diciembre 3, 2020

¿Descolonizar las Fuerzas Armadas?

Esta semana la sorpresa nos llegó con uniforme camuflado.

Sorpresa, porque ver militares en “marcha de protesta” no es algo normal, por el contrario en este caso la marcha confirma la regla: Las calles son para hacer conocer, para hacer decir y para buscar soluciones que no están en los escritorios.

Sorpresa, porque los militares de bajo rango entran en la historia de las movilizaciones callejeras, las marchas que cierran las calles pero abren las esperanzas.

Sorpresa, porque un General reconoce que en el ejército hay “discriminación, pero que eso no puede ser pretexto para la sedición”, ¿cómo es eso? ¡Hay discriminación!, lo dice un general en un arranque de sinceridad y candidez propias de la disciplina y la formación jerárquica.

Sorpresa porque el estribillo dice mucho: “¡Evo! Hermano, ¡soldado de la Patria!”

El presente artículo pretende recorrer una incógnita enérgica: ¿Se puede descolonizar las fuerzas armadas?

Nos hacemos esta interrogante como pretexto para adelantar algunos hallazgos sobre la descolonización, sus perspectivas epistemológicas y su realidad en la economía política del conocimiento estatal.

¿Qué es la descolonización en términos operativos?


En los tiempos de la resistencia, teníamos bastante desarrollo teórico sobre la toma del poder y sus tareas revolucionarias, hoy que tenemos el poder tenemos escasos desarrollos teóricos aunque enorme masa empírica estatal sin visibilizar.

Este hecho es de por sí elocuente con lo que sucede y por tanto con las exigencias que son urgentes.

Desde la constitucionalización de la descolonización como un fin esencial del Estado, la creación del Viceministerio de Descolonización y sus homólogos a nivel de los gobiernos departamentales y el Órgano Judicial, pasando por los escasos espacios de discusión sobre los avances y las perspectivas, amén de la enorme cantidad de experiencia acumulada sin teorizar, la descolonización sigue como una isla desconocida en los mapas del conocimiento estatal, que no es poco, pues como se sabe el conocimiento estatal configura los horizontes de sociedades históricamente determinadas.

Sin duda, armar una definición pone en riesgo al que lo hace, los censores (oficialistas u opositores) no están dispuestos a un debate democrático, sino a la imposición de sus propios puntos de vista.

Corriendo ese riesgo, podemos señalar que la Descolonización es el diseño de políticas públicas para erradicar el racismo (esta es la cara más visible del orden colonial pero no la única).

Políticas publicas diseñadas –además-, desde las victimas históricas del racismo (las identidades plurinacionales: indios, originarios, campesinos, afros, interculturales).

Este diseño no puede hacerse en la abstracción liberal del individuo, sino la comunidad como núcleo epistemológico del diseño, pero tampoco puede sostenerse en la “comunidad” como abstracción, sino en su forma organizativa cuya historia se sostiene en la resistencia anticolonial (CSUTCB, Bartolinas, CONAMAQ, CIDOB).

Dicho de otra forma, la descolonización (desde la episteme estatal), es el diseño y ejecución de políticas públicas, que tienen como objetivo estratégico erradicar el racismo, pero aprendiendo y aprovechando la fuerza de la identidad plurinacional expresada en sus formas organizativas propias, formas de poder y autoridad, que provienen de los más humillados, los más despreciados: Los indios de todas las tierras.

Este hecho ha pasado desapercibido en muchísimos lugares, por ello hay una dispersión alarmante en la compresión política de la definición y ni que decir en la construcción de sentidos comunes través de un concepto unificador.

En consecuencia la descolonización no pretende descubrir el agua tibia, sino aplicar las experiencias aprendidas en la resistencia anticolonial, construir una nueva sociedad sustentada en la Pachamama como núcleo epistemológico y nuestras organizaciones indígenas, como sostén social y político del proceso.

El orden colonial y el Ejército en cuestión:

“Dentro del ámbito militar el mantenimiento de la disciplina es fundamental, porque permite el mantenimiento del orden, la unidad y la eficacia de la estructura militar. Eso se rige mediante las leyes y reglamentos militares” (Declaración Alto Mando Militar: 24/4/2014)

Qué duda cabe, todo ejército es vertical y la disciplina su centro de gravitación institucional y paradigma de comportamiento sociológico, ese hecho nadie lo puede discutir (aunque convendría hacerlo -pero desde ángulos organizacionales contemporáneos- y buscar un nuevo diseño acorde con las transformaciones del Estado Plurinacional).

Sin embargo, el ejército en Bolivia reproduce una estructura institucional que a cada rato nos recuerda la separación social por el color piel, “pigmentocracia” diría Álvaro García Linera.

Si eres hijo de campesino (la Escuela de Sargentos) pero si provienes de clase media/baja, clase media/media, o clase media/alta (Academia Militar). Este dato sociológico expresa y con mucho, lo que ocurre con la división maestros urbanos/maestros rurales, Escuela Básica de Policías/Universidad Policial.

Pero el hecho no es producto de una secta satánica que desprecia ocultamente a lo indio, sino el habitus típico de una sociedad colonizada, colonizante y colonizadora.

Nadie cuestiona su realidad, nadie pone en duda su validez como forma de poder, nadie pone en mesa su anacronismo histórico.

