noviembre 27, 2020

Oligopolios mediáticos pendientes y dependientes

por: Rafael Artigas

Los llamados medios “independientes” recurren a permear su identidad y manejo discursivo, dejando traslucir en el desarrollo de sus programas, intencionalidades políticas que favorecen a sectores de oposición.
Si bien nuestro país ya cuenta con una nueva ley de telecomunicaciones que regula la telefonía fija y móvil, internet y medios de comunicación radiales y televisivos que era una deuda pendiente del gobierno para garantizar el acceso de toda la población a estos servicios y democratizar la comunicación, no escapa al debate la presencia de los nuevos oligopolios mediáticos de grandes propietarios que se crean con algunos fines específicos.

Hoy ya no estamos en la “bonanza política económica” de la que se nutrió el gran emporio de propietarios de grandes grupos de medios, como fue el tiempo neoliberal, pero también hay que advertir de la existencia de pequeños oligopolios mediáticos que centran su mirada ahora en las regiones y que se articulan bajo el paraguas de grupos de la oposición política.

Recordemos que por los años noventa existían dos fuertes grupos que ostentaron la propiedad y control de medios de comunicación en Bolivia. Por un lado existía el Grupo Líder, que articulaba una amplia red de diarios. El otro era el grupo Garáfulic, de grupos familiares que tenía propiedad cruzada de diarios, canales de televisión, revistas y expresaban, en especial el segundo, importantes intereses empresariales y políticos.

A estas alturas, puede que la clasificación tradicional de los medios según su propiedad, haya sufrido algunos ajustes a la matriz original, porque en la mayoría, son fuertes intereses sobre todo de medios televisivos, que todavía los unen para articularse en base a estrategias más determinadas, como puede ser el escenario preelectoral.

Un ejemplo de lo que afirmamos es corroborado en una reciente investigación del periodista José Luis Exeni que refiere de la presencia de un “oligopolio mediático” en Tarija. Y que como lo bien lo afirma el periodista, existen “pocas familias vinculadas que controlan hoy medios privados en ese departamento” y con fines específicos.

Los medios que identifica Exeni son: “El País, El Nacional y el Nuevo Sur (los tres diarios más importantes), El Chaqueño y El Bermejeño (expresiones regionales de aquellos) y la red PlusTV (con presencia en la capital, pero también en Yacuiba, Bermejo y Villamontes)”, estableciendo agenda, y nos dice que este grupo es poderoso.

Está claro que la red de esos medios está vinculada a reposicionar y rearticular un discurso y una estrategia mediática de cara al “retorno” del ex prefecto Mario Cossío con base en una “filtrada” sentencia, aún desconocida, del Tribunal Constitucional.

Eso también ocurre con los llamados medios “independientes”, que bien sabemos recurren a permear su identidad y manejo discursivo, dejando traslucir en el desarrollo de sus programas, intencionalidades políticas que favorecen a sectores de oposición con clara evidencia de servirlos como voceros para atacar al gobierno.

Un caso que se ventila de la supuesta independencia de un medio paceño es el periódico Pagina 7 de Raúl Peñaranda. Recientemente la Ministra de Comunicación sacó los trapitos al sol de Peñaranda, de quien dijo ejerce como “una cabeza de playa” en Bolivia bajo intereses chilenos, y que ocultó hábilmente su ciudadanía, además que es financiado por grupos internacionales ligados a Estados Unidos, que financian también a los sectores ultraconservadores en Venezuela.

Y esto está ligado inclusive, a la reciente vinculación de éste periodista, quien fue designado como nuevo director ejecutivo del Grupo Andino de Libertades Informativas (GALI), una red subregional de defensa de la libertad de expresión que conforman entidades de Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

El GALI, según se sabe, es “un grupo de reacción inmediata capaz de apoyar, incidir y accionar cuando la situación de un país en su ámbito de acción lo requiere”, en referencia a tareas relacionadas a la defensa de la libertad de expresión y el trabajo libre e independiente de los periodistas.

La aparición de estos nuevos “portavoces” de los llamados medios independientes nos lleva a una nueva clasificación de los propietarios de medios que, de forma disimulada conforman pequeños oligopolios mediáticos cuya intencionalidad ahora está marcada fundamentalmente por intereses políticos.

La tarea de terminar con los oligopolios mediáticos es una tarea pendiente, por cuanto su rol desestabilizador y antidemocrático quedó al descubierto durante los intentos separatistas y golpistas que sufrió Bolivia en 2008; en el manejo del tema TIPNIS, con manipulaciones de información que, no en pocos casos, incluyeron coberturas con un fuerte componente de discriminación racial.

Ya es tiempo de romper los cercos mediáticos para darle el poder a verdaderos medios que construyan desde abajo, pensamiento sano, construyan identidad y democracia, que no se arrimen para envolvernos, para dominarnos y, finalmente para adormecernos. La tarea descolonizadora parte de hacerles frente a estos medios dependientes del imperio.

Bien lo decía el Che: “Al imperialismo no le podemos dar ni un tantico así”.


*    Rafael Artigas, es comunicador e investigador orureño.

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