noviembre 27, 2020

Las damas de verde olivo: otra variable de la desestabilización del proceso

Es conocido el accionar de las damas de blanco en todos los procesos revolucionarios y de transformación social. Generalmente señoras de conocido prestigio y posición social, demócratas, anticomunistas, defensoras de ventajas elitistas y cristianas. No piensan mucho, se guían por consignas de fácil comprensión, siempre ligadas a la libertad y el respeto a su credo religioso. Se movilizan para cuidar su propiedad y se convierten en sacerdotisas del sistema y sus sacrosantas instituciones como el poder judicial, los órganos electorales, los medios de comunicación, las confederaciones de empresarios privados y sus órganos conexos.

Estos grupos se han movilizado en Cuba, Venezuela, Ecuador, Honduras, Nicaragua y Bolivia ante las medidas de transformación que proponían los procesos antiimperialistas en cada uno de estos países. Por supuesto, no fue ninguna casualidad su aparición y actuación casi gemela, con sus albos trajes, símbolo de pureza y espiritualidad, que junto a sus pañuelos y sombreros, significaban el aporte de movilización de las mujeres defensoras de valores “dizque decentes, occidentales y cristianos”.

Sus acciones y movilizaciones han tenido soporte de las grandes cadenas mediáticas digitadas por el imperialismo, tocando la sensibilidad de personas admiradoras “del valor” de mujeres que enfrentado a las fuerzas policiales exponen sus posiciones políticas potencialmente conspirativas.

Esas acciones no son difíciles de reconocer en su origen y las fuerzas revolucionarias las tienen bien identificadas. Temporalmente están aparentemente neutralizadas, aunque siempre aparecen cuando es necesario presionar al gobierno de la voluntad popular.

En Bolivia, esa misma variable, ha empezado a cambiar de color en el uniforme. Hoy son tonos de verde y verde olivo los que aparecen en sus movilizaciones.

Esposas de policías primero y ahora esposas de suboficiales cumplen las funciones de las damas de blanco, con exactamente los mismo fines conspirativos y de desestabilización. Por supuesto, detrás de ellas, sus esposos se atrincheran con argumentos que dicen tener objetivos democráticos sabiendo o no que están cumpliendo los designios de la CIA.

Y cuales pueden ser sus argumentaciones? Justamente aquellas que ya pudieron ser muy bien identificados por la conspiración, como elementos contradictorios en la teoría y acción gubernamentales, los cuales se exacerban al extremo para acrecentar el descontento.

Es por demás sabido que las FF.AA. en nuestro país, por décadas sino por poco más de una centuria, ha sido un instrumento utilizado por las oligarquías para cuidar sus intereses particulares y los de sus socios transnacionales. Y esto no es ninguna especulación. Hoy hay varios militares purgando penas por sus acciones en contra de la población desarmada sobre la que actuaron sin tomar en cuenta para nada el uso proporcional de la fuerza.

Obviamente, el molde de la formación de los militares con formación en institutos militares pudo haber cambiado en ocho años de gobierno revolucionario, pero lo que no cambiará en esos plazos, son los contenidos de una formación, que no varían en absoluto por la incorporación de una nueva consigna en la jerga militar: Patria o Muerte!

Entonces seguimos hablando ya no de la forma, ni de los procedimientos de incorporación a la institución, sino de los contenidos y la filosofía de relacionamiento al interior de la institución castrense: la colonialidad no se borra por decreto y eso se pone en evidencia cuando un oficial superior trata a los suboficiales con expresiones como “hijo”, o peor aún, cuando por la verticalidad de la institución, lo sabe inferior y a su servicio (muchas veces encubierto por su mando), en situaciones que van más allá del cumplimiento del contexto y orden militar.

Eso es parte del paisaje al interior de la institución castrense. Suele entenderse como algo normal. Y por supuesto, es una confirmación que denota que no todos son iguales: que hay oficiales superiores así como inferiores, con diferentes obligaciones, espacios de desenvolvimiento de sus actividades básicas como casinos, servicios higiénicos, dormitorios, cuadras y furrieles y por supuesto, ingresos económicos.

Estas diferencias se agigantan cuando por formación inicial (mal endémico de la formación escolar boliviana), ingresan a estudiar a los institutos militares y no pueden rendir porque no tienen las bases indispensables para tecnificarse y/o profesionalizarse. Un nuevo motivo de frustración para acrecentar la brecha con los oficiales superiores.

Entonces, esa contradicción entre lo normado y lo realizado, es muy bien aprovechada por quienes van echando gasolina al fuego cuando planifican la implosión interna. Discriminación! será la denuncia y bajo este concepto, se desplegaran iniciativas judiciales contra oficiales del Alto Mando. La respuesta de la denominada superioridad, lógicamente teñida por los valores de su formación “casi de casta”, será de fuerza y disciplina bajo argumentos como la verticalidad en el mando y la ausencia de deliberación. Simplemente actuarán como fueron formados además sostenidos en normativas institucionales que en muchos casos, siguen respondiendo a una estructura republicana y colonial.

Es curioso, como la “conspiración permanente” una vez más usa instrumentalmente principios como la defensa de los derechos humanos, la lucha contra la colonialidad, el racismo y la discriminación, cambiados de signo para convertirse en instrumentos políticos de intereses ajenos al país.

El contradictorio rol de las Fuerzas Armadas en los procesos de transformaciones revolucionarias, su cultura institucional, la ideología que emiten en torno a valores republicanos, su carácter corporativo, su historia de traiciones entre ellos y hacia los civiles, sus aspiraciones de poder político y las taras de colonialidad que arrastran como “institución tutelar de la patria”, deben ser motivo de evaluación para cerrar brechas que pueden tener consecuencias sobre los objetivos del proceso de cambio y por supuesto, la perspectiva socialista comunitaria del Proceso de Cambio. Destruyamos esos escenarios de conspiración!.


*    Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en Lian Ma He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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