diciembre 1, 2020

Un libro para escuchar a Marcelo Quiroga Santa Cruz

por: Víctor Hugo Machaca M. 

El conocimiento que tengo con respecto a Marcelo Quiroga Santa Cruz se fortaleció, y quizá emergió por vez primera hallando su numen, en Un libro para escuchar a Marcelo Quiroga Santa Cruz (La Paz, Muela del Diablo, 2013) de una joven escritora: Mariel -como a ella me refiero- o Yolanda Téllez -como firma en el libro-, quizá por guardar un estilo o identidad, aunque indirectamente asume el nombre de una escritora selecta y por sumo reconocida: Yolanda. Si bien he encontrado un par de poesías suyas, Mariel Yolanda tiene una singular querencia, como me lo ha mencionado y repetido, con el siglo XX, y en esa coyuntura con la vida de Marcelo Quiroga Santa Cruz.

El libro contiene un disco compacto con 11 grabaciones y permite empíricamente aunar un texto literario escrito con un encender de los sentidos a partir de los audios que nos inmiscuyen directa o indirectamente en la imaginación. Es la magia que permite vivir el sonido de la radio. Por ello en primera instancia me resistí a tocar el libro y hurgué el disco compacto adjunto.

Las 11 pistas reproducían grabaciones de la Radio Nacional de Huanuni en horas de discurso histórico relatadas en una radio minera. Días atrás me vi por demás sorprendido cuando Yolanda comenzábame a relatar cómo había encontrado las grabaciones: en una habitación pequeña, que más que la apariencia de bodega de museo o de archivo bien organizado parecería un depósito de bienes para su descarte. Allí Yolanda ubicó unos cassettes en el interior de una de numerosas cajas. Se preguntó si contenían audios musicales de grupos del entorno urbano; imaginaría a los Chaskas y a otros, como parte de las industrias culturales usuales en las radios mineras. Grande fue la sorpresa de Yolanda al escuchar los cassettes con atención. La disposición del director de la radio, Rafael Lineo, había hecho más que abrir las puertas de la radioemisora: le había permitido a Yolanda a escuchar la voz de Marcelo Quiroga Santa Cruz en unas cintas inéditas.

Yolanda llevó la voz de Marcelo Quiroga Santa Cruz de un cassette, hoy poco usual, a un disco compacto con 11 grabaciones en formato mp3. Fue por demás sencillo copiarlas a mi dispositivo de reproducción musical -o “mp3”- para escucharlas mientras caminaba por las históricas, a veces abrumadoras, calles de la ciudad de La Paz. Marcaba uno de los espacios en que Marcelo Quiroga actuó, e indirectamente me vinculaba a él.

Imaginaba que quizá en alguna oportunidad él paso por esas calles, y el sólo hecho de pensarlo generaba en mí una sensación que sobrepasaba la de un observador o, en este caso, un oyente; me hacía un compañero, aunque nunca actor con su figura al lado, o de frente guiando la causa por la dignidad humana. Sólo sé que “escuchar a Marcelo Quiroga Santa Cruz”, finalidad y objetivo que se trazó en buena medida la autora al socializar su obra, caminando rúas de la ciudad, entre recovecos y amplias avenidas –que tantas veces se olvida que van cargadas de historias- en una combinación nada parsimoniosa de movilizaciones, voces casi llegando al griterío, me permitió vivir y sentir a Marcelo Quiroga Santa Cruz casi de modo inmediato, real y vivencialmente. Es posible que hubiere sido provocado por la calidad del sonido, más fidedigna que la que pueden emitir los altoparlantes de un salón de conferencias, que en ocasiones ensordecen y molestan. En esta ocasión se formaba no un barullo confuso e incoherente, sino la sensación armónica de voces e historias de la actuación de líder fundador del PS1 que me decían, además de su actuación política, las imbricaciones con que combinó su lucha y quizá la anticiparon: sus letras vinculadas a la novela y su sensibilidad conectada con su afán por el arte que influían en su misma persona. La sensación traslucía el oír a un neto artista, escritor y un luchador, obviamente.

