diciembre 3, 2020

El aborto en las culturas precolombinas

En las sociedades precolombinas, el aborto ante embarazos no deseados, era parte de la cotidianidad. Las hijas, eran testigos de esos momentos en la vida de sus madres y hermanas y existían mujeres curanderas, parteras, abortadoras o brujas que se hacían cargo de esta práctica.

Huellas de esta experiencia se encuentran, en las ideas que sobre la enfermedad y las prácticas terapéuticas tienen los pueblos indígenas que han sobrevivido hasta nuestros días. Al respecto, existe una serie de características comunes que tienen que ver con una concepción mágico-religiosa de la medicina, a partir de la cual, las enfermedades son vistas como fenómenos sobrenaturales, como castigos enviados por una deidad, por la violación de un tabú o de alguna ley religiosa, o bien son causadas por brujos o hechiceros. En este sentido, tanto el diagnóstico como el tratamiento de las enfermedades requieren de medios y ritos igualmente mágicos religiosos. Los encargados de curar a los pacientes son sacerdotesbrujos chamanes, que con frecuencia funcionan simultáneamente como las tres cosas. De acuerdo con esta concepción, hay distintas formas de adquirir las enfermedades, entre las más frecuentes están: el castigo divino, la introducción de un objeto en el cuerpo del paciente, como una piedra o un hueso, la posesión por un espíritu, la pérdida del alma, el “mal de ojo” o el “susto”. Aún las heridas de guerra, las complicaciones del embarazo, las mordeduras por animales como el jaguar o la víbora y las lesiones traumáticas, están llenas de elementos mágicos o sobrenaturales.

Antes de 1492, en Mesoamérica se desarrollaron varias culturas, como la náhuatl, la maya, la purépecha, la otomí y otras. De la que existe más información sobre sus ideas y prácticas médicas es de la náhuatl, porque era la que prevalecía en el altiplano de Anáhuac cuando llegaron los conquistadores, la que aprovecharon para su beneficio durante la destrucción de Tenochtitlán y los primeros tiempos de la Nueva España, y la que se comentó más en sus escritos de esos años. Lo poco que se sabe de la medicina de las otras culturas mesoamericanas no se aparta en lo esencial de los principales elementos de la náhuatl.

De los muchos dioses que los aztecas reconocían y adoraban, varios de ellos estaban relacionados con la medicina, por ejemplo:

•    Tláloc, señor de la Lluvia, producía enfriamientos y catarros, neumonías y reumatismos;

•    Xochiquetzal, diosa del Amor y de la Fertilidad, enviaba enfermedades venéreas y complicaciones del embarazo y del parto;

•    Tezcatlipoca o Titlahuacán era especialmente temible, pues se asociaba con enfermedades graves o letales;

•    Xipe-Tótec, Nuestro Señor el Desollado, era especialista en enfermedades de la piel.

•    Las mujeres jóvenes muertas en su primer parto eran adoptadas por Coatlicue, la diosa de la Tierra y de la Muerte, y convertidas en cihuateteo no subían al Séptimo Cielo sino que se quedaban residiendo en el Primer Cielo, desde donde bajaban a la Tierra, especialmente en los días 1-Venado en los cruces de caminos, para asustar a los hombres y producirles enfermedades a los niños, como parálisis facial, atrofia de miembros, enfermedades convulsivas y otros padecimientos neurológicos. Las cihuateteo más jóvenes eran las más malas pues se ensañaban con los niños más pequeños y hermosos, “para robarles su belleza”.

•    Hasta cuando el padecimiento era algo tan natural, como una fractura consecuencia de una caída sufrida durante el ascenso de una montaña, los aztecas lo relacionaban con una causa divina, pues sabían muy bien que era precisamente en los sitios más peligrosos de la montaña en donde moraban los chaneques y otros espíritus malignos, expertos en empujones y zancadillas.

Con frecuencia el enfermo azteca no tenía conciencia de haber violado alguna ley o mandamiento religioso, o no sabía bien cuál era la deidad que había ofendido con su comportamiento, y entonces la consulta con el médico o tícitl incluía no sólo el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad, sino también la identificación del dios enojado. Esto era muy importante, porque los ritos sacrificios y exorcismos eran diferentes para los distintos dioses. Además de los rezos y las ceremonias religiosas correspondientes, el tícil también empleaba medios terapéuticos naturales, entre ellos principalmente la herbolaria, que entre los aztecas era extraordinariamente rica. Algunas medicinas que todavía se usan hoy provienen de la herbolaria precolombina, como la infusión de yoloxóchitl para las fiebres o la de toloache como abortivo, pero en la antigüedad se usaban muchas otras con muy distintas indicaciones.

En el siglo XVI, cuando se produce la conquista y colonización española en mesoamérica, ambas culturas la europea y la mesoamericana, compartían esta concepción mágico-religiosa de la medicina, aunque sus dioses tenían distintos nombres y los mecanismos de enfermedad aceptados por los indígenas (pérdida del alma o “mal de ojo”) eran diferentes del que prevalecía entre los europeos (desequilibrio de los humores), que todavía se encontraban bajo la influencia de las ideas galénicas. Para ambas culturas, las enfermedades eran castigos divinos enviados por los dioses ofendidos a los hombres y mujeres pecadores, y en ambos casos parte del tratamiento era suplicarles su perdón (a Dios Nuestro Señor o a Tezcatlipoca el Negro, según el caso) por medio de rezos o de encantamientos, así como con regalos, sacrificios, penitencias y promesas de enmienda.

El concepto mágico-religioso de la medicina, persiste hasta hoy, en muchas culturas de distintas partes del mundo, junto con otras tradiciones de épocas muy antiguas. En México, por ejemplo, forma parte importante de lo que se conoce como medicina tradicional, así como de muchas “curas” o “limpias” que todavía realizan a diario centenares de curanderos o brujos como “tratamiento” no sólo de toda clase de enfermedades, sino también para salir de una racha de mala suerte, para mejorar el empleo, o para lograr que vuelva el ser amado.

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