Es que el ejército, es uno de esos espacios donde “el poder circula” (Foucault) en formato de órdenes directas e indiscutibles (subordinación y constancia) y está bien que sea así, sino no sería ejército, pero además tiene adherida una coartada colectiva para su validez sicológica que se llama “camaradería”.

Si los hechos se presentan de ese modo, ¿qué está ocurriendo en el ejército y hacia donde apunta su demanda para descolonizarla?

Simple y llanamente, hay agotamiento y cansancio con un modelo de construcción institucional y un modelo de hábitos sociológicos producto de esa misma institucionalidad. Y ambas realidades tienen un nombre prohibido además: Discriminación.

“Discriminación no es pretexto para la sedición y promover un intento de golpe de Estado” (Declaración Alto Mando Militar: 24/4/2014).

Si el Alto mando reconoce que hay discriminación, es preciso corregir esa falla geológica.

Por el lado de los suboficiales, si bien la demanda tiene asidero constitucional, además de la ley 045, la forma en que se diseñó la ruta crítica para cambiar el estado de cosas, no fue y no es el más adecuado, de hecho, hoy la fortaleza institucional se ha visibilizado frágil, y poco estructurada en sus cimientos.

La separación entre oficialidad y clases, ha puesto en evidencia que esa estructura institucional no ayuda en nada a contar con un ejército moderno, plurinacional, donde no sea necesario los “cupos indígenas” para matizar lo plurinacional, ni los cupos de género para combinar la presencia de las mujeres.

Además, y ya entrando en los imaginarios colectivos, ¿qué tipo de seguridad pueden brindarle al país, suboficiales discutiendo en asamblea?

Y aquí sí, la Constitución Política es terminante en sus disposiciones, veamos: Articulo 245.- “La organización de las Fuerzas Armadas descansa en su jerarquía y disciplina. Es esencialmente obediente, no delibera y está sujeta a las leyes y a los reglamentos militares. Como organismo institucional no realiza acción política; individualmente, sus miembros gozan y ejercen los derechos de ciudadanía en las condiciones establecidas por la ley”.

Aquí los suboficiales tienen serios problemas, ya que por mandato constitucional, “Las Fuerzas Armadas tienen por misión fundamental defender y conservar la independencia, seguridad y estabilidad de Estado, su honor y la soberanía del país; asegurar el imperio de la Constitución, garantizar la estabilidad del Gobierno legalmente constituido, y participar en el desarrollo integral del país” (Art. 244 Constitución Política)

Tal como están distribuidos los hechos, el campo político está en una nebulosa cuya coraza tiene dos extremos: la Constitución en su artículo 9°: Descolonización como fin esencial del Estado. Y los artículos 244 y 245: misión fundamental, jerarquía y disciplina como paradigmas de existencia institucional.

Esta distribución del conflicto está expresando, la urgencia de acelerar la descolonización de las estructuras institucionales del Estado y sus habitus sociológicos institucionales, es decir cambiar la mentalidad y con ello cambiar la institucionalidad. Lo dijo el Presidente en la Cumbre Antiimperialista realizada en Cochabamba, para descolonizar tenemos que descolonizarnos, tenemos que dejar atrás el racismo, el individualismo, el fascismo y el consumismo.

Para que ello sea realidad en este conflicto la variable no es, marchas de suboficiales versus alto mando, la variable es de carácter constitucional, y solo por ese lado tiene una solución valedera en el tiempo.

Si la LOFA (Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas) es anacrónica y permite la discriminación y el racismo por vía legal, la tarea es erradicar el racismo institucional, sociológico y organizacional.

¿Qué se tiene que descolonizar entonces?


a.    Estructuras Institucionales

b.    Hábitos sociológicos

c.    Estructura organizacional


No es poco, es –de hecho- un mapa cuya cartografía está en la memoria histórica del mismo ejército, solo si saben con qué ladrillos fueron hechos, saben qué es lo que tienen que cambiar. Pero más aún, solo si saben que la enemiga principal de la descolonización se llama racismo y el racismo existe en el ejército (aunque no siempre se ve el hecho), saben que es lo que tienen que cambiar.

La descolonización del ejército, no es por tanto un factum que tiene que darse de una patada y volteando paredes, sin un plan previo (la política pública) el tiempo de transformación (la ruta temporal deseable) y los indicadores de evaluación (los resultados que miden los avances y los retrocesos).

Por ello es que los suboficiales aquí si incurrieron en el cumplimiento de lo prohibido, por adelantar los resultados y por renunciar a las estructuras regulares internas.

El escenario ideal

Si los suboficiales tienen la convicción de que sus derechos están siendo agredidos por la LOFA y la discriminación es latente, tienen al Tribunal Constitucional como control de garantías.

Si los oficiales quieren resolver el problema por la vía del retiro obligatorio, están tomando el camino difícil, pero están cumpliendo la Ley, no otra cosa.

Como todo campo político, este es un terreno cuyas rocas y arenas la hacen poco predecible, pero no podemos quedar callados, todo lo contrario, la urgencia de la coyuntura, nos enseña que se puede venir por delante un escenario de conspiración, que es apetecida por todas las derechas del país, por gran parte de los medios independientes que pretenden retornar al neoliberalismo y una oligarquía que no ha renunciado a sus privilegios señoriales.

El Estado Plurinacional requiere de un Ejército fuerte, con una doctrina sustentada en el pueblo, y con una moral y disciplinas ejemplares para América Latina.

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