noviembre 29, 2020

Economía moral, ¿el nuevo velo del capitalismo?

por: Wara Llanovarced Torrico

Cada vez se visualiza con mayor ímpetu a la sociedad subordinada a la estructura solidificada en las fuerzas del mercado capitalista porque nuestra coexistencia se encuentra determinada por la integración firme en este modo de producción. Años tras años nos absorbe esta mentalidad perversa de subsunción, se negocia toda forma de ‘disminuir’ el mal generado por la acumulación capitalista, empero se acepta el dominio del gran dinero [1]. La sociedad se comporta con un esclavo que en vez de revelarse contra los latigazos, pide que no sean tan fuertes. Es decir, que se trata de disminuir el malestar pero no se quita.

La denominación de ‘sociedad abigarrada’ mencionada por Zavaleta Mercado todavía cobra forma en Bolivia. Aún se encuentran diferentes modos de producción que no necesariamente son capitalistas, pero se hace congruente al saber que es el mismo capitalismo que enajena el antagonismo de la diversidad de formas de producción para dividir el estrato de la sociedad dual que pertenece a la Periferia (sectores subdesarrollados) con el Centro (sectores imperantes en el sistema capitalista). Y este el escenario propicio para que el capitalismo se consolide como ‘economía moral’ dónde se consideran elementos morales para la subordinación de la sociedad a la lógica lucrativa.

El capitalismo se representa en su segunda cara, como sistema que se ‘interesa’ por el bienestar del obrero, del campesino, y de la naturaleza; no obstante, pese a este antifaz, prevalecen los interés de acumulación de capital. Por esto, a mi parecer, el principal agente culpable de la prevalencia de este sistema es el mismo explotado. En el caso del obrero, desde hace más dos siglos se buscaba sólo cambios en el salario y de las jornadas de trabajo, considerando que modificando estos parámetros se generaría mayor bienestar para los obreros, y en la astucia del sistema capitalista, se negoció el acceso del trabajador si bien es un tropiezo a su racionalidad, pero llega a subsistir la misma subordinación prevaleciente, que hasta ahora cada obrero exige pero no plantea cambios estructurales.

En el caso del campesino, también se presenta el mismo corte de negociación, abusa de forma consecuente de los campesinos y de los recursos naturales aprovechando de los conocimientos ajenos tras la transfiguración del Agrosistema andino por el Agronegocio.

La forma de producción del Agrosistema que se encuentra en interacción directa con la naturaleza, es evidentemente absurda, ilógica e inconcebible para la acumulación desmedida del capital, dado que su raciocinio sólo se basa en la uniformidad productiva necesaria para que el mercado funcione. El interés capitalista por entrometer al uso tecnológico exhaustivo con fin netamente de lucrar, causa la explotación desmedida de tierras agrícolas. Lo peor es que el capitalismo disfraza esta perversa transfiguración de Agrosistema en Agronegocio, de forma que llega a ser atractivo y la misma sociedad permite que la naturaleza se convierta en un instrumento para generar ganancias lucrativas en este nuevo espacio que llega a ser vital para la subsistencia (se incluye a la generación de alimentos).

Por último, en el caso de la Naturaleza, nos encontramos en los últimos años con una mayor masa de grupos ecológicos que tratan de combatir contra la explotación de los recursos ecológicos proveniente de la acumulación de Capital; sin embargo estas últimas medidas ambientalistas que se establecieron en mercado, como el protocolo de Kioto, el mercado de carbono, entre otras, son solo formas que reconfirman la prevalencia del sistema capitalista y que aligera la carga ambiental pero no llega a ser terminal.

En toda esta dinámica que es producto de la metamorfosis del capitalismo en economía moral y ecológica, persiste la subsunción social que se observará en la profundización futura de transferencia del bienestar de hoy por malestar de mañana. La sociedad permanece sin establecer un cambio, es conformismo que no replantea la lucha por generar un cambio de racionalidad por una relación de sobrevivencia que permita la diversificación ecológica y social. Considero de gran importancia, este cambio trascendental que no sea a nivel político y económico sino también en la racionalidad individual.

Se requiere fervientemente la construcción de la concepción hedonista de universalidad que conserve las diferencias sociales y permita la superación por medio de la integración. Es innegable que los alcances de diferentes formas de estructuración política no llegaron a solventar de forma eficiente cambios radicales que sean de efecto terminal al malestar del capitalismo, ya que ni siquiera el socialismo en su dialéctica pudo generar el cambio radical. Por tanto es imperante reforzar los criterios analizados para la construcción de una esfera solidaria y comunitaria que tenga presente al todo como parte de la cosmovisión universal, y que las funciones del gobierno sean al íntegro servicio. Si bien, llega a parecer una modelación utópica insisto que la principal fuente de cambio radica en la racionalidad del Ser Humano.


*    Integrante de la Sociedad Científica de Estudiantes de Economía de la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba.

1    Armando Bartra en su libro: ‘El hombre de hierro: los límites sociales y naturales del capital” (2008) plantea de una forma satírica el papel que actúa el gran dinero como producto engendrado del capitalismo.

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