noviembre 28, 2020

¿Por qué hablar de la decadencia del capitalismo?

por: Adriana Salvatierra

La crisis del sistema financiero, el agotamiento de la matriz productiva y los recursos naturales, los cambios climáticos, la crisis alimentaria y la falta de soluciones o cartas bajo la manga de los organismos financieros multilaterales, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial han dado pie a múltiples interpretaciones referidas a una crisis de modelo capitalista, una crisis del sistema capitalista, el cierre de un ciclo de Kondratieff o, aquella a la cual me inscribo: La Decadencia del Sistema Capitalista y crisis de la civilización burguesa. 1

Y cabe consultarnos, ¿se tratará de una crisis que permitirá regenerar al sistema con nuevas recetas, o de una “destrucción creadora”? ¿O por el contrario, de una trayectoria irreversible, a una velocidad más o menos lenta que conduce hacia el final?

Desde 1.914 a 1.945 los bolches asumían que “la declinación universal del capitalismo abría las puertas para la superación revolucionaria socialista-comunista”, sin embargo pareciera haberse subestimado la capacidad de recomposición del mundo burgués. Después de la Segunda Guerra Mundial, esta recomposición devino a través del keynesianismo con cerca de 25 años que posteriormente apostaban a una recomposición neoliberal del sistema estableciendo nuevamente límites al rol de los Estados en pos del mercado libre y las trasnacionales.

Sin embargo, pese a estos cambios de modelo como estrategia de salvataje, el economista argentino Jorge Beinstein sitúa el despegue de una larga degradación del sistema en el periodo 1.968 a 1.974, puesto que desde ese entonces la expansión del capitalismo global se combina con el deterioro de sus componentes fundamentales que van siendo cubiertas por el parasitismo financiero y consumista, una militarización de la política exterior como un nuevo método de generar una nueva acumulación por desposesión y una dinámica tecnológica que está en el centro de una depredación sin precedentes de los recursos naturales.

El 2.008, el centro imperial evidenció una desaceleración del crecimiento global y una hipertrofia de las redes financieras provocada por un desinfle del sector inmobiliario norteamericano que se propagó rápidamente alcanzando las burbujas inmobiliarias en Europa y Asia. La respuesta a esta crisis, y no era de esperarse menos, fue una inyección de capitales desde el Estado para impedir el hundimiento del sistema financiero internacional (pilar decisivo en la economía mundial).

El virus se expandió alcanzando el endeudamiento de los Estados, el subsidio de industrias, aumento en gastos militares, reducciones fiscales en áreas como salud, educación y administración, las empresas se endeudaban para oxigenar sus economías y los consumidores se endeudaban para sostener a los grandes mercados. La deuda llegó al punto de ofertar en el mercado griego edificios y construcciones que eran considerados patrimonios de la humanidad por su valor y significado histórico.

El 2.013 la deuda pública federal de Estados Unidos alcanzaba los 16.7 billones de dólares (millones de millones), cifra equivalente al 105% del su producto Interno Bruto del 2012; sin embargo hacia el 2013 ya superaba los 17,2 billones de dólares. Este dato contrastaba con la implantación de un terrorismo militar que asciende a una inversión de 1,3 billones de dólares (millones de millones) en el Departamento de Estado.

Finalmente, no se podría hablar de una crisis civilizatoria sólo en términos de agotamiento de recursos naturales, matriz productiva o crisis financiera. El oxígeno permanente del Sistema es la forma de consumo que marcada, sea por la obsolescencia programada o la obsolescencia percibida, genera una cultura de consumo que no encuentra límites materiales en términos de moneda efectiva, sino que trasciende tiempos, techos salariales, cesantías convirtiéndose en pautas de consumo parasitarias que comprometen de por vida a un sujeto.

Es un modelo de vida que entra en cuestionamiento a partir de las pautas de consumo, la exacerbación del individualismo, la ruptura de los lazos comunitarios. Aquí mismo entramos nosotras y nosotros.

En el proceso de construcción de una nueva alternativa económica, política y comunitaria que priorice la producción de bienes colectivos necesarios, la recuperación y el reencuentro con otras y otros, el volver a darnos cuenta que no estamos lanzados a una competencia voraz donde se vale todo; sino en un largo camino hacia la construcción de lo que para mí se define como socialismo, para otros el vivir bien; y para todos la lucha por la vida y la igualdad.


*    Militante de Columna Sur
     as.arriaza1989@gmail.com

1    Beinstein, Jorge. Convergencias: Origen y declinación del capitalismo.

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