diciembre 4, 2020

El mar de Antofagasta

El aula está llena. Son jóvenes estudiantes y un puñado de docentes de la Universidad Católica del Norte (Antofagasta). Me invitaron a hablar —no podía ser de otra manera— del tema del mar. Comienzo advirtiendo que lo que diga es una perspectiva personal, no institucional y mucho menos oficial. Soy un universitario que habla con sus colegas.

Afirmo que el territorio donde nos encontramos otrora fue boliviano y que con el Tratado de 1904, Chile nos lo arrebató a la fuerza. Desde hace más de un siglo —continúo— Bolivia busca recuperar una salida soberana al Océano Pacífico, porque considera que es un derecho inalienable y porque enclaustrada no puede gozar de los beneficios del mar. Estudios de organismos internacionales, han demostrado que los pueblos sin mar ven retrasado su crecimiento económico. Señalo que el norte de Chile también ganaría con la integración con una Bolivia marítima, pues contamos con agua, electricidad, gas y una gama de recursos naturales y humanos que la economía norteña requiere.

Con el advenimiento el 2006 del presidente Evo Morales y con la cancillería bajo el mando de David Choquehuanca se intentó una inédita aproximación a Chile. Nunca antes las relaciones tomaron ese giro. En un gesto amistoso el presidente Morales visitó varias veces a Chile y delegaciones culturales, militares y académicas establecieron lazos dentro la “Diplomacia de Los Pueblos” y la “Agenda de los 13 Puntos”. Ello fue posible —explico— por el amplio apoyo que goza el gobierno de Evo Morales y porque su política con Chile parte de una nueva perspectiva, basada en la tradición y la cosmovisión indígena, que busca la complementariedad de los opuestos y no el conflicto.

Sin embargo la Agenda que contemplaba un diálogo sin restricciones sobre el tema marítimo, no llegó a buen término. El presidente Piñera pateó el tablero, negó que Chile tuviera deudas con Bolivia y no dejó otra opción a nuestro país que acudir a la Corte Internacional de la Haya. Este acto no puede entenderse sin embargo como una agresión por parte de Bolivia sino como el ejercicio de un derecho.

Recordé que en 1950 y 1975 Chile hizo también promesas a Bolivia de negociar una salida al Pacífico con soberanía, que tampoco fructificaron. Lo que Chile nunca pensó es que estas ofertas pudieran constituirse en la base de la actual Memoria boliviana que se cimenta en los Actos Unilaterales de los Estados y no en la nulidad del Tratado de 1904. La Memoria es reservada —advierto— y no es posible dar más detalles que los que ya son públicos.

Concluyo planteando el reto de que el mar nos una y no nos separe. En 1970 socialistas chilenos entendieron este llamado y murieron en la Guerrilla de Teoponte.

Luego hay preguntas, serenas, participativas e inteligentes. Ese 8 de mayo miles y miles de estudiantes han marchado por todo Chile, Antofagasta incluida, contra la lógica de mercado que prevalece en la educación chilena. Me queda claro que estoy frente a esa generación de jóvenes portadores de nuevas sensibilidades políticas para su país y su relación con el nuestro.


*    El autor es historiador.
     keynes73@yahoo.com

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