que a la juventud le pertenece la verdadera tarea de crear la sociedad comunista donde no exista absolutamente la explotación del hombre por el hombre.

Esta construcción, a cargo de las nuevas generaciones, según Lenin, no puede ignorar el conocimiento acumulado de la humanidad a los largo de la historia. Los marxistas de consigna han decidido ignorar el pasado y el conocimiento acumulado por la humanidad, definiendo a la vieja escuela como libresca, de adiestramiento autoritario y de enseñanza memorista. Y aunque a priori no están equivocados –de hecho, decía Lenin, que la vieja escuela se había dedicado a atiborrar cabezas y a transformar a las nuevas generaciones en funcionarios útiles al capital -, es necesario saber distinguir qué es útil y qué no de esta vieja escuela para la construcción del nuevo Estado, de la nueva sociedad. De hecho, es un error ser sólo revolucionario de consigna y, en estricto rigor, es antimarxista, como lo dijo Lenin, siendo el marxismo el ejemplo de cómo el comunismo es el resultado de la suma de conocimientos adquiridos por la humanidad [1]. Marx, efectivamente ha logrado tener inmenso eco porque para la construcción de su estudio genético del capital, se ha apoyado en la rigurosidad más exquisita, desde el pensamiento crítico, de los conocimientos humanos adquiridos bajo el capitalismo para finalmente sacar de todo eso las conclusiones que el gremio intelectual burgués nunca pudo ver. La consigna revolucionaria sólo será fuerte, contundente y determinativa si su cimiento está en los conocimientos profundos no sólo librescos.

La tarea para las juventudes revolucionarias está precisamente en forjar los conocimientos múltiples, en profundizar la resistencia colectiva, sin olvidar la importancia emergencia de articular los diversos gritos antiimperialistas y anticapitalistas, para asumir con dignidad la enorme responsabilidad de abrazar la herencia de la generación precedente y recoger cada fruta que nos dé los árboles sembrados por quienes hoy están desmontando al Estado colonial. Se trata de saber usar lo que ya ha trabajado la generación precedente, se trata de transformar las bases en algo vivo que fusione la labor política inmediata y el trabajo práctico. De aquí la emergencia de juntar las manos de la juventudes revolucionarias para cumplir con el rol histórico que nos toca.

La moralidad compartida entre las diversas organizaciones juveniles está subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado. El fin es el derrocamiento del imperio y de todo poder capitalista y colonial. Esta moralidad es también una denuncia de todos los embustes de la moral burguesa. Esta base común en individuos revolucionarios es indispensable, su ausencia significaría el desvío hacia el antiguo camino neoliberal y colonial. Es claro: ser instruido y saber trabajar.

Precisamente las juventudes revolucionarias que gritan más fuerte, que no se cansan, que no tienen miedo, que llevan el ímpetu como bandera son las llamadas a defender los procesos revolucionarios y a denunciar los aún persistentes regímenes de saqueo e intervención. Decía Marx que el obrero es capital variable por excelencia y no revolucionario por excelencia, será el obrero revolucionario por excelencia cuando asuma su condición de explotado y decida cambiarla; de la misma manera, ser joven no es ser revolucionario por excelencia y ser joven revolucionario tampoco significa jugar a la protesta, como lo están haciendo hoy en Venezuela.

Las juventudes revolucionarias bolivianas hemos asimilado la resistencia venezolana al golpismo como propia y tenemos claro que esa demanda de “apoyo generacional” de la derecha recalcitrante venezolana sólo puede permear en los sectores desinformados y desvinculados a los flujos de información alternativos. La conciencia sobre la emergencia de hacer un solo grito de guerra en defensa de la revolución bolivariana ha hecho que hoy las juventudes revolucionarias de Bolivia, con diferentes colores, con diferentes banderas pero con la misma moral nos reconozcamos como jóvenes antifascistas, dispuestos a juntar las manos en defensa de los procesos revolucionarios latinoamericanos que son de los pueblos. El MAS-IPSP, la Juventud Comunista, la Juventud del PS-1, el Bloque Juvenil Anitiimperialista, la CSUTCB, Interculturales, el colectivo Jallalla Chavez, los Trabajadores Sociales Comunitarios, Los Profesionales de Alba, entre otras organizaciones e independientes estamos hoy en alerta, asumiendo que Venezuela es hoy el punto de los blancos y que mañana puede ser Bolivia.

No es extraño que Rafael Quispe hoy sea “la cuota indígena” en el partido del cual un empresario es propietario, al igual que es propietario de Burger King en Bolivia y de muchas otras empresas; los capitales imperiales de siempre están introduciendo recursos en la política. Al menos ha quedado claro cuál fue el rol de Quispe que aparecía como defensor de los pueblos indígenas y hoy no tiene temor de apretar la mano de Doria Mediana. Aquí estamos las juventudes revolucionarias antifascistas articuladas para hacerles saber que contamos con conocimientos, que sabemos el rol que nos toca y que por eso mismo estamos denunciando la puesta en escena de ese par. Aquí estamos también esperando la manifestación de inconformidad de todos los ex defensores de Quispe. Las caretas están empezando a desvanecerse.

Perder el horizonte histórico en este momento sería un crimen. La miopía política debe ser combatida rigurosamente, desde las ideas. Como dijo Lenin, la edificación de la nueva sociedad sólo se dará si las nuevas generaciones asumimos la responsabilidad histórica que tenemos que no sólo puede ser consigna y que no sólo puede ser conocimiento libresco. La lectura empedernida no es nada sin trabajo vivo, sin lucha.



*    Es investigadora y miembra del Bloque Juvenil Antiimperialista
*    Twitter: @ValeQinaya
1    Lenin, “Tareas de las organizaciones juveniles”, 1920.

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