Leer el libro, y escucharlo, generó en mí dos sensaciones: una de consciencia, y otra de preocupación. La primera me puso de frente a la lucha que encaminó Marcelo. Hombre de letras, de artes, e imbuido por la política, combinó su conocimiento, asumiendo su lectura en Marx con acentuaciones en la década de los 70’s, con la lucha de los trabajadores y del pueblo con quienes no distinguió “clases”. Según él la “revolución del 52” no había significado un cambio; era nada más que la continuación de una parte de la oligarquía anterior, pero guiada en aras del nacionalismo. La siguiente fase de este nacionalismo era el socialismo, aspiración a querer cimentarla en la sociedad, o al menos en la realidad boliviana. Este fue el motivo para que creara el Partido Socialista, y se consolidara años más tarde con el Partido Socialista 1 (PS1). Se incrementaba esa consciencia que se avizoraba en su quizá crisis existencial en el ámbito del proceso post 52 [1] -reflejada en su novela Los deshabitados– que al ver una sociedad estratificada y desigual, en un clima de dictadura sobre una población sometida, vigilada y amenazada si contraviniera con la situación, no fue indiferente a aquélla. Todo fue motivo de su acallamiento y de que su cuerpo todavía desaparecido -sino involucrado en las cenizas que son más ausentes que eficientes de certeza- sea parte de la incertidumbre actual. Personas como yo no pudieron vivir ese periodo, pero tampoco hallo verdad si dijera que mi miramiento habría sido igual al de Marcelo. Es estar en el tiempo y en la persona.

La sensación de preocupación, quizá más consciente por mi -aun insuficiente- vínculo con los archivos, me recordaba la situación de la documentación en su forma auditiva o, quizá de modo más inteligible, radial. Revisar la historia de las radios es sumergirse en un mundo de documentación relativamente vasta; sin embargo es más que limitado buscar la historia de los archivos que les dan historia a las radios. Trabajos, o al menos esbozos, son casi inexistentes. Son encomiables los trabajos que se pueden encontrar y que nos aproximan al origen de la historia radial. [2] El trabajo de Yolanda se convierte en uno de ellos. Sin embargo la breve narración que anotaba al inicio sobre cómo ella encontró las grabaciones me marcaban una realidad e intrínsecamente me repetían más que una necesidad: no existe normativa vigente con el claro objetivo de apoyar la gestión de los archivos radiales, y por lo tanto menos su conservación.

Sea como fuere, Yolanda nos da muestras de la importancia de una figura emblemática para la sociedad boliviana: Marcelo Quiroga Santa Cruz, que sin duda puede llegar a ser inspiración de muchos en sus diferentes facetas. En una de ellas hallamos el valor de la expresión que es particular en cada persona y forma parte de la riqueza memorística sonora. Escuchar la voz de Marcelo es darse una lección de vida. La impronta que dejó es ahora más tangible con el trabajo de Yolanda, que, además de lo mencionado, da la importancia de los archivos sonoros para la reconstrucción histórica. Alguien tiene que generar consciencia, y es laudable que lo haga ella.


*    Estudiante de la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés, pasante del Dpto. de Investigación del Museo Nacional de Etnografía y Folklore.

1.    Parafraseando a Fernando Chuquimia B., “Marcelo Quiroga Santa Cruz” (Cochabamba, 1931 – La Paz, 1980)”, en Temas de Historia Inmediata, N° 2, Programa Bolivia de Historia Inmediata, CEPAAA, 2007, La Paz, p. 7.

2.    Son dignos de mencionar los trabajos de: Laura Escobari de Querejazu, “Recursos documentales de la Radio Nacional de Bolivia”, en Boletín del Archivo de La Paz, Universidad Mayor de San Andrés, Archivo de La Paz, Nº 10, Año VIII, La Paz, 1987, pp. 5-12; 50 Aniversario Radio Nacional Huanuni, con el inventario y edición del Proyecto Relaciones Interétnicas, con un equipo compuesto por María Cristina Machicado M. y Jorge Ocsa Laime, además del apoyo de estudiantes de la carrera de Historia, que trabajaron en la presentación de un CD doble en que se plasmaron los hechos más representativos que guardaba la emisora (entre cortinas y radionovelas, por ejemplo). Es también encomiable el trabajo del Espacio Simón I. Patiño con el manejo de sus registros, además del trabajo del Archivo de La Paz con la catalogación de la Colección “Movimientos Sociales” a partir de los archivos de la Radio ERBOL.

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