noviembre 27, 2020

Una aproximación al tema [1]. La relación Estado-mercado en los procesos de transición latinoamericanos

por: Roxana Vaca U., Humberto S. Zambrana C., Johnny Suxo S. 

Para tratar la relación del Estado -entendido como el despliegue del poder estatal-, con el mercado, es importante establecer para oponernos al “sentido común”, el menos común de los sentidos, desde la economía política, a lo que la “ciencia económica” y la apología del capitalismo en general, entendería por “mercado”. Este pensamiento parte de la premisa de que el intercambio de bienes y servicios, es decir de mercancías, es la “primera idea que se asocia con el concepto de mercado” [2]. Sin embargo y esto es lo engañoso, no explica que si hay intercambio, mercadeo “irrestricto y libre comercio” como postula, esas mercancías debieron producirse previamente.

Es que la llamada ciencia económica neoclásica o neoliberal, léase la apología del capitalismo, siempre empieza y termina en el “mercado”, con lo cual rehúye tratar ¡seria y científicamente¡ simple y llanamente, decimos nosotros, la producción como un fenómeno previo al mercadeo. Presuponen que ella ya existe; así, acuñan y refuerzan en nuestro imaginario la presencia eterna del mercado, “como un sistema asignador de recursos escasos… y una forma de organizar coordinar y operativizar…, el funcionamiento de economía en sociedad” [3] sublimando el rol del mercado para el funcionamiento eficiente de la economía.

No pregunten cómo los productores se organizan para producir los bienes y también los servicios, incluyendo nada menos que los servicios de salud y educación, tratados y traficados en la realidad como objetos de venta y compra, de oferta y demanda como cualquier mercancía. No pregunten por las relaciones sociales existentes para producir mercancías, ni por la propiedad de los medios de producción, objetos del intercambio y cuya razón de ser no es curar a los enfermos ni enseñar a los niños y en general, no es la satisfacción de las necesidades humanas. Esto tendría que ser seguramente materia de la “mano invisible”, pensada por A. Smith u otros pensadores capitalistas.

La finalidad de la producción y del mercadeo en el capitalismo es obtener la simple y vulgar ganancia en aras de la reproducción ampliada del capital, que no es mas que la obtención del plusvalor. Ganancia justa nos diría la teoría neoclásica; no en vano el emprendedor privado, invierte su capital y maximiza su ganancia. Sin embargo nada dice de la explotación del trabajador. Cuando enseñan “ciencia económica”, empiezan primero por el intercambio, por el mercadeo, por la oferta y demanda como las leyes sacrosantas del mercado, que se autoregulan por la “magia del mercado”.

¿No sería más sensato comprender que en el capitalismo, cualquier oferta y demanda de todo bien o servicio se fundamenta y tiene su razón de ser, en la propiedad privada de los medios para producir dichas mercancías y en la compra-venta de fuerza de trabajo para materializarlas?

¿No es más sensato entender qué el intercambio, primer imaginario para reforzar el concepto “mercado” como asignador eficiente de recursos es un medio para que el capital en su forma mercancía se transforme en dinero incrementado? Por cierto, la ganancia no resulta porque el emprendedor o propietario compra barato, y vende caro. La ganancia se genera en la producción, pero se realiza en el mercado.

La concepción mercantil eminentemente capitalista fue acuñada por la teoría neoclásica en el siglo XIX, después de que Marx, Engels y la Liga de los Comunistas escribieran el Manifiesto Comunista(1848) y de que los trabajadores parisinos tomasen el poder, aunque fuese brevemente con la Comuna de Paris (1871). Esta teoría aparece negando no sólo el pensamiento revolucionario sino el de los economistas clásicos, al reducir la realidad economía al mercado y desconocer la teoría del valor trabajo.

Es precisamente en este momento histórico cuando al pasar de la economía política a la teoría económica castrada intencionalmente de su carácter objetivo, esta pierde la posibilidad de asumir una visión integral de la economía, convirtiéndola en mero economicismo. Deliberadamente olvidaron que la economía es también un fenómeno social, político y cultural.

Con el “fin de la historia” [4] y la “caída del muro de Berlín”, el economicismo vuelve a escena en todo su apogeo. En efecto, la teoría neoclásica reaparece a través del neoliberalismo como expresión máxima del capitalismo en su etapa imperialista, ya visualizada por Lenin a inicios del siglo XX, acuñando la teoría económica monetarista, que sitúa como prioridad los equilibrios macroeconómicos, antes que la adecuada satisfacción de las necesidades humanas, el fin de la explotación del hombre por el hombre y el respeto a la naturaleza.

Por otra parte, el estudio de la relación Estado-mercado en los procesos de transición en América Latina, debería posibilitar diseñar y ejecutar políticas encaminadas a lograr los objetivos entendidos como anti neoliberales, anti coloniales y anti imperialistas, encaminados al logro estratégico, cual es construir una sociedad cualitativamente diferente a la capitalista.

Sin embargo en esta transición y en la relación Estado-mercado aún persisten dilemas y contradicciones por resolver, considerando que el mercado es el ámbito de la realización del valor o de la mutación del capital-mercancía en capital-dinero. Más allá de que la política estatal sea menos o más “amigable” con el mercado, al tratar de regularlo bajo sus principios y sin promover una transformación de las relaciones de producción y dependencia capitalistas, tiende a fortalecerse y en situaciones de crisis, a reactivarse la acumulación de capital. Precisamente por ello, el bloque social-revolucionario busca que la política estatal no se enmarque en el mercado, entendido como el ámbito idóneo para asignar los recursos y realizar la producción.

Tampoco hoy en día, ni en la teoría ni en la praxis revolucionaria se ha logrado superar el falso dilema atribuido al socialismo real, supuestamente resuelto en el “fin de la historia”, entre mercado y economía centralmente planificada.

En este sentido, nuestros esfuerzos deberían encaminarse a recuperar la Economía Política como un instrumento que permita comprender claramente cuál es la fuente generadora de valor, como las mercancías se realizan en el mercado, así como la pugna distributiva entre los dueños de los medios de producción y los trabajadores, entre otros aspectos.

En el capitalismo queda claramente de manifiesto que aunque aumente día a día el volumen de producción y comercio de las mercancías, los trabajadores siempre estarán condenados a sobrevivir en condiciones de pobreza, discriminación y exclusión. Creemos que estas lacras sociales no podrán resolverse mediante modelos econométricos reduccionistas que no contemplan los componentes social y político y que se reducen simplemente a considerar aspectos técnicos-matemáticos para lograr la asignación eficiente de recursos.


*    Economistas, soñadores que un mundo mejor es posible y necesario.

1    La amplitud y complejidad de esta temática, fundamental para comprender la realidad nacional en el proceso de construcción del nuevo Estado Plurinacional y el desenvolvimiento de la llamada economía plural, reconocemos que quedamos en deuda con los lectores.

2    Economía Monetaria; Armando Méndez Morales; pp.1

3    Ibid pp.2

4    El fin de la historia y el último hombre¨; Francis Fukuyama; 1992.

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