noviembre 24, 2020

Pobreza y redistribución

por: Pobreza y redistribución

Erradicar la pobreza es uno de los objetivos estratégicos del actual gobierno, y en esta dirección se está avanzado a pasos agigantados. No se podía esperar otra cosa de un gobierno que representa a los pobres del país. Así, en el informe al país del presidente Morales de enero pasado se presentan estadísticas que demuestran los incuestionables avances del país en la erradicación de la pobreza.

El gobierno sostiene que no sólo se está disminuyendo la pobreza en el país, sino que además se está produciendo una redistribución de la riqueza, pues las diferencias entre los más y ricos y los más pobres se han reducido significativamente. De ser uno de los países de Sudamérica donde las diferencias entre ricos y pobres eran las más altas, hemos pasado a ser el país donde las diferencias son las menores.

Pero no hay que ilusionarse, a pesar de los avances, todavía existe pobreza e inequidad en la distribución de la riqueza en Bolivia. Según los datos actuales, el más rico gana cerca de cincuenta veces lo que gana el más pobre; a pesar de los records de crecimiento económico, Bolivia sigue siendo el país pobre de Sudamérica.

Para algunos economistas, la pobreza es un resultado inevitable del capitalismo, por lo que sólo podrá ser erradicada cuando se llegue al socialismo. Desde un primer punto de vista, esta posición es acertada, pues el capitalismo es un modo de producción en el que unos pocos (los poseedores del capital) viven sin trabajar, gracias al trabajo unos muchos (los proletarios). Para que el sistema funcione es necesario que hayan siempre los dos: los capitalistas y los trabajadores. Y la riqueza del capitalista será mayor si paga menos al trabajador; de ahí que los salarios tenderán siempre a ser el mínimo vital, rondando los niveles de pobreza.

Pero desde otro punto de vista, esta posición es muy cómoda, es conformista, pues invitaría a resignarnos a vivir con la pobreza mientras estemos en el capitalismo, nos condenaría a soportar el hambre de la vida terrenal con la promesa del socialismo en la vida celestial.

Pero desde un tercer punto de vista, esta posición no es del todo cierta, pues el que Bolivia se declare hoy socialista no significa que elimine la pobreza automáticamente. Con el socialismo se supera la inequidad y la injusticia en la distribución de la riqueza, pero esto no es suficiente para superar la pobreza, porque la superación de la pobreza depende de otro factor importante, el desarrollo de las fuerzas productivas, es decir, en términos que entienden los economistas, del crecimiento de la productividad del trabajo.

Por muy bien que esté distribuida la torta entre todos los invitados, si la torta es pequeña, todos se quedarán con hambre.

De ahí que uno de los principales objetivos de este gobierno es el crecimiento de la productividad del trabajo (no sólo el crecimiento económico), se necesita una economía con un mayor excedente, para poder acompañar los avances en la redistribución de la riqueza.

Pero, puesto que está vigente la revolución democrática y cultural en Bolivia, el crecimiento de la productividad del trabajo debe desarrollarse el marco de la economía plural y el vivir bien, lo cual tiene muchas implicaciones; por un lado significa que tiene que hacerse en el marco del respeto a las diversas formas de organización económica, entre ellas, la empresa privada, lo cual significa proteger la acumulación privada de capital; mientras estemos en economía plural, el desarrollo económico estará basado en relaciones de producción capitalistas. Pero otro lado significa también una crítica al capitalismo salvaje, significa que el crecimiento económico debe hacerse de manera sostenible, en armonía con el medio ambiente y la sociedad.

Pero como todos los anteriores, este nuevo capitalismo del vivir bien es nomas capitalismo, con todo lo que ello implica. Es un proceso de acumulación basado en la desigualdad que conduce inevitablemente a la concentración de capital en pocas manos y, al mismo tiempo, la persistencia de la pobreza en la mayoría de la población.

Por lo tanto, si el país quiere realmente erradicar la pobreza, es necesario avanzar en dos líneas: por una parte se debe trabajar en el desarrollo sostenible de las fuerzas productivas y, por el otro, se debe defender y profundizar los procesos de redistribución económica. Por ello, el proceso de cambio que vive el país, con todos sus aciertos y errores, es ante todo un proceso de transición.